IEFLP

MISCELÁNEA POLIANA

Revista de prepublicaciones del

Instituto de Estudios Filosóficos

LEONARDO POLO

SERIE DE CIENCIAS SOCIALES Y ECONOMÍA, 42 (2013)

ISSN: 1699-2849

Registro de propiedad intelectual safecreative 0910284775023

[Ficha técnica]

III Jornada de AEDOS

sobre la obra de Polo

Filosofía y economía

 

Programa.

Selección de intervenciones: 

Juan A. García González: La economía en la filosofía de Polo

Juan Fernando Sellés: Nueve consejos para el directivo de empresa

Ignacio Falgueras Salinas e Ignacio Falgueras Sorauren: La posible y dispar ayuda mutua entre filosofía y economía, en relación con algunos problemas básicos de la teoría económica en la actualidad

Juan Antonio Moreno Urbaneja: Economía de iniciativa frente a economía programada

AÑADIDO:

Pablo Ferreiro (Lima): Leonardo Polo en diálogo con los empresarios

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Polo, L.: Granice subiektywizmu (Los límites del subjetivismo; trad. Marcin Kopeć)

 

 

III JORNADA SOBRE LA OBRA DE LEONARDO POLO.

FILOSOFÍA Y ECONOMÍA

 Sábado 26 de enero del 2013.

 

11:00 h.   Presentación de la jornada y del libro:

              Fernando Fernández Rodríguez, presidente de AEDOS.

             Juan A. García González, catedrático de Filosofía en la Universidad de Málaga:

La economía en la filosofía de Polo.

11.15      Juan Fernando Sellés, profesor titular de Filosofía en la Universidad de Navarra:

              Nueve consejos para el directivo de empresa.

11.45      Ignacio Falgueras Salinas, catedrático emérito de Filosofía en la Universidad de Málaga, e

             Ignacio Falgueras Sorauren, profesor colaborador de Teoría e Historia Económica en la Universidad de Málaga:

             La posible y dispar ayuda mutua entre filosofía y economía, en relación con algunos problemas básicos de la teoría económica en la actualidad.

12.45      Juan Antonio Moreno Urbaneja, empresario en Málaga (gerente de Adivin):

             Economía de iniciativa frente a economía programada.

13.00      Miguel Alfonso Martínez Echevarría, catedrático de Economía en la Universidad de Navarra:

             Los modos de tener y el concepto de lo económico en Polo. 

13.30      Rafael Rubio de Urquía, catedrático de Teoría Económica, director del Centro Superior DSI del Instituto de Humanidades Ángel Ayala-CEU (Madrid):

             Los radicales humanos en la economía en la concepción de Leonardo Polo.

14.00       Coloquio con los ponentes.

15.00       Comida y continuación del coloquio.

 

Programa de la III JORNADA SOBRE LA OBRA DE LEONARDO POLO, organizada por AEDOS, en colaboración con el instituto de estudios filosóficos Leonardo Polo, el instituto CEU de humanidades Ángel Ayala y la asociación de La Rábida

En esta ocasión el examen se centra en su libro “FILOSOFÍA Y ECONOMÍA” (Eunsa, Pamplona 2012).

El encuentro tendrá lugar, el sábado 26 de enero, en el Salón Seminario 1 del Colegio Mayor San Pablo  (Universidad San Pablo CEU) sito en Isaac Peral, 58, 28003 Madrid, entre las 11 y las 15 horas. Se concluye con un almuerzo, continuándose durante el mismo el tiempo de coloquio previsto en el programa.

Para facilitar la lectura y examen del libro de Polo, EUNSA nos ha suministrado un número limitado de ejemplares a un precio especial de 20 euros (26,- euros el de venta al público). Los interesados en adquirirlo deben ingresar el importe en la cuenta de AEDOS. 

Se ha fijado un precio de inscripción de 30,- euros (comida incluida), estando prevista la concesión de becas a socios de AEDOS y doctorandos universitarios.

Comunicar con secretaría de AEDOS para inscripciones y demás información.

 


LA ECONOMÍA EN LA FILOSOFÍA DE POLO

 

Juan A. García Gonzalez

 

       Mi opinión personal es que la dedicación de Polo a la economía no es circunstancial: porque le hubiera correspondido, o le hubieran llamado de algún lado u otro para hablar de ella, ni es tampoco caprichosa: como que ahora le apeteciera pronunciar su opinión sobre alguna cuestión o estudiar algo de economía. Pienso que su preocupación por la economía, que se ha manifestado de tantas formas: en contribuciones aquí, o en el seminario de empresa y humanismo de Pamplona, y de Chile… por tanto durante varios años y en distintos tipos de actividades; y que se fragua al final en este libro, principalmente; su interés por la economía, digo, nace de la visión que Polo tiene de la persona. Y quiero decir dos ideas sobre esa visión que entiendo justifican esta tesis: que su interés por la actividad económica del hombre nace de su visión de la persona; que Polo está interesado en la radicación en la persona de la actividad económica.

Una es su propuesta de que la persona es un ser además, una clase de existencia peculiar, una existencia libre, la coexistencia. Una actividad de ser a la que caracterizan unos trascendentales propios, personales dice él; entre los cuales destaca precisamente el dar, y el aceptar interpersonales. De modo que el ser personal es coexistente, está hecho más que para convivir con los demás, para coexistir con otras personas. Que el ser humano es un ser además significa también que es libre, con esa libertad trascendental con la que posee un futuro nunca desfuturizable, es decir, que no se acaba nunca; que el hombre no se agota en sus operaciones, que hace unas cosas y le queda aún más para hacer otras y otras… porque su ser personal es inagotable. Coexistencia y libertad, dos trascendentales de ese ser además que es el ser personal. Y luego el dar y el aceptar, precisamente como consecuencia de los otros dos; o mejor como el mismo ser además visto de otra manera, o según otro modo de enfocarlo, apreciando otro trascendental personal, el dar y el aceptar. Pues yo creo que si la economía a veces se define así: como las relaciones personales de intercambio, mediadas por el dinero, tal y como dice Mathieu, entonces es muy relevante que la persona se entienda como un coexistente: que aporta, que da, que recibe y da, que intercambia, que no se agota al actuar.

Y la segunda idea, que también me parece muy poliana y justificativa de su interés por la economía, y que está completamente vinculada con el ser además de la persona y sus trascendentales, es lo que llamaría la fecundidad del ser. Eso que decían los clásicos de que el bien es difusivo de suyo, o sea, que la actividad de las cosas, y cuanto más activas lo sean, más efectos producen, a más seres se extiende su influencia, más comunicativas son. El bien es difusivo de suyo, pero lo que verdaderamente es efusivo y difusivo del bien es la persona que lo hace, que lo incrementa al actuar, que lo procura y distribuye. Precisamente por esa peculiaridad suya de que es un ser además, que aporta, que es libre y no se agota; justamente por eso, la verdadera difusión del bien es la de la persona. Y la fecundidad del ser llega a su culminación en la coexistencia entre personas. Mucho más fecunda que la causalidad natural es la coexistencia personal, el dar y el aceptar; porque el dar aceptado es lo fecundo, mucho más que la productividad de una acción que genera sus efectos en la naturaleza. Donde verdaderamente se ve la difusión del ser, su fecundidad, es en la coexistencia entre personas. De modo que, también si miramos la economía desde el punto de vista de la distribución de bienes, con frecuencia escasos (a Polo no le gusta mucho este enfoque porque la escasez parece imponer un cariz de necesidad más que de libertad al obrar del hombre; pero quizás los bienes son siempre escasos justamente porque el hombre es además, siempre busca más, quiere más); en todo caso, si se mira la economía, digo, como producción de bienes, distribución de bienes, etc. entonces lo efusivo, lo que produce mayores bienes es el ser personal, la fecundidad del ser personal.

De modo que con esas dos ideas, los trascendentales personales y la fecundidad del ser personal, y me parece que Polo piensa así sobre el hombre, entonces inmediatamente hay que prestar atención a la economía e interesarse por ella ¿no? Porque es en la actividad económica donde el hombre despliega su productividad, su difusión del bien, su comunicación con las personas; y donde son requeridos los intercambios con los demás . Y esa era la tesis que quería presentarles para introducirnos en esta jornada: que la dedicación de Polo a la economía no es coyuntural, sino que nace de la comprensión que tiene de la persona. Sólo quería decirles esto: el lugar de la economía en la filosofía de Polo; que no es accidental sino un poco obligado porque ha pensado a la persona como un ser donal, que aporta, y como un coexistente, que da, acepta e intercambia con los demás; y porque en la coexistencia interpersonal se alcanza la verdadera fecundidad del ser. Y ahora tienen ustedes la palabra …

 


NUEVE CONSEJOS DE LEONARDO POLO AL DIRECTIVO

 

Juan Fernando Sellés

 

Introducción

 

       Recientemente me he ocupado de corregir y editar en una amplia obra 14 trabajos de Leonardo Polo sobre temas de empresa, los cuales constituyen diversos cursos que el autor impartió en diferentes escuelas de negocios y que ahora se publican reunidos bajo el título Filosofía y economía[1]. En este trabajo intento sintetizar 9 puntos capitales de sus enseñanzas que afectan al directivo. Tras ponerlos en correlación con alguna publicación suya precedente, los ofrezco a la atención de quienes ocupan ese cargo en las empresas y, asimismo a los profesores de las escuelas de negocios y de gobierno, para que éstos puedan conocer este breve elenco de temas y su contenido, puedan recordarlo fácilmente y, si desean, puedan ponerlos en práctica en sus respectivas organizaciones.

