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Ricardo Yepes Stork, La doctrina del acto en Aristóteles. EUNSA, Pamplona, 1993, 510 p.
El A. es doctor en Filosofía con Premio Extraordinario por la Facultad de Filosofía de la Universidad de Navarra. Ha publicado dos libros: "Qué es eso de la filosofía", Barcelona, 1989 y "Las claves del consumismo", Madrid, 1989. Es Director de la Revista "Atlántida", Director Editorial de Ediciones Rialp, Miembro del Presidium del Club Europeo de Cultura (Praga), Presidente del "Aula Ciencias y Letras" y Director de la "Cátedra Luis Vives" del Ateneo de Madrid. El libro que ahora reseñamos se anuncia como "la investigación más detallada que se ha hecho sobre el 'acto', noción central del pensamiento del Estagirita, acudiendo a los textos griegos originales" - al menos esto se lee en una referencia editorial inserta al final del libro -; y debemos creer que es así, con sólo atenernos al relevamiento y valoración crítica, efectuados por el A., de una extensa lista de trabajos (de apróx. treinta autores, de diversa nacionalidad) sobre la "enérgeia" y la "entelécheia" aristotélicas. Para esto se han ocupado las ciento cincuenta primeras páginas de la monografía. Pero que, en efecto, sea éste el estudio más completo, en cuanto a la apoyatura en los textos del filósofo, se comprueba por el índice del final, donde aparecen "todos" los pasajes en los que se menciona a la "enérgeia" y la "entelécheia" en cada una de las obras que integran el Corpus Aristotelicum. Señala el A. que él no ha querido ceder a una tentación muy generalizada entre los investigadores - y que reprocha como un serio defecto, del que adolecen incluso grandes figuras del pensamiento - de pasar a una "interpretación" de la doctrina de un filósofo - en este caso, la doctrina del acto de A. - sin antes haber analizado todos los textos pertinentes. Este defecto lo llama el A. "interpretacionismo prematuro". Aún prescindiendo de los resultados a los que Y.S. ha llegado, y sólo teniendo en cuenta el arduo trabajo de determinación y compulsa de textos y de revisión crítica de la crítica aristotélica existente hasta la actualidad, su monografía se acredita como una obra de referencia obligada para quienes se interesen por esta concepción del "acto", de la que es ya un lugar común afirmar que se halla aquí "la doctrina fundamental de A".
Al final del libro resume el A. las "conclusiones" de su investigación en cuarenta y seis puntos. Haremos mención a algunos de los primeros para que se tenga una idea de su seriedad científica y de que, en efecto, las exigencias a las que se sometió han sido proporcionales a los frutos logrados: dice, en primer lugar, que "de la gran cantidad de autores que han estudiado la 'enérgeia' sólo unos pocos han descubierto la rica pluralidad de sentidos que tiene. Estos autores son principalmente Monllor, Chung-Hwan-Chen, Trepanier, Bonitz y Le Blond. De entre ellos destacan los cuatro primeros. Sus tesis vienen a coincidir en una idea de fondo: 'enérgeia' tiene tres sentidos en A. (esta es una de las conclusiones más importantes del trabajo de Y.S.), a saber, a) movimiento o kínesis; b) forma o perfección y c) operación, acción, obra o 'ergon', 'praxis'. Estos autores señalan que 'entelécheia' es perfección y forma, y que después pasa a significar también los demás sentidos de 'enérgeia'". Otra conclusión es que "hay otro extenso grupo de autores, entre los que se destacan Cubells, Rosales, Reale, Berti y Teichmüller, que no detectan el tercer sentido de 'enérgeia' señalado antes. Ello produce un desenfoque en su interpretación de los otros dos sentidos, que son explicados con algunas confusiones que les alejan del verdadero sentido de los textos". En contraste con lo anterior, "hay un grupo de autores anglosajones (Blair, Etzwiller, Ross, Ackrill, Hintikka) que no distinguen ninguna pluralidad de sentidos en la 'enérgeia', sino un significado único que los absorbe a todos. Junto a esa confusión completa sobre la 'enérgeia', aparece en ellos una preocupación por destacar el sentido de 'enérgeia' como pura actividad, aunque ninguno consigue aclararlo de modo suficiente". Otro resultado importante es, a nuestro juicio, lo que se dice de autores alemanes tan nombrados como Jaeger, Gohlke, Wundt y Zürcher, que han buscado una evolución del pensamiento de A.: "muchos de ellos formulan a priori sus hipótesis y después procuran adaptar a ellas los textos del CA. En los casos en que su método de trabajo es más riguroso (Jaeger), se da una postura interpretativa previa que no tiene nada que ver con el estudio textual. En suma: la crítica filológica no es filosóficamente neutral, como pretende".
