
ESPAÑA NO PUEDE
RECONOCER LAS UNIONES DE HECHO
El Papa pide que la
Iglesia de ese país se convierta en signo de reconciliación
JUAN PABLO II
PODRIA VISITAR IRAQ
Ha aceptado la invitación de
Sadam y de la Iglesia del país. Ahora espera el momento justo
LA VOCACION DE
JERUSALEN ES LA LIBERTAD Y EL DIALOGO ECUMENICO
El
Vaticano celebra 50 años de la presencia de un delegado papal en la Ciudad
Santa
AUSTRALIA
INDIFERENTE A LA «PILDORA DE LA EUTANASIA»
Nueva
campaña para promover la legalización de la «dulce muerte»
LA UNIDAD ENTRE
LOS CRISTIANOS NO ES UNA UTOPIA
Se clausura el
congreso de obispos y cardenales amigos del movimiento de los
focolares
CONGRESO SOBRE
«DIOS Y EL SENTIDO DE LA EXISTENCIA HUMANA»
VII
Jornadas de Filosofía del Ateneo Pontificio de la Santa Cruz
EL ESTADO DEBE
PROTEGER A LOS NIÑOS DEL INFLUJO DE LA TV
Se
clausuran las Jornadas de la Comisión Episcopal española de Medios de
Comunicación
En su discurso, Juan Pablo II consideró que la labor principal de la Iglesia en estos momentos tan delicados y trascendentes para la identidad de la península ibérica tiene que ser la reconciliación. Según el pontífice, la Iglesia ha de convertirse en un «recinto de amor y de acogida, donde todos los fieles se sientan hermanos entre sí y nadie esté excluido, sin distinción de orígenes ni culturas, de modo que pueda ser fermento de unidad».
A continuación, el Santo Padre denunció los «intentos de equiparar la familiar en la opinión pública e incluso en la legislación civil a meras uniones carentes de forma jurídica constitucional». Desenmascaró la pretensión de «hacer reconocer como familia la unión entre personas del mismo sexo». El obispo de Roma invitó a los obispos a hacer el mejor servicio que pueden hacer a la sociedad: anunciar «la verdad sobre el matrimonio y la familia tal como Dios lo ha establecido». Esta defensa de la institución familiar la resumió en un eslogan de gran eficacia: «Familia, ¡"sé" lo que "eres"!».
El sucesor de Pedro denunció las limitaciones del modelo educativo español que ha excluido del currículum escolar la clase de religión. «En una formación que quiere ser integral --aclaró--, no se puede descuidar el aspecto religioso, sino que se ha de educar a los jóvenes de modo que se contemples todas las capacidades del ser humano. En este sentido, la Iglesia, respetando otros posibles modos de pensar, tiene el derecho de enseñar los valores que brotan del Evangelio y las normas morales propias del cristianismo».
Citando el «Plan de acción pastoral» redactado por la Conferencia Episcopal Española, el pontífice denunció que «la enseñanza de la religión y moral católicas o de la ética, dentro del ámbito de las primeras enseñanzas y de modo especial en las enseñanzas medias o secundarias, se ha visto marginada durante años por los poderes públicos». Para poner remedio a esta situación, propuso que los prelados encuentren «lo más pronto posible, junto con la competente administración civil, la solución a los problemas pendientes respecto al estatuto jurídico del área de Religión y de su profesorado».
Dado que entre los presentes se encontraban los obispos catalanes, algunos observadores esperaban que Juan Pablo II diera alguna indicación sobre la posibilidad de reorganizar las provincias eclesiásticas españolas o de crear una Conferencia Episcopal Catalana. El tema no apareció en ningún momento en el discurso. Tampoco lo mencionó cuando recibió a los obispos del País Vasco hace unos meses. Son argumentos que no se afrontan públicamente en este tipo de encuentros, sino que se comunican en caso de que la Santa Sede piense hacer una reforma. Ahora bien, el Papa tuvo la delicadeza de referirse a las diócesis de los obispos con su nombre catalán. De este modo, habló de Catalunya en general y de las diócesis de Urgell, Lleida, y Girona, en particular.
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La revelación ha sido ofrecida hoy a la prensa italiana por el patriarca de Babilonia de los Caldeos, Su Beatitud Raphael I Bidawid, guía espiritual del 80% de los cristianos iraquíes.
«Como Iglesia católica en Iraq --revela Raphael I--, presentamos esta invitación hace un año. Por su parte, el gobierno también presentó una propuesta en este mismo sentido. El Papa respondió asegurando que quiere venir y nosotros estamos preparando la visita y esperando que se den las condiciones para que pueda tener lugar».
El patriarca de los católicos caldeos de Iraq aclaró que la invitación «no tiene nada que ver con la crisis actual. Se enmarca en el proyecto del Papa de realizar una peregrinación siguiendo las huellas de Abraham, de Moisés y de Jesús, partiendo de Ur de los caldeos, y pasando después a través de la "Tierra prometida" y del Sinaí».