       No soy economista, pero como estoy familiarizado con la filosofía de Leonardo Polo, puedo resumir su punto de vista respecto de la dirección y organización empresarial, la cual se puede compendiar indicando que, trátese del tema práctico que se trate (trabajo, cultura, técnica, economía, acciones transitivas, lenguaje, etc.), Polo primero lo engarza ordenadamente con las diversas dimensiones manifestativas humanas, es decir, esas que según el modo de decir de su antropología pertenecen a la esencia humana (inteligencia, voluntad y yo); y, en segundo lugar, lo vincula a las diversas dimensiones de la intimidad o persona humana, es decir, al acto de ser personal humano (cuyos radicales –por él descubiertos– son la coexistencia, la libertad, el conocer y el amar personales), el cual, a su vez, está abierto al ser divino.

       Con dicho doble engarce no sólo se puede dotar de sentido humano a esas facetas prácticas, sino también de sentido personal, a la par que se las deja abiertas a que sean atravesadas de sentido divino. Preocupación por los temas prácticos aludidos tiene cualquier persona en nuestra sociedad; más aún, constituye el punto de mira de todas nuestras sociedades. Ahora bien, enlazar esos temas con la integridad de lo manifestativo humano, en concreto, con la ética –única disciplina capaz de vincular ordenadamente las diversas manifestaciones humanas–, es preocupación de pocos, y entre éstos, no siempre se lleva a cabo con corrección. Por lo demás, vincular adecuadamente esas dimensiones humanas que debe dirigir la ética con las que son íntimas a la persona humana –las que descubre la antropología llamada por Polo ‘trascendental’–, sólo él lo ha llevado a cabo. De modo que el lector de la aludida obra poliana podrá beneficiarse con ese superior sentido que Polo arroja sobre las diversas acciones humanas desde los niveles humanos superiores.

       En síntesis, este trabajo se puede considerar como una introducción a dicha obra poliana dedicada a los directivos, preámbulo que debe responder en suma a la siguiente cuestión: ¿qué debe tener sobre todo en cuenta un directivo? La respuesta a esta cuestión se desarrolla en los siguientes 9 apartados:

 

1. Las personas

 

       Lo primero: las personas. Lo más excelso de la realidad (creada e increada) son las personas. Conocer la realidad personal no es sencillo y no se debe dar por supuesto[2]. A esto se puede alegar que a las personas se las conoce en la práctica, es decir, con el trato, por experiencia, porque cada una es distinta. Sin duda, hay que responder. Pero, –como es sabido desde Aristóteles– el conocer superior es el teórico[3], y si uno no sabe cómo está conformada la intimidad personal humana, difícilmente podrá advertir en la práctica sus diversas dimensiones en cada quién. De aquí que, a quien tiene asignadas bajo su cargo pluralidad de personas, le es recomendable dos aprendizajes referidos a las personas: uno teórico y otro práctico, los cuales suelen brillar por su ausencia en las empresas. 

 

a) El primer aprendizaje sobre la realidad personal, el teórico, versa sobre el ser personal. Ahora bien, lo ordinario en las escuelas de negocios y en las de gobierno de las organizaciones es enseñar a resolver problemas empresariales prácticos por el método del caso. Con todo, la primera y más importante enseñanza que debería impartirse es antropológica, y no de cualquier antropología, sino de una referida a la intimidad personal. Asimismo, la materia básica de los masters en recursos humanos y en las facultades de económicas y empresariales debería ser dicha materia.

 

b) El segundo aprendizaje personalista, el práctico, consiste en conocer a cada quien y su modo de ser. Las personas humanas que conforman la empresa pueden ser dirigentes o subordinados. Quien dirige da una orden según su personalidad; y quien la obedece, la cumple según la suya. De ahí la importancia de conocer a cada persona y a su modo de ser. Como cada persona es distinta, no hay dos modos iguales de mandar y tampoco de obedecer. Cada quien, como dice Polo, pone su sello personal[4]. Por eso, conviene, por parte del directivo, “ponerse en el lugar de los otros; el directivo tiene que conocer a sus hombres, en otro caso, los proyectos terminan en fracaso”[5].

 

       En una publicación precedente, Polo había indicado que “un directivo no debe estropear a los hombres que dirige; si la dirección comporta el estropicio de los dirigidos, tiene un sentido entrópico, y ello contradice su esencia”[6], porque ni los trabajadores mejoran, ni tampoco crece el directivo, ya que como los obreros aportan menos, él dirigente queda privado de dicha aportación. En efecto, el ser humano es el elemento más radical que compone una empresa, pero éste no es fijo, sino que puede mejorar irrestrictamente, porque sus facultades superiores (inteligencia y voluntad), que posibilitan el desarrollo de sus actividades prácticas laborales, son susceptibles de crecer sin coto (mediante hábitos intelectuales y virtudes en la voluntad). El hombre puede crecer en tales potencias porque como persona es creciente, un proyecto inconcluso, es decir, todavía no ha llegado a ser la persona que está llamada a ser[7].

       A lo que precede se puede objetar que los problemas económicos son cada vez más complejos, y que éstos requieren soluciones técnico-prácticas de gran complejidad, no barnices humanísticos. Sin duda que tales soluciones se deben implementar, pero a esta objeción hay que responder que precisamente “en la medida en que los problemas se agudizan hay que ir más al fondo, porque sólo así se pueden afrontar. De lo contrario las soluciones son meras cataplasmas”[8]. Ahora bien, nada en este mundo es más profundo que la intimidad humana, y es precisamente en ella donde hay que buscar las soluciones[9]. Nótese que las macrodisfunciones de nuestras sociedades no se deben al desarrollo de las ciencias experimentales y a los adelantos técnicos, sino a que unas y otros no están atravesados de suficiente sentido humano[10].

       La dirección humana no consiste en la mera aplicación de reglas técnicas o métodos fijados. Obviamente, tampoco radica en el ancestral ‘ordeno y mando’ según antojo del directivo. Dirigir es formar a los trabajadores y es aprender de ellos; es saber motivarlos y aceptar sus motivaciones; es actualizar sus potencialidades[11] e instruirse de ellas; es saber conducirse éticamente y favorecer el buen comportamiento ético de los demás[12]. Dirigir es, en definitiva, servir. Lo mejor es que el servicio sea personal, y que tenga como objetivo a las personas, para que éstas crezcan personalmente.

       En síntesis, “el directivo, por ser persona, debe actuar como persona. En otro caso no dirigiría, o lo haría mal y los cambios que la acción humana comporta serían de escaso alcance”[13]. Pero, para actuar como tal, debe saber dos temas de muy largo recorrido: a) Saber quién es él y quiénes son los demás como personas distintas, es decir, ir conociendo progresivamente el propio sentido personal de cada quién. b) Saber como es la naturaleza humana común de los hombres, y cómo se activa su perfeccionamiento. En virtud de ambos temas “el directivo tiene que poseer una fuerte dosis de humanismo”[14]

 

2. Los colaboradores: el equipo

 

       No conviene dirigir en solitario. “Sólo se puede competir (hoy eso lo sabe cualquier empresario que esté en un sistema de producción bien organizado) si tiene unos colaboradores de alto nivel. Por eso una consecuencia que se saca de lo que precede es que nunca se manda en solitario”[15]. Desde luego, no es pertinente que los trabajadores estén aislados entre sí y respecto de los directivos. Pero menos aún lo es que el directivo dirija aisladamente. Lo mejor es que se forme un equipo entre todos, como en las competiciones deportivas. De lo contrario, no hay integración empresarial[16].

       La empresa es una reunión de personas que buscan alcanzar objetivos humanos comunes: grandes objetivos a largo plazo (téngase esto especialmente en cuenta en las universidades). La empresa no está tan unida, obviamente, como la familia, donde el vínculo es el amor personal, y en la que se quiere a cada uno por ser quien es. Pero está mucho más unida que la sociedad, los poderes políticos, etc., los cuales no suelen ver personas en la población, sino individuos, votos, colectividades, masas, grupos, etc. Por tanto, una acción de gobierno empresarial que en vez de integrar a los distintos componentes de la empresa produzca rupturas entre ellos, no es adecuada[17].