Entresacamos otras dos conclusiones de valor en las que las propias interpretaciones de Y.S. han insistido: una es que "el término 'enérgeia' fue creado por A. a partir de un adjetivo que pudo ser 'energés' y que deriva de 'érgon', que significa 'obra'. Por tanto, 'energés' significaría 'obrante', 'activo', 'actuante'. 'Enérgeia' significaría pues el sustantivo de 'obrante', 'actuante', es decir, 'acto', 'actividad', 'acción', en latín 'actus'. Este término es utilizado por primera en un diálogo del joven A., compuesto en la Academia de Platón hacia el -353 - el Protréptico". La otra, que "en A. hay una diferencia irreductible entre la 'enérgeia' y la 'entelécheia' (ambos términos han sido traducidos por 'acto'), pues la una constituye el sentido activo de la forma, uso teórico del acto como actualidad; la otra es la sustancia, lugar ontológico prioritario donde la re- 50 alidad tiene lugar". Y.S. es plenamente conciente de las "limitaciones" a las que expresamente sometió su investigación. Dice que "los críticos que en este trabajo aparecen no son los principales ni los mejores intérpretes de A. Todo lo contrario, sus aportaciones tienen escaso interés si las comparamos con las que hicieron Alejandro de Afrodisia, Averroes, Tomás de Aquino, Brentano, Heidegger, Hartmann, etc."..."Las auténticas interpretaciones de A., las verdaderamente importantes, han sido hechas por quienes fueron capaces de superar el simple interpretacionismo escolástico o erudito y crearon su propio pensamiento". Pero, acota el A., "la exposición de su visión de A. es la exposición de 'su' pensamiento". Señala que él hizo una opción metodológica: dejar para posteriores trabajos la consideración de los que se ha llamado auténticos intérpretes de Aristóteles. El trabajo ha querido recoger sólo las más relevantes indicaciones de interpretación que han hecho los críticos estudiados en la primera parte. Pero el A. declara que se ha dejado orientar por una interpretación de A. muy reciente, la del destacado profesor Leonardo Polo, que dirigió el trabajo y redactó un prólogo del libro. "La razón de esta elección (de Polo) reside fundamentalmente en que es uno de los pocos autores que, desde un pensamiento original, ha concedido al estudio del acto en A. un lugar preferente".
En cuanto a la posición de Polo frente al pensamiento de A. mencionamos dos o tres ideas fundamentales, referidas por Y.S. y a las que el propio Polo alude en el prólogo escrito para esta edición. Señala Y.S. que "para P. la noción griega de lo actual apunta a lo permanente de la realidad, un fondo suficientemente sólido capaz de sostener la vida humana y asentarla en algo que trasciende lo efímero. Lo actual es lo que rescata del olvido, lo que recoge el tiempo: 'alétheia', verdad, es 'lo que no se puede olvidar'. En el hombre hay una dimensión que corresponde a ese fondo de lo real: el 'nous'. Lo actual de la realidad está correspondido en el hombre por lo actual del 'nous', que también tiene una dimensión estable. Pero ambas dimensiones deben comunicarse: es el problema que atisbó Platón en el Teeteto - no basta tener el conocimiento; hay que usarlo; es distinta la posesión de algo y su ejercicio. La conexión de lo estable de la realidad y del 'nous' se lleva a cabo mediante la noción de 'enérgeia', que es la tematización de esa unidad...La noción de 'enérgeia' es entonces eminentemente psicológica, es la coactualidad de conocer y conocido. La verdad no está sólo en la realidad, sino en la 'enérgeia'; el 'nous' no es en sí, se ejerce en una operación vital que conecta con lo real. Así en A. 'lo que significa realmente el acto es acto operativo, acto vital, vida en acto'". Para P. aquí está lo que primeramente debe ser rescatado de la doctrina del acto de A. Pero él también toma cuenta de "un problema que entonces se plantea: cómo lo constitucional de la realidad es acto; se hace preciso sacar la noción de acto del orden operativo y llevarla al orden constitucional, es decir, el orden de la sustancia, que es lo propiamente constitutivo para A. Por eso en la 'Metafísica' trata de recuperar para la realidad la noción de acto: el problema que A. tuvo que resolver fue la aplicación del acto al orden de la sustancia - por eso tuvo que acuñar el término 'entelécheia'".
Ahora bien; P. discrepa con A. en cuanto a extender la noción de acto del campo "operativo" al "constitucional". Señala que "la operación cognoscitiva es, a mi modo de ver, el auténtico sentido de la actualidad, y lo monopoliza. Asimismo, lo poseído por ella, el objeto pensado, es lo actual. No es correcto, por consiguiente, extender estas nociones a la realidad extramental, no sólo en su nivel físico, sino incluso metafísico. Entenderlo así no pasa de ser una extrapolación, que cierra prematuramente la investigación acerca de estos campos de la realidad, pues comporta el fijismo de la forma física - si es actual, es fija - que ha gravitado de continuo en la tradición aristotélica, y ha conducido a la ruptura de la filosofía moderna con la tradicional."
Para Y.S. la interpretación de Polo "no presenta ninguna disonancia con las afirmaciones de A. Por el contrario, sabe sacar a luz la limitación interna de su pensamiento por un camino del todo ajeno al de los demás intérpretes, sin que puedan aducirse en su contra textos que contradigan su interpretación. La dualidad insuperable de 'enérgeia' y 'entelécheia', entendidas en su sentido genuino, esconde una dificultad de A. para comprender la actividad, y que es agudamente expuesta por este autor".
En definitiva, estamos frente a un excelente trabajo, elaborado conforme a los más exigentes patrones de la investigación científica y que honra a la mejor tradición de la "ciencia" española.*
N.A.E.