Raphael I se encontró con el Papa el 12 de febrero pasado y le agradeció sus palabras contra cualquier forma de uso de las armas para resolver la situación iraquí. «Le pedí que continuase hablando a favor nuestro, no a favor del régimen, sino del pueblo que sufre. Me prometió que continuará haciéndolo», reveló el patriarca.
El Papa ya había hecho público en el pasado el sueño de hacer una peregrinación a través de la geografía bíblica. El itinerario pasaría por seis países: Iraq (allí se encuentra Ur de los caldeos, desde donde partió Abraham), Siria, Jordania, Egipto, Israel, y el Líbano. Obviamente, el periplo podría realizarse por etapas. El único de estos países que ya ha visitado el pontífice es el Líbano.
La posibilidad de que el viaje papal a Iraq se realice dependerá, sobre todo, de que se despejen las manipulaciones políticas a las que se quiere someter la visita.
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El miércoles 18 de febrero, los católicos palestinos celebraron en la Ciudad Santa el 50 aniversario de la erección de la Delegación Apostólica en Jerusalén y en Palestina por parte de Pío XII. Desde entonces, los Papas han contado con un representante personal en aquella región con la función principal de informar a Roma sobre la vida, retos y dificultades de los cristianos de Tierra Santa. A diferencia del nuncio apostólico, la figura del delegado apostólico no tiene carácter diplomático en el sentido propio de la palabra, pues se encuentra presente en países que no tienen relaciones diplomáticas con la Sede Apostólica.
Para mostrar el interés con el que sigue el Vaticano la evolución palestina, el cardenal Angelo Sodano, quien hace las funciones de primer ministro del Papa, reconoció que la fiesta de los cristianos palestinos tiene un cierto sabor amargo, pues, «de hecho, son de sobra conocidos los dolorosos acontecimientos que han hecho de gran parte de los católicos, junto con sus compatriotas, víctimas de guerras, de movimientos de población y, con frecuencia, en condiciones de máxima precariedad, sin casa, sin tierra y refugiados».
El mensaje, dirigido al actual delegado apostólico en Jerusalén y Palestina, monseñor Andrea Cordero Lanza de Montezemolo, quien es también nuncio apostólico en Israel desde que se inauguraron las relaciones entre el Vaticano y el gobierno del Estado israelí en 1994, reconoce que el esfuerzo del Papa por mantener un delegado en aquella región es prueba del cariño con que el pontífice sigue la situación de la región «en este delicado período en el que palestinos e israelíes experimentan particulares dificultades en la búsqueda de un futuro aceptable, de paz y de convivencia en un ambiente de justicia y seguridad».
«Pero es también particularmente significativo que un representante del obispo de Roma se encuentre establemente en la Ciudad Santa de Jerusalén, patrimonio espiritual de gran parte de la humanidad y signo de paz y de armonía --reconoce el cardenal Sodano--. Esta urbe, reivindicada como capital de dos pueblos y patria del corazón para los creyentes de tres religiones, sigue siendo, por desgracia, motivo de rivalidad, o en el peor de los casos de violencia, y de reivindicaciones excluyentes».
El mensaje asegura que, al enviar un hombre de confianza a Jerusalén, hace ya cincuenta años, Pío XII trató de colaborar con la auténtica vocación de Jerusalén: lugar de justicia, de libertad, y de diálogo. Por el momento, esta meta «no sigue siendo más que un augurio», reconoce el secretario de Estado, pero el delegado papal ha podido ser un testimonio vivo del amor del Papa a estas poblaciones de Jerusalén y de los Territorios palestinos.
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El doctor de la ciudad de Darwin, Philip Nitschke, había asegurado ante los micrófonos de la radio nacional «ABC» que era capaz de ofrecer indicaciones precisas sobre cómo someterse a la «muerte dulce» ingiriendo una mezcla de barbitúricos, fáciles de encontrar en las farmacias, sin violar la ley. En estos días, ha propuesto algo más práctico todavía: una píldora que produce la muerte segura.
Más que una noticia, nos encontramos ante el fracaso de una operación de márketing. Cuando el mes de noviembre pasado, Nitschke hizo pública su disponibilidad para recetar una mezcla mortal de medicinas, buscaba principalmente lograr que su campaña a favor de la eutanasia llegara hasta la primeras páginas de los periódicos. El colegio de médicos y las organizaciones que se declaran a favor de los derechos humanos criticaron duramente la iniciativa, pues consideraban que este producto podría ser usado fácilmente por quienes pretenden suicidarse. Australia es uno de los países del mundo con el mayor número de suicidios de jóvenes que todavía no han cumplido los 25 años.
Ahora Philip Nitschke ha vuelto a la carga, pero en esta ocasión no ha causado efecto el declarar que hasta la fecha diez pacientes han recurrido a sus tratamientos y se han quitado la vida. Asimismo ha asegurado que la píldora de la eutanasia estará lista para final de este año. La experimentación del producto no será larga, pues, al fin y al cabo, no vale la pena dedicar mucho tiempo a comprobar sus efectos secundarios.