       La colaboración promueve que la empresa sea ‘un juego de suma positiva’, no ‘un juego de suma cero’, y en menor medida ‘una resta’, la cual acarrea la quiebra de la empresa. Para que todos colaboren, quienes dirigen deben liderar la convocatoria[18], a fin de lograr la unidad, la integridad. Por lo demás, sin ésta no hay belleza. La filosofía clásica decía que las notas propias de la belleza son la claridad, la proporción y la armonía. La belleza se da en una empresa cuando alberga estas propiedades[19]. La claridad se alcanza con la veracidad en la información ad intra de la empresa y también ad extra; la proporción cuando se da unidad entre sus componentes, la cual se conquista con las virtudes (prudencia, justicia, fortaleza, templanza y, especialmente, con la amistad); la armonía, con la cooperación. Sin ella no cabe diálogo; sin éste, tampoco veracidad y las demás virtudes. La carencia de virtud comporta deshumanización, lo cual es síntoma de despersonalización, es decir, de pérdida del sentido personal.

       ‘Líder’ no es el directivo que camina espontáneamente delante de los demás, sino el que es capaz de convencer a los demás de que la solución que propone es la mejor, no sólo la más fundamentada racionalmente, sino la más humana. El líder, cuando sabe que una propuesta no es buena, estudia el problema con los demás, hasta que alguien descubra una buena salida. Es líder el que sabe que, de no hallar la solución adecuada, es mejor no actuar. “Por lo tanto, el principio de un gobierno virtuoso y no vicioso es justamente el gobierno colegial. No conviene tomar decisiones en solitario... Así no se puede ser líder. El líder es un sistema... El líder nunca es una persona. Nadie es suficiente él sólo para dirigir de acuerdo con la virtud de la fortaleza y de acuerdo con la virtud de la templanza, pues eso no es posible”[20].

       Tanta más colaboración hay en una empresa cuanto más se delegan responsabilidades y tareas: “la centralización (ausencia de delegación) es un problema. Los directivos que no saben delegar sólo funcionan en épocas tranquilas”[21], pues sin conferir competencias, no se puede trabajar en equipo. Hay más unidad cuanta menos rigidez: “otro problema es la rigidez (ausencia de flexibilidad). Asimismo, lo son las estructuras organizativas burocratizadas: rígidas, lentas… Lo son asimismo los sistemas de contabilización incompletos, la mentalidad de instalación que pertenece a la cultura del organigrama, pues en esa mentalidad hay demasiada preocupación por el poder”[22]. Hay más claridad cuanta más información: “también es un problema la baja utilización de los sistemas de información (algo más que una planificación). Falta información adecuada y estrategia”[23].

       En una obra anterior a la que ahora estudiamos Polo había escrito que “algunos directivos suponen que los demás se han comprometido a estar de acuerdo con su opinión, pero proceder así anula la capacidad creativa de los colaboradores. Cualesquiera que sean las relaciones de subordinación, si el trabajo de uno depende de que otros trabajen, hay que hablar de colaboración. Si una persona no puede hacer una cosa sin contar con la otra, esa otra es un colaborador suyo, aunque sea un subordinado. Darse cuenta de ello conduce a pedir al subordinado que no sea pasivo”[24], pues de serlo, la comunicación es servilismo, y como se aporta menos, las personas y la empresa crecen escasamente. Si quien dirige promueve a los colaboradores, éstos hacen las cosas con libertad y, por tanto, con responsabilidad, y entonces, se produce más y mejor.

       Para delegar, primero hay que mejorar el nivel de los colaboradores[25] (sin colaboradores competentes se incrementan los costes de coordinación). En segundo lugar, hay que formar a los trabajadores (tanto el despotismo como el paternalismo son un insulto a la inteligencia de los trabajadores, en rigor, a su índole personal); y en ambos casos se requiere diálogo. Con la comunicación quien manda aprende y está en condiciones de obedecer a quienes ofrecen las soluciones mejores. Por eso, mandar y obedecer son correlativos, de modo que sólo sabe mandar quien sabe obedecer, y a la inversa[26]. La comunicación debe ser con contenido, pues para dirigir se requiere estar informado de los factores relevantes. Conviene, además, tener diversos informes y estudiar la compatibilidad entre ellos. Por su parte, el conocimiento mutuo requiere el trato confiado. No hay confianza cuando falta veracidad. Sin ésta, se fomenta la soberbia, la envidia y otros vicios despersonalizantes. El autoritarismo inhibe la veracidad de los colaboradores (mentira teórica) y provoca la falta de respuesta oral y laboral de los trabajadores (mentira práctica).

       En resumen, directivo no es “el que manda sobre un grupo, sino el que manda en un grupo. La capacidad directiva se mide hoy por la aptitud para formar parte de un equipo”[27]. Por tanto, sin saber escuchar no se es directivo; y tampoco sin saber hablar. Nótese que no se trata sólo de ‘escuchar’ y ‘hablar’ (cosa que hace cualquiera), sino de ‘saber’ hacerlo. Si no se sabe escuchar, de nada sirve hablar; y a la inversa.

 

3. Los sucesores

 

       Organizar el trabajo –sostiene Polo– implica buscar sucesores en el gobierno y formarles bien, preocupación básica del directivo. Atendamos, pues, a los llamados ‘recursos humanos’ en una empresa: “El que manda no debe comprometer la supervivencia de la institución. Se saca de aquí otro corolario que se puede formular de la siguiente manera: ‘los directivos tienen que buscar sus propios sucesores’. El mando no es unilateral, ni es eterno, porque hay que dar entrada a los que son capaces de hacer esto, y los que son capaces de hacerlo, tendrán que dar entrada a su vez a otros. La sustitución de los directivos es un tema clave para cualquier directivo”[28]. El futuro histórico (también el metahistórico) pesa más en la vida del hombre que el presente y el pasado. En la empresa, la clave de la permanezca en el futuro pasa por la búsqueda y formación de los sucesores en el gobierno. Pero no todos valen para este cargo y, además, la formación de éstos no se improvisa.

       En efecto, “la formación del sucesor es preocupación básica del que manda porque el mando se ejerce en instituciones, y con el mando la supervivencia de la institución está en juego; mientras la garantice debe mandar, pero en cuanto no la garantice entonces debe dimitir”[29]. Del mismo modo que un profesor universitario, un médico, un investigador, etc., que hayan descubierto nuevas facetas del saber superior, deben ser verdaderamente ‘maestros’, es decir, se deben rodear de discípulos competentes que prosigan la indagación por ellos empezada, el mismo empeño debe tener un directivo en una empresa. Y del mismo modo que un verdadero ‘maestro’ se alegra cuando sus discípulos no le repiten, sino que desarrollan más el saber que él ha desvelado, así debe alegrarse el directivo ante los colaboradores que ofrecen soluciones de mayor alcance que las propias. Esto indica humildad, la cual no se da sin verdad. El maestro o directivo que tome tal oferta como una crítica negativa personal no merece tal nombre, porque, en rigor, no lo es, ya que no sirve noblemente a la verdad, sino interesadamente a su propio prestigio[30].

       El trabajo de buscar colaboradores que se hagan cargo de la dirección de la empresa no es uno más, sino el primero del directivo[31]. Pero la tarea de formar a quienes van a tomar las riendas del cargo en el futuro conlleva mucha constancia que se prolonga durante muchos años[32]. Por el contrario, “un directivo que busque la propia insustituibilidad está echando piedras contra su propio tejado. En esa tontería incurrimos los mortales con mucha frecuencia, pero que sea tan abundante el número de los necios no nos dispensa del esfuerzo por reducir la necedad, empezando por uno mismo”[33]. Los defectos superiores que impiden al directivo buscar y formar sucesores son la soberbia y la envidia; a ellos se suele añadir la avaricia.

 

4. La formación

 

       Como veremos, la dimensión más importante de la acción de gobierno es el conocimiento[34]. Como es claro que éste no se improvisa, el estudio, la formación es indispensable. Es sabido que una de las claves del desarrollo social –la segunda tras la familia– es la educación[35]. De modo similar, el avance de una empresa pasa por la formación de sus integrantes: la inversión menos costosa y la más rentable, porque incide directamente sobre las personas (ya se ha indicado que no hay riqueza superior a ellas). Si se forma bien a las personas, y se las motiva, dado que la persona tiene mayor capacidad de dar que de consumir, su rendimiento productivo puede ser exponencial[36].

       Por tanto, lo que el equipo directivo debe pensar es en cómo formarse y, asimismo, en cómo formar a sus trabajadores. Obviamente, no se trata sólo de enseñar, sino de cuidar la calidad de enseñanza. Es claro que si un profesor no estudia, lo que enseña es mediocre. Las buenas publicaciones las llevan a cabo quienes piensan, estudian, investigan. Y esta tarea requiere tiempo, dedicación y ambiente sereno y adecuado. De modo similar, sin formación empresarial, los resultados de la empresa son mezquinos. La pieza clave de una empresa es el empresario; en una universidad, los empresarios son los profesores. Pues bien, así como los profesores universitarios tienen el deber de ser constantes en su propia formación, asimismo los empresarios deben tener esa exigencia en su punto de mira[37].

       Lo que precede indica que “al directivo le debe gustar pensar; su sentido de la responsabilidad le llevará a pasar muchas horas dándole vueltas a los asuntos, buscando la información y el consejo necesarios, y rodeándose de colaboradores competentes... No es cierto que el activismo sea una buena manera de dirigir, porque implica precipitación, improvisar. Para dirigir hace falta respetar el ritmo de adquisición de los conocimientos suficientes para decidir con acierto; hay que buscarlos, aunque a veces no se obtengan”[38]. En la actualidad es notoria la incompetencia mundial de muchos candidatos que acceden al gobierno desde los partidos políticos. Por eso, no son de extrañar las crisis sociales –nacionales e internacionales– por las que atraviesan los países. De modo semejante, hay que indicar que los mejores empresarios no son quienes llegan al cargo por influencia, sino los mejor preparados, técnica y, sobre todo, humanamente.

       Un requisito imprescindible de la formación es la información. En la medida en que ésta sea más fluida en la empresa –tanto ad intra entre sus diversos componentes, como ad extra, respecto de los diversos factores externos–, los directivos podrán acertar más en sus decisiones. Como las nuevas tecnologías facilitan el veloz traspaso de información[39], hay que tenerlas en cuenta, porque “sin intercambio de verdades no hay organización, ni en el nivel directivo ni en el ejecutivo”[40]. La información debe anteceder a la decisión y ésta a la ejecución[41].

       El estudio favorece la resolución de los problemas. Al igual que la primera tarea de un médico ante un enfermo es el diagnóstico de la enfermedad, lo primero a realizar por parte del directivo es determinar el problema de la empresa: “el nivel directivo sirve, ante todo, para determinar los problemas que deben solucionarse; si no hubiera problemas, no haría falta dirigir. El primer objetivo del trabajo en equipo es la discriminación, el diagnóstico. Una vez determinado el problema, hay que sentar qué solución se adopta. Ahora bien, se ha de tener en cuenta que la solución de un problema práctico no es única, sino que se caracteriza por lo que se suele llamar alternativas. Al decisor, después del diagnóstico, se le presentan alternativas… Las alternativas se criban para ver cuál es la mejor. Solamente después de esto puede tomarse racionalmente una decisión”[42]. Son mejores las que ofrecen más posibilidades, y peores las que cierran más.

       Todo problema tiene solución (aunque algunas veces no se encuentre), pues de lo contrario no se formularía como problema. Hay que ver los problemas como retos que nos permiten mejorar, pues si nos enfrentamos a ellos mejoramos, y si además los solucionamos, mejora la empresa. Eludir sistemáticamente los problemas equivale, como es obvio, a no solucionarlos, y denota incompetencia en la dirección. Se puede formular la siguiente tesis: en la medida en que los problemas sean mayores, se debe capacitar más al personal. Este extremo se puede atender, sobre todo, cuando la competencia externa es fuerte.

       Con todo, ante los retos con que se enfrenta la empresa no sólo hay que formar el conocimiento de los trabajadores, sino también educar su voluntad (virtudes), y fomentar su motivación[43]. Por lo demás, la formación no termina nunca, pues “siempre es escaso el saber que se posee; una tarea del directivo es aprender a aumentarlo”[44]. Dirigir es un saber práctico que también se aprende, y este aprendizaje nunca se detiene, pues –como toda actividad vital– o crece o mengua[45].

 

5. Las virtudes

 

       Aludamos ahora a algunas virtudes centrales que debe adquirir y fomentar el directivo: responsabilidad, prudencia, justicia, fortaleza, templanza y veracidad.

 

a) Responsabilidad. Todo hombre es autor de sus actos y, por lo mismo, responsable de ellos[46]. Como hombre, debe responder con actos humanos y humanizantes. Como persona distinta que es, sus actos deben ser personales y personalizantes. No son equivalentes ‘lo personal’ y ‘lo humano’, pues ya se ha indicado que persona equivale al acto de ser, distinto en cada quién, mientras que lo humano pertenece al ámbito de la esencia, que es común al género humano. Quien evade la responsabilidad, por un lado se deshumaniza y deshumaniza a los demás; y, por otro, se despersonaliza y despersonaliza a los demás; y, consecuentemente, sus acciones son carentes de sentido humano y personal. Las dos dimensiones precedentes aludidas, la humana y la personal, no son iguales o equivalentes, sino realmente distintas, pues se refieren a dos niveles diferentes que existen en el hombre: lo humano está en el plano del tener; lo personal, en el del ser. Como lo personal es superior a lo humano, es peor la despersonalización que la deshumanización. Además, la primera es origen de la segunda.

       De no tener en cuenta que cada quien es responsable de sus actos, se incurre en errores éticos tales como el positivismo ético, que niega la libertad y la responsabilidad personales de muestras acciones, porque considera que el modo de actuar humano es automático, necesario[47]. Asimismo, se puede incurrir en el consecuencialismo, que mide el bien o mal de las acciones realizadas sólo por las consecuencias positivas o negativas que de éstas se derivan. Y también el hedonismo, que se deja llevar siempre por las soluciones más fáciles y placenteras, sin tener en cuenta si las acciones realizadas tienen más o menos sentido racional (normas) y prescindiendo también de la mejora en la voluntad (virtud) de quien actúa[48].

       El factor que inhibe el actuar es el miedo, pero toda actuación humana comporta riesgo[49]. El elemento que impulsa a dejarse llevar por las consecuencias es siempre utilitarista, pragmático, monetario, pero éste pierde de vista que los bienes humanos son superiores a los crematísticos. La causa que favorece el dejarse llevar siempre por lo placentero es la falta de virtud de la voluntad. Quien está influido por el miedo no actúa, y quien de deja arrastrar por el utilitarismo y hedonismo actúa débilmente. Él primero es un error al que los moralistas llaman ‘de omisión’; a los otros los denominan ‘de comisión’. Como se ve, estas faltas comportan una visión empobrecida de la actuación humana. Junto a lo que precede no se olvide que el directivo no debe mandar en solitario. Por tanto, “la responsabilidad del directivo se extiende a la buena marcha de su organización y al desarrollo de sus colaboradores, porque un auténtico directivo no entiende a los miembros de su organización como empleados o asalariados. El gran ideal de un directivo es la colaboración”[50].

 

b) Prudencia, justicia, fortaleza y templanza. “La prudencia es la virtud directiva y, por tanto, es también la virtud del directivo. Para un hombre que tiene que afrontar riesgos y asumir responsabilidades, es imprescindible también la fortaleza. También la justicia es imprescindible para el buen funcionamiento de una organización, sobre todo si se entiende como justicia distributiva, es decir, como ‘meritocracia’: al que mejor desempeñe una función es a quien se le debe dar el cargo o la tarea”[51]. La prudencia es un hábito racional, en concreto, una perfección de la razón práctica. Las demás, son virtudes de la voluntad. Son requisitos racionales previos para ser prudente, por un lado, saber deliberar sobre las alternativas, es decir, sopesar los pros y contras de cada una de ellas; por otro, saber juzgar en lo práctico (incluso en casos excepcionales) saber destacar la mejor alternativa de entre las demás; y en tercer lugar, saber imperar la acción, es decir, poner en práctica con determinación el proyecto. Por su parte, la justicia es una de las virtudes superiores de la voluntad, sólo culminada por la amistad. Consiste en retribuir a cada quién según su mérito. Para ejercerla, se requiere poseer las demás virtudes, sobre todo, la fortaleza y la templanza. 

       En la empresa, la fortaleza se practica si se persiguen con constancia grandes ideales a largo plazo, o sea, si se va a la caza de bienes arduos, difíciles, poco accesibles. Desde luego, para ello se requieren motivos muy fuertes. Ante los problemas, es fuerte –según Polo– quien responde con la autocorrección, con un ataque razonable y quien resiste con una paciente o serena contrastación (¡fuera nervios!) entre la realidad y sus capacidades[52]. “Para resistir al mal no hay más que un procedimiento: ahondar en los principios. El que carece de convicciones profundas no puede resistir al mal. Ante el mal lo que hay que hacer es resistir”[53]. Esa serenidad comporta, sin duda, sufrimiento, una realidad oscura que es ley de vida y de la que nadie está inmune. Con todo, la vive mejor el fuerte que el fanático o el cínico. La fortaleza se muestra más en resistir que en atacar. No siempre se debe atacar (como piensa el fanático), y nunca se debe ‘pasar’ (como piensa el cínico)[54].

       Es claro que “para ser fuerte hace falta ser templado. El que se destempla pierde la fortaleza. La templanza contempla las motivaciones humanas, los deseos: ¿a qué tiende el deseo humano? Lo característico del deseo es que va dirigido a la satisfacción… El deseo pretende la satisfacción inmediata, establece, por así decirlo, un arco entre el anhelo humano que pretende ser simultáneo. Los deseos no esperan… Por tanto, si no se controla el deseo, no se puede ser fuerte, no se puede adoptar una actitud ante lo arduo… El fuerte pospone la satisfacción. El que se enfrenta a lo arduo, se enfrenta justamente con lo que directamente no es satisfactorio… Los deseos se pueden satisfacer inmediatamente, son de muy poca entidad. Por eso el hombre que cede al régimen funcional de los deseos pierde algo más importante: el gozo. Por eso el hedonista no es un ser alegre. El hedonismo es una pérdida de capacidad de fin… Además, el gozo puede aumentar; en cambio, el placer no… El que se conforma con el placer juega a perder. El que cede a los deseos es un hombre desmoralizado, sin tono vital. Un deseo humano es huir de las dificultades. Lo hedónico huye del displacer”[55].

       En suma, la templanza es la virtud que controla los deseos sensibles de acuerdo con el conocimiento humano, que no es exclusivamente sensible. Quien no controla sus deseos, no puede gobernar bien (humanamente) una empresa, pues quien no los controla, más que aportante, es consumidor, lo cual no sólo es contrario a la índole de la empresa, sino también a la de la persona. Manifestaciones de falta de dicho control son: en la razón, la carencia de inventiva; en la voluntad, la debilidad; en la persona, la soledad, aunque se trate –como dice Polo– de “la soledad de dos en compañía”[56]. Un placer más sutil que el sensible es el del prestigio (que afecta en buena medida a los profesores universitarios: los empresarios de dicha institución), pero éste “no se puede alcanzar de modo inmediato, rodeándose de signos externos. El prestigio se logra con lo mejora personal”[57]. Es característico del directivo ser líder, pero “el líder no practica el ‘amigüismo’ ni ninguna forma de favoritismo o de acepción de personas. Cada uno debe estar en el puesto para el que sea más apto, y también a cada uno hay que exigirle que aporte, que subordine su actividad a los intereses generales, eso es lo que se suele llamar justicia legal. La justicia distributiva tiene que ver con personas. Hay que buscar el puesto para el que cada quien es más apto, pues no se puede premiar la incompetencia”[58]. Cambiar con ligereza a los profesores de asignatura y a los trabajadores de puesto denota unas veces envidia, otras soberbia, otras irresponsabilidad (es irresponsable jugar con las personas como con peones de ajedrez), y siempre ignorancia personal, humana y profesional. No se puede favorecer la mejora de la empresa con tales medidas si éstas son penosas para las personas que los sufren. Además, si se procede a aplicarlos sin previa consulta con los incausados tal actitud es siempre injusta, sencillamente porque es impersonal y despersonalizante. En suma, si las medidas son subjetivas (de uno o muchos) y atentan contra la verdad objetiva, acarrean la disolución de la institución.

 

c) Veracidad. “Corresponde al directivo encargarse de aumentar la coherencia entre los hechos y las palabras y encontrar procedimientos para conseguirlo (empezando por él mismo). Esto nos introduce de nuevo en el tema de la comunicación: cómo juega la comunicación en la acción y qué añade el dirigir a la comunicación”[59]. La veracidad es superior a la prudencia, puesto que la supone. En efecto, tras saber deliberar pacientemente (eubulía), tras saber destacar entre alternativas (synesis) –incluso en casos excepcionales (gnome)–, y tras saber imperar con presteza y constancia la ejecución de la alternativa destacada (prudencia), hay que saber transmitir a los demás el propósito o proyecto realizado (veracidad), pues de ese modo el bien personal puede participarse en común. No se trata sólo de ‘transmitir’ la resolución, sino de ‘saber’ transmitirla, es decir, de manifestarla de modo que se convenza racionalmente a los demás de que la proyectada es la mejor posibilidad. “El directivo tiene que conjugar dos actitudes muy diferentes: por un lado la veracidad le obliga a encarar los asuntos que lleva entre manos de modo objetivo, sin teñirlos con un punto de vista demasiado subjetivo; pero, por otro lado, en una institución en marcha, lo anterior es solamente la mitad: la otra es la determinación de los objetivos, y para eso no hay más remedio que comprometer la subjetividad: qué queremos hacer”[60].

 

6. Los objetivos

 

       Ser empresario significa emprender. “¿Vale la pena ser empresario? Respuesta: es lo único que un hombre de verdad puede hacer en este mundo: emprender. ¿Se puede ser empresario de otra manera que así? No. Y eso, en cualquier orden de cosas: en la familia –la familia es una empresa–, en la universidad, en la empresa económica que tiene una producción de cara a un mercado, que es regulativo, que representa una suma de necesidades humanas a las que se responde con una producción”[61]. El hombre es emprendedor por naturaleza, porque es proyecto de futuro. Pero para emprender deben trazarse objetivos. A la par, todas las instituciones que puede formar el hombre deben tenerlos. Así, la familia es una empresa cuyo objetivo son los hijos; la universidad es una empresa cuyo objetivo es el desarrollo del saber superior. Y asimismo las agrupaciones productivas son empresas cuyo objetivo es la oferta de productos que sirvan a la mejora de la sociedad[62].

       “Como es claro, los objetivos constituyen un punto de referencia para la visión directiva; el que no tiene objetivos es mal sintetizador; los distintos aspectos se reúnen en orden a un proyecto; en el ámbito de la acción es así. Si no se sabe qué se quiere, toda información o comunicación es inútil. El directivo tiene que saber lo que quiere”[63]. Sin saber el fin, de poco sirven los medios. No conviene dar por supuesto que los directivos de una universidad, de una empresa, de un estado, etc., saben cuál es el fin tales instituciones. Que no se sabe se manifiesta cuando no se piensa en el fin, cuando se considera que caben multitud de fines todos legítimos, cuando se acepta uno sin previa fundamentación, cuando se tiende a copiar modelos estandarizados en instituciones análogas sólo por su prestigio o reconocida fama, etc. Si se supieran los fines y se hicieran valer, tales instituciones no atravesarían hoy la lamentable crisis que las caracteriza. Por lo demás, los errores de los directivos siempre son de más graves consecuencias para todos que los de los trabajadores.

       Conocimiento escaso (siempre es escaso el de quien cree tener mucho) y exceso de voluntarismo comportan la ruina de las instituciones, a la par que denotan la poca valía humana de los directivos. “Como para el directivo el propósito o el proyecto es el gran aglutinante, lo que le permite la síntesis, es menester que el directivo vea sus proyectos con desasimiento: los proyectos tienen que ser pensados objetivamente”[64]. ‘Objetivo’ se opone a ‘subjetivo’. El directivo debe convocar a los demás para conseguir un objetivo común, no para que se adhieran a su persona o a su criterio; debe mirar hacia el futuro más que hacia sí, pues su tarea es proyectiva, no subjetiva. Si su mirada es individualista, no descubre alternativas[65]. Sin alternativas, se reduce la actividad. La permanencia en esta situación acarrea la ruina. Al descubrir alternativas se abre la posibilidad de innovación, y eso indica madurez, pues lo propio de la edad infantil es la imitación, la repetición.

       Son buenos objetivos los que son factibles, es decir, aquellos a los que se les puede asignar los recursos disponibles para lograrlos. No son buenos objetivos los irrealizables con las personas y los recursos de que se dispone. “Un buen directivo es el que acierta al asignar recursos. En una época tan acelerada como es la nuestra se percibe que la correcta asignación de recursos requiere su coordinación. Aunque el capital sea un factor incrementable, y especialmente susceptible de asignación alternativa, con él no se agota el tema de la asignación. En los seres humanos hay una dimensión todavía más significativa: los recursos humanos, los colaboradores, pueden mejorar o empeorar según se empleen”[66]. Asignar recursos a los objetivos implica saber actualizarlos, es decir, materializar la idea, realizarla. De otro modo: tras proponer los fines, hay que saber decidir sobre los medios para que éstos permitan la consecución de aquéllos[67]. Tal saber conlleva el respeto a los medios, el usarlos atravesándolos de sentido humano y personal.

 

7. La acción de gobierno

 

       “Mandar es equivalente a ordenar. Pero la palabra ‘ordenar’ tiene varios significados: el primero de ellos es ‘emitir órdenes’. El que manda ordena en el sentido de obligar a hacer. Se manda hacer a agentes libres emitiéndoles órdenes… El segundo aspecto es que ordenar significa establecer un orden, coordinar, armonizar varios elementos. Esto es seguramente el aspecto más profundo, en definitiva, el fin que se consigue cuando se manda o el primer objetivo que se tiene que proponer el que manda. Se emiten órdenes precisamente para establecer una organización, para conseguir que funcionen de modo conjunto una serie de factores. El lograr que una serie de factores se unifiquen dinámicamente es ordenarlos”[68]. En la acción de gobierno intervienen muchos elementos, pues la acción humana es el puente que vincula dos tipos de realidades, a saber, unas que son superiores a ella: las propias de la inteligencia y de la voluntad; y otras que le son inferiores: las naturales y culturales de la realidad externa.

       Por tanto, “ordenar es coordinar. Al coordinar todos los elementos que entran en la coordinación resultan beneficiados. Si no es así, si algo de lo que se pone en marcha o algo que tiene que ver con la actividad que se impulsa es perjudicado por esa actividad, entonces esa actividad no es ordenada y eso es justamente lo que se llama efecto perverso”[69]. Actualmente las disfunciones o efectos secundarios que origina el mando son abundantes (problemas de salud humana física y psíquica, problemas ecológicos, etc.). Nótese que nuestro mundo cultural es cada vez más interrelacionado. Por tanto, la acción de gobierno debe tener en cuenta esa interconexión. Por eso, si no sabemos con seguridad qué va a suceder con nuestras acciones, ante la duda, es mejor no actuar.

       Una orden de mando es, ante todo, un acto racional. Por eso debe estar bien pensada y dirigirse a los demás de modo que pueda ser bien entendida. “Emitir una orden es dirigir una instrucción a quien tiene que ejecutarla. Emitir una orden propiamente no es un acto de la voluntad. Puede parecer que mandar es un acto voluntario, pero no, pues emitir una orden es dar un mensaje, tiene carácter informativo y, por lo tanto, es una obra de la razón”[70]. No se sabe mandar si lo que se dice no es realizable. Si la orden no es entendida, carece de eficacia. Por eso decía Aristóteles que se manda sobre hombres libres, pues mandar a esclavos carece de interés, ya que éstos actúan maquinalmente, sin comprender la orden y sin hacerla suya. En suma, ordenar supone saber tras haber pensado mucho, y saber transmitir lo sabido de modo que sea aceptado más en virtud de la verdad sabida que de quien la transmite. Sin esto, ordenar decae en voluntarismo.

       Sin comprensión de las órdenes, en su cumplimiento se tiende a rebajar el contenido. Sin comprensión (como sucede en los animales) la capacidad de ejecución de órdenes es pobre y lo es también el fruto de la acción tras su cumplimiento. Por eso, como las órdenes se dirigen a seres libres, inteligentes por tanto, hay que contar con la capacidad creativa y la libre iniciativa de cada quién. Molestarse por ello indicaría poca amplitud de miras por parte del directivo; en el fondo, no reparar suficientemente en que se gobiernan personas[71], pues “las órdenes no suelen cumplirse tal como son emitidas. Siempre hay una diferencia, primero, entre el contenido de la orden tal como es pensada de antemano y lo logrado comunicar por parte del que emite una orden, y segundo, entre el modo como esa orden es emitida y cómo es aceptada y ejecutada”[72]. Hay que tener mucha paciencia para que las verdades manifestadas sean vitalmente asumidas. Con todo, si el problema es que no se quieren aceptar, a falta de aceptación sobra el dar. En tales casos hay que plantearse con calma la posibilidad de dejar de dar, es decir, de prescindir del ‘trabajo’ de quien no acepta (sea directivo o trabajador).

       “Es señal de que la orden es buena, y de que los ejecutores están en buenas condiciones para cumplirla, el que la diferencia entre lo que se mandó y lo que resulta sea positiva. Cuando a un señor se le manda hacer algo y sale algo más de lo que se mandó, entonces es señal de que la orden estaba bien dada y que el ejecutor de la orden era apto para realizarla. Lo que no se puede pedir es que la orden sea cumplida exactamente en los mismos términos en que se dio. Eso es imposible con hombres libres. En rigor, sólo tiene interés mandar hombres libres, y aquí justamente se ve la libertad”[73]. Así como la acción de gobernar es libre, también lo es la de obedecer. Y, por serlo, es inteligente, pues una libertad sin conocimiento no es tal. Cuando la orden es correcta, si lo que sale sistemáticamente tras su emisión es un juego se suma cero o negativa, ello indica que se debe prescindir de dicha resta, pues una de las reglas del juego es que se juega para seguir jugando, no para aniquilar el juego.

       En correlación con lo indicado, cuanto más libre es el directivo, con más contenido son sus órdenes. Asimismo, cuanto más libres son los trabajadores, más iniciativa personal ponen en su cumplimiento. Se comprende, pues, que los padres que son tiranos tengan hijos pusilánimes; que la educación que inhibe la investigación sea lenta y recesiva; que los gobiernos dictatoriales imposibiliten la iniciativa privada; que un mercado gubernamentalmente dirigido conlleve poca oferta, etc. En suma, “un sistema de mando unilateral es un sistema de mando dirigido a esclavos y, por lo tanto, es absolutamente incapaz de competir”[74].

       Los factores de la acción humana son –según Leonardo Polo– cuatro: el fin, el motivo, el hacer y el conocer. El fin son los objetivos o resultados que se buscan. El motivo es el impulso que pone en marcha la acción, la iniciativa que cuenta con los recursos. El hacer es la actividad humana eficaz o transformadora de la realidad, la intervención práctica que altera los procesos; es lo que en el lenguaje ordinario se denomina ‘ponerle patas a las ideas’. La acción vincula el motivo con el fin u objetivo y, a su vez, el conocer, el proyecto trazado con la mente. El conocer es el factor más importante de la acción, pues se debe actuar cuando se sabe, y cuando no, se debe omitir la actuación. La acción media entre lo intemporal (el conocer racional y los motivos volitivo-personales) y lo temporal (los productos). En suma, la acción de gobierno es el orden práctico que el directivo introduce en su empresa de acuerdo con el fin de ésta, llevándolo a cabo con la motivación y el conocimiento.

 

8. El dinero: trabajo en potencia

 

       El dinero no es fin, sino medio. Como tal se puede emplear para diversos fines. Todo lo que es medio respecto de un fin es inferior al fin. A su vez, los fines son diversos entre sí. Como en la realidad no todo tiene el mismo valor, la distinción entre los fines será también jerárquica. En efecto, no es lo mismo usar el dinero para satisfacer los deseos placenteros individuales que para generar más trabajo para la empresa o de cara a favorecer el bien común. La pregunta pertinente ahora para nuestro tema es: ¿cómo debe usar el dinero el directivo? Para Polo, “el dinero, en esencia, para un señor que manda es esto: aquello que cuando se tiene posibilita el trabajo, es decir, el dinero que se tiene o que se recibe es trabajo en potencia. Cuando el dinero se emplea en el trabajo tiene una rentabilidad, es decir, el dinero se repone en ese mismo momento”[75]. En épocas de crisis hay que acordar con todos los miembros de la empresa (directivos y trabajadores) la reducción de los salarios a la par que el incremento de formación, no el recurso a los despidos.

       “El primer cometido del capital es convocar al trabajo, es hacer trabajar, pero bien entendido, de tal manera que ese dinero siempre se transforme en trabajo potencial, es decir, que asegure la supervivencia del trabajo. Ése es el sentido estricto de la palabra inversión. La inversión es aquella función del dinero según la cual del trabajo en potencia se pasa al trabajo en acto, y del trabajo en acto se pasa otra vez al trabajo en potencia. Por eso, se puede decir que uno que manda es aquel que respecto del dinero no tiene la misma mentalidad de los procesos tecnológicos”[76]. Ese es el primer cometido del dinero, pero no el último, porque superior al trabajo de los trabajadores es el bien común suyo, el de sus familias y el de la sociedad, y este bien no se reduce a dinero, a productos materiales y a trabajo, sino que es, sobre todo, de índole humanizante: la adquisición de hábitos intelectuales y virtudes en la voluntad. En este sentido, el dinero tiene sentido ético[77]. En caso contrario, tiene exclusivamente un sentido pragmático.

       Si el dinero no sirve para generar lo superior a él, sino que se toma como fin, o con él se da lugar a lo que le es inferior, se genera deuda y recesión: “si el dinero se emplea de otra manera…, entonces se produce entropía económica. Por eso el dinero es algo que está íntimamente asociado al mando. Como el mando es una actividad no unilateral, en consecuencia, no rígida, el que manda tiene que tener en cuenta la supervivencia de un grupo de seres humanos y un conjunto de recursos más amplio, a cuyo servicio está. Cuando esta serie de cosas se tienen en cuenta y se funciona de acuerdo con ellas, entonces se puede decir que existe una empresa, esto es, que se ha emprendido una tarea, que se ha comprometido a otros en la misma, y que se está dispuesto a mejorarla y a mantenerla”[78]. Por eso una época de crisis obedece a que el dinero se ha usado con fines hedónicos. El dinero es trabajo en potencia, pero por al dinero le cabe todavía una finalidad superior: la de servir al bien común, el cual –como se ha indicado– no es la mera suma de los bienes materiales y monetarios de una colectividad. Atendamos, por último, a su índole.

 

9. El servicio al bien común

 

       En la persona dar es superior a recibir. Mandar es ofrecer, dar. Pero dar es segundo respecto de aceptar. Uno da y se da en la medida que acepta a los demás como personas distintas y en la medida en que lo aceptan como persona novedosa. Sin aceptación no cabe donación. El mejor modo de servir a una persona es aceptarla. Como dar sigue a aceptar, al dar se sirve a los demás. Por tanto, mandar es servir a los otros.

       Si el fin del directivo es servir, el de la empresa también lo es. Si la empresa produce dinero, éste debe ponerse al servicio del bien común, como los productos que produce. Estos serán mejores en la medida en que faciliten más el bien común de los ciudadanos. De manera que “lo primario, lo más importante es el servicio. No se puede decir que una empresa por el sólo hecho de querer servir esté ya sirviendo, tiene que estar en el ánimo de la gente que trabaja en la empresa que el beneficio sólo se justifica en el servicio, y que éste no estriba sólo en beneficio. El servicio es una actitud efusiva, que tiene una gran influencia en el modo en que se busca y se aprecia el beneficio. No se deben hacer cosas que beneficien a la empresa pero que son perjudiciales socialmente. Desde el punto de vista del beneficio el narcotráfico, por ejemplo, cumple el fin posesivo, es un negocio muy rentable, pero desde el servicio no”[79].

       La persona es oferente, donación. Lo que da es más don en la medida en que éste es más humanizante y se extiende a más hombres, es decir, según que pueda ser aceptado por más personas, pues el dar está en función del aceptar, no a la inversa, ya que la aceptación es superior, más activa y personal, que la donación. Si se ofrecen bagatelas, es porque se acepta poco e impersonalmente. Esto indica que en la medida en que el beneficio de la empresa es unilateral (afecta sólo o principalmente a algunas personas) es más injustificable. Por eso, “adquirir y poseer es algo que se debe controlar. Si se entiende que sólo es sujeto de beneficio una parte de la empresa, entonces ya estamos descontrolando, pues es difícil decir que se esté sirviendo a la sociedad. Al empresario que ve los salarios únicamente en el capítulo de gastos o de costos, hay que decirle que está dominado por el afán posesivo y, en consecuencia, que no sirve para gobernar. ¿Cuál es el control del impulso de posesión? El afán de crear y de compartir. Esto es lo mismo que decir: compartir es abrir ámbitos de compatibilidad. La templanza es el control en el poseer. Si no se crea, no se sirve a la sociedad, si no se comparte tampoco”[80]. Un empresario sin afán de compartir desconoce que en su intimidad es coexistencia, es decir, tiene una visión de la persona como si de un ‘individuo’ se tratase. Por eso se ve a sí en solitario, pero la soledad es la negación de la persona, y su árido fruto, la tristeza. 

       Se puede organizar una empresa para producir muchas cosas, pero no todo producto sirve igualmente a la sociedad, pues unos humanizan más que otros, y algunos deshumanizan. Por eso, “se debe aspirar a ampliar los productos compartibles. Aquellos que tienen incorporado más contenido de saber. Es más compatible un libro que un filete asado. El afán de crear y compartir aproxima a la función de gobierno. Afán de crear, afán de inventar. Eso es un afán efusivo. Si hay afán de crear, también hay afán de compartir. Por lo tanto, cuando se comparte también uno es templado”[81]. El compartir es manifestación de la generosidad personal y evade el egoísmo. La generosidad, de modo semejante a la humildad, no son virtudes de la voluntad, sino perfecciones íntimas de la persona.

       Si el empresario no tiene como fin el bien común, buscará el dinero o la fama, bienes útiles que la empresa puede facilitar. En el primer caso comprometerá el trabajo futuro de la empresa; en el segundo, arriesga la integración de los que forman parte de ella y, por tanto, la empresa misma. Estos deseos posesivos imposibilitan el bien común y, a la larga, favorecen el subdesarrollo, porque provocan la falta de confianza con respecto a la clase dirigente. Téngase en cuenta que la causa del subdesarrollo de los países que lo padecen no radica en la falta de materias primas, de medios de producción, de mano de obra, etc., sino en la mentira, pues cuando se miente demasiado nadie se fía de nadie y el bien común no comparece[82]. Otro tanto se puede decir respecto de las crisis en los países desarrollados: sus crisis denotan deshumanización y despersonalización, que a la larga los sumen en vías de subdesarrollo. “En suma, servicio a la sociedad, afán de crear y compartir, realización de principios, tener en cuenta los efectos secundarios e integración son el modo de controlar los deseos posesivos, tal como debe ser llevado o cabo por los empresarios”[83].

 

Conclusiones

 

       Del estudio de la obra Filosofía y economía de Leonardo Polo, que compendia diversos cursos impartidos por él en diferentes escuelas de gobierno, se pueden sintetizar los siguientes puntos que convienen ser tenidos en cuenta por parte del directivo:

 

1º. Ser consciente que manda a personas. De ellas conviene saber que todas guardan unas afinidades manifestativas que pertenecen a lo común del género humano, pero que cada una de ellas es distinta, novedosa, irrepetible e irreductible a lo común del género humano; esa irreductibilidad conforma a la persona que se es. Es pertinente ahondar, por tanto, en el conocimiento de lo común y, asimismo, de lo personal.

 

2º. Ocuparse de formar equipo, es decir, buenos colaboradores, a fin de evitar el gobierno en solitario.

 

3º. Buscar competentes sucesores en el cargo de gobierno, a los cuales hay que formar con tiempo, con calidad y constancia.

 

4º. Formar a los demás componentes de la empresa; formación que tiene varias dimensiones: la racional (en hábitos intelectuales), la volitiva (en virtudes) y la práctica (en el saber hacer).

 

5º. Acrecentar las virtudes en sí y en los demás, en especial: responsabilidad, prudencia, justicia, fortaleza, templanza y veracidad. La corona de todas ellas es la amistad.

 

6º. Trazarse unos objetivos realizables: ‘grandes ideales a largo plazo’.

 

7º. Cuidar que la acción de gobierno tenga de modo apropiado estos elementos: el fin, el motivo, el hacer y el conocer.

 

8º. Considerar el dinero como trabajo en potencia.

 

9º. Servir al bien común, que consiste, sobre todo, en la mejora humana (hábitos y virtud) de los componentes de la empresa.

 

 


LA POSIBLE Y DISPAR AYUDA ENTRE FILOSOFÍA Y ECONOMÍA EN RELACIÓN CON ALGUNOS PROBLEMAS BÁSICOS DE LA TEORÍA ECONÓMICA ACTUAL

 

Ignacio Falgueras Salinas - Ignacio Falgueras Sorauren

 

I. Introducción

 

       Si existen dos saberes a primera vista discordes o por completo separados en las direcciones de sus temas y métodos ésos son la filosofía y la economía. La filosofía es búsqueda pura y desinteresada de la verdad, la economía es la administración práctica e interesada de los recursos humanos escasos para aumentar la riqueza. Filosofar es, como dice Leonardo Polo, «pararse a pensar», y pararse significa dejar de hacer, detener la acción, dedicando toda la atención al pensamiento[84]. Hacer economía significa dedicar toda la atención a una actividad práctica que tiene que ver directa o indirectamente con el problema de la subsistencia, procurando el máximo rendimiento con el mínimo gasto.

       Es evidente, sin embargo, que existen puntos de contacto entre la filosofía y la actividad económica. Por un lado, es cierto aquello de «primum vivere, deinde filosofare»[85], es decir, lo urgente es vivir, filosofar es una tarea supererogatoria o lujosa. De lo que se deduce que la economía se requiere para poder filosofar, aunque sólo como conditio sine qua non, de ningún modo como principio positivo que dirija algún paso o contenido filosóficos; antes al contrario, para filosofar es preciso desprenderse de toda preocupación o interés práctico. Ahora bien, si la filosofía no puede desarrollarse, en cuanto tal, más que cuando se despreocupa de todo problema práctico —lo que supone tener resuelto de algún modo el problema de la subsistencia—, entonces todo su curso se recorrerá dejando al margen lo propiamente económico. Y, también al revés, puesto que se despliega antes y sin ser tenida en cuenta, la actividad económica no resultará influida por la filosófica: el teorizar filosófico no produce nada útil. De manera que, el primer punto de contacto entre la actividad económica y la filosofía, es más bien un punto de separación, requerido por la filosofía como previo, pero solamente lo necesario para desentenderse de él.

       Mas, por otro lado, la actividad filosófica, dentro de su abstención acerca de toda positividad práctica y económica, puede tematizar desinteresadamente la economía. La atención a los problemas que lleva consigo la comprensión de la realidad induce a la filosofía a marginar los problemas individuales y relativos a la propia subsistencia, pero no a los que exige la comprensión de la verdad, entre los cuales se incluye la propia actividad económica. De modo que, sin intervenir en su hacer, la filosofía puede dedicar parte de su esfuerzo a conocer temáticamente la economía, no para obtener beneficios, sino sólo para alcanzar el conocimiento de su verdad. Éste es el segundo punto de contacto entre ambas, que es un punto de unión, pero hecho posible únicamente desde el método filosófico, que respeta por completo la índole de lo económico al fin exclusivo de comprenderlo.

       Queda patente, así, la dispar ayuda que se ofrecen mutuamente la actividad económica y la filosófica. La filosofía puede ayudar a la intelección de la economía, es decir, teóricamente, mientras que la economía ayuda a la filosofía prácticamente, y sólo prácticamente, para que pueda olvidarse de todo problema práctico y dedicarse a la búsqueda de la verdad pura. Es tal la disparidad entre ambas ayudas que no parece posible considerarla, propiamente, como una vinculación positiva entre ellas, o dicho con terminología de Leonardo Polo (1999, 164 ss.)[86], una verdadera dualización. Por el lado de la actividad económica es obvio que no existe necesidad vinculante alguna que requiera el concurso de la filosofía para que pueda desarrollarse.

       Sin embargo, la atención de la filosofía hacia la actividad económica en busca de su comprensión sí puede ser descrita como una dualización, pues dualizarse sólo implica el desdoblamiento de una actividad por referencia a otra que, en su respecto, puede o bien quedar inalterada, o bien ser puramente pasiva[87], aunque  también, en algunos casos, pueda ser desigual y dualmente activa. En la relación que estudiamos, la filosofía es la única que se dualiza con respecto a la actividad económica, pues aun siendo extraña a ella, su método es tan amplio —la búsqueda pura de la verdad— que puede desdoblarse unilateralmente y, sin salir de su propio ejercicio metódico, atender a la verdad real sobre la que se sustenta la economía[88]. Tal dualización es una vinculación donal que ejerce sólo el polo superior de la actividad dualizadora hacia el otro polo inferior, pero sin salir de su propio operar, que es un operar inmanente. Naturalmente, la dualización de la filosofía con la actividad económica no ayuda, en principio, a ésta a ser más eficiente, sino sólo a que el hombre que hace economía comprenda mejor tanto su actividad como a sí mismo.

       Aparte de lo recién indicado, y en la línea de su método, la filosofía ha incentivado, además, la aparición de las ciencias, es decir, de aquellos modos del saber que buscan la certeza demostrativa. Sin la filosofía no habría nacido la ciencia, porque para demostrar hace falta partir de unos principios, y sólo la filosofía busca y conoce los primeros principios reales de todas las cosas, los principios de todos los principios. Tales primeros principios reales se cumplen siempre en el mundo, y, aunque los usen, pasan generalmente desapercibidos tanto a las ciencias como a los demás saberes. Toca a la filosofía conocerlos, pero el conocerlos no cambia nada en el mundo, porque, como he dicho, ellos se cumplen siempre. Imitando, por su parte, a la filosofía, las ciencias buscan los principios propios de una región del saber, aquella de la que cada una se ocupa, para, a partir de ellos, poder establecer sus demostraciones o conocimientos ciertos. Por consiguiente, en su relación con las ciencias, la filosofía se comunica con disciplinas que han nacido de su propia inspiración y la imitan, por eso cabe esperar la posibilidad de una dualización mutuamente activa[89] entre las ciencias y la filosofía, ya que unas y otra buscan principios reales, aunque de diferente alcance: la filosofía busca los primeros principios reales de todo el saber sobre el mundo, mientras que cada ciencia busca los primeros principios de su saber concreto[90]. No acontece así con la técnica, que es un saber más primitivo que la filosofía y no busca ningún principio primero, sino —todo lo más— las aplicaciones de los principios. Por donde surge un notable problema precisamente con la ciencia empírica moderna, la cual se basa en la utilización conjunta de técnica y ciencia, por lo que en parte admite la dualización activa con la filosofía, en parte no.

       Pues bien, considerada más como un arte (o técnica) por los antiguos y medievales, sólo tardíamente en la modernidad se ha desarrollado la Economía como ciencia. En su propio estatuto la ciencia económica contiene la mezcla de técnica y ciencia, propia de las ciencias empíricas modernas, por lo que tiende a establecer demostraciones intuitivas, que en realidad retrasan, más que favorecen, su propio desarrollo teórico. Lo cual no impide que haya descubierto ciertas leyes o principios de su saber, que han de ser tenidos en cuenta por la filosofía.

       Si la filosofía puede dualizarse con la ciencia moderna, aprendiendo de ella los datos nuevos que incorpora, y ayudándole a abrirse a su fundamento y a su destino, eso mismo es lo que puede aportar a la ciencia económica: una mejor comprensión de su tema, de sus leyes y de las limitaciones de su método, vistos desde el fundamento y la destinación.

 

II. Conveniencia de la ayuda de la filosofía a la Economía

 

       Una vez clarificada, en líneas generales, la posible ayuda que la filosofía puede prestar a la Economía (como ciencia) la cuestión que abordamos a continuación es la siguiente: en la actualidad, ¿está especialmente necesitada la Economía de dicha ayuda o, por el contrario, puede decirse que dicha colaboración, aunque bienvenida, no es urgente?

       A grandes rasgos, nuestra respuesta es que dicha ayuda es apremiante, porque la ciencia económica actual está sumida en un estado de perplejidad. No obstante, esta apreciación requiere ser precisada en, al menos, dos sentidos. En primer lugar, y para evitar posibles equívocos, hemos de aclarar el uso que hacemos del término «perplejidad» para describir el estado de la ciencia económica actual. En segundo lugar, y dado que en la ciencia económica actual existen distintas formas de entender (y de hacer) la teoría económica,  que cristalizan en distintas escuelas de pensamiento económico, conviene especificar si este estado de perplejidad es aplicable a todas ellas o sólo a algunas (y, en este caso, a cuáles).

 

II.1. Algunas precisiones conceptuales

 

       Comencemos por el segundo punto. En lo que sigue, emplearemos el término «ciencia económica» para designar exclusivamente a la forma de hacer Economía más extendida en la actualidad, la comúnmente conocida como escuela «neoclásica» u «ortodoxa». Por lo tanto, excluimos de nuestra consideración otras escuelas de pensamiento que tienen cabida en la ciencia económica como, por ejemplo, la escuela austríaca o los institucionalistas. Tras esta primera precisión, y dado que, como han señalado algunos economistas[91], la denominación de «neoclásica» u «ortodoxa» – aunque de uso común – no refleja correctamente lo que es la corriente principal de pensamiento en la teoría económica de hoy, conviene afinar aún más el sentido que le vamos a dar al término Economía o ciencia económica. Así, cuando utilicemos el término Economía, vamos a referirnos a la «Teoría Microeconómica» o «Microeconomía» a secas, que es la hija de la teoría neoclásica cuyos orígenes se pueden remontar a los autores marginalistas: Jevons y, principalmente, Walras y Marshall.[92]

       Pasemos ahora al punto primero, esto es: a precisar el sentido en el que usamos el término perplejidad. Entendemos por perplejidad aquella situación en que se encuentra una ciencia cuando al desarrollar su propia metodología cae en contradicciones insolubles y, a la vez, inevitables, lo cual la hace desembocar en su paralización como saber (perplejidad). Aplicamos este término por analogía entre el estado de la Economía actual y aquel en el que cayó Kant al aplicar su método filosófico cuando intentaba resolver los problemas de la cosmología, y cuyo resultado fue la paralización del saber. Como explica I. Falgueras, Kant entró en perplejidad cuando se percató de que con la imitación del método matemático en la cosmología no era posible resolver las antinomias – esto es, pares de proposiciones contradictorias entre sí, que podían ser igualmente válidas por razón de su fundamento, y que surgían al intentar responder cuestiones insoslayables.

       Se trata, por lo tanto, de un uso analógico del término, y como tal debe entenderse: no estamos proponiendo que los economistas se encuentren paralizados en su saber en el sentido de que, al igual que le ocurría a Kant con la metafísica, reconozcan la imposibilidad de dar respuesta a algunas cuestiones insoslayables de la ciencia económica. Al contrario, lo común es encontrar que cada economista en particular propone una defensa del método de la Economía y prosigue con la aplicación del mismo a distintas cuestiones, con mayor o menor (o nulo) éxito dependiendo de qué tipo de cuestiones trate de estudiar. La antinomia aparece cuando nos percatamos de que en el panorama que se dibuja en la teoría microeconómica actual es posible encontrar economistas que sostienen posiciones totalmente opuestas entre sí – y obviamente utilizando el mismo método de la Microeconomía. Es en este sentido en el aplicamos la anterior analogía a la teoría económica: de modo impropio y traslaticio puede sostenerse que la Microeconomía se encuentra perpleja en tanto en cuanto no proporciona a los Economistas los medios para resolver algunas cuestiones cuyo planteamiento es inevitable.

       Una vez hechas estas precisiones terminológicas, la perplejidad en la Economía se puede detectar en al menos dos momentos d, de los cuales procederemos a explicar uno.

 

II.2. La relación teoría económica-realidad.

 

       Cuando los economistas nos planteamos el sentido de nuestras investigaciones, podemos encontrar en el panorama de la ciencia dos posiciones contrapuestas. Por un lado, están aquellos autores que, utilizando modelos construidos según las reglas de la microeconomía, llegan a la conclusión de que este método es lo suficientemente potente como para explicar cualquier aspecto de la vida humana e incluso de la vida animal o de la biológica. En este primer grupo se encuentran aquellos autores que defienden lo que se ha venido a conocer como «Imperialismo Económico», esto es, los que sostienen que la ciencia económica se caracteriza exclusivamente por su método y no por su tema. Exponentes claros de esta forma de entender la economía son Becker y Hirshleifer quienes, entre otras propuestas teóricas