Nitschke pretende eludir la ley con una estratagema demasiado simplista: al médico se le prohíbe practicar la eutanasia, pero puede ofrecer barbitúricos para calmar el dolor de sus pacientes.
El doctor inventó en el pasado una máquina que provocaba la muerte a través de una inyección letal. Cuando en los Territorios del Norte la eutanasia fue legal durante un breve período de tiempo, desde julio de 1996 hasta marzo del año pasado, cuatro pacientes murieron víctimas de este artefacto.
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En el encuentro, que llevaba por título «Hacia la unidad de las naciones y la unidad de los pueblos», participaron más de cien cardenales y obispos, provenientes de los cinco continentes. Los prelados reflexionaron a la luz de la espiritualidad promovida por los focolares en los retos que ha planteado Juan Pablo II para que los cristianos de las diferentes confesiones puedan celebrar el año 2000 más unidos.
Chiara Lubich, fundadora y presidenta del Movimiento de los Focolares intervino dos veces en el Congreso e ilustró cómo una espiritualidad de comunión y de reconciliación puede penetrar y renovar, a partir del amor, todos los aspectos de la vida.
Juan Pablo II se quiso hacer presente en el Congreso a través de un mensaje particular para mostrar su reconocimiento por la espiritualidad de profunda unidad que viven los focolares. Por lo que se refiere a la evolución del diálogo ecuménico entre los cristianos, si bien reconoció la existencia de «dificultades», ratificó el compromiso del Papa de perseguir este objetivo en todas las dimensiones de su ministerio.
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El evento tendrá lugar del 26 al 27 de febrero en la sede de la Facultad romana, con la participación de personalidades del mundo universitario y de la teología, entre ellas el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura.
En el umbral de Tercer Milenio el objetivo de estas Jornadas es «examinar los últimos estudios realizados en el actual contexto sociocultural sobre Dios y el sentido de la existencia humana, desde las más diversas perspectivas: teológica, epistemológica, metafísica, antropológica, hermenéutica y fenomenológica».
Además del cardenal Paul Poupard, que presentará una ponencia el primer día sobre «Dios en la cultura del fin del milenio: perspectiva teológica», intervendrán los rectores del Ateneo Pontificio de la Santa Cruz, Luis Clavel; de la Universidad Pontificia Salesiana, Michele Pellerey y del Pontificio Ateneo de San Anselmo, Albert Schmidt; así como los profesores Lluis Romera, Thomas F. Torrance, Leonardo Polo, Gaspare Mura y Angela Ales Bello.
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En la apertura del encuentro, monseñor Antonio Montero, presidente de dicha Comisión Episcopal, reconoció la importancia de la televisión en nuestra sociedad, omnipresente en todos los hogares, y denunció la programación «basura» que hoya día emiten tanto los canales públicos como los privados. «Nuestra tarea --afirmó-- consistirá en convertir la programación que se emite hoy en otra con contenidos éticos».
Por su parte, el profesor Enrique Bonete de la Universidad pública de Salamanca y profesor invitado de la Universidad Pontificia de Salamanca, ofreció la primera conferencia de las Jornadas sobre «Los conflictos morales en las empresas de los medios de Comunicación social». Comenzó su exposición afirmando que «nuestra sociedad ha pasado de una etapa ética a una estética, donde los hombres tienen como única satisfacción el vivir el instante, vivir para sí mismos, el placer inmediato. Los medios de comunicación son difusores del pluralismo moral, de unos valores que son para todos iguales. Poder cambiar esta mentalidad del instante es muy difícil, porque son muchas horas en las cuales la televisión ejerce su influencia. Es un gran reto para la Iglesia que a través de los medios se pueda llevar el Evangelio. Pero, es complicado», reconoció.
Como clave de interpretación de este fenómeno, Enrique Bonete indicó que hay que tener en cuenta que los medios de comunicación son empresas. «La rentabilidad desvirtúa la comunicación social. Por ello los códigos deontológicos de los medios deben hacerse públicos y estar al alcance de los usuarios. Los medios deben hacer posible la prestación de un Derecho fundamental: el derecho a la información. Los medios de comunicación son para la participación de los ciudadanos, pero esto no es así. La audiencia manda y los medios obedecen porque mayores son los ingresos».
«Para elevar la cultura de los televidentes y los programas con contenido moral --aclaró el catedrático--, es necesario fomentar la cultura desde diversos ámbitos, para que así los usuarios demanden programas de calidad».
El profesor Bonete se mostró partidario de la necesidad de que el Estado proteja al menor del influjo de la televisión, pues « muchos niños pasan más tiempo frente al televisor que en el colegio. La imagen que dé la televisión de la Iglesia, del problema de Dios, de las relaciones familiares o de la sexualidad será la que el niño o los más débiles de pensamiento se crean. Los efectos son grandísimos».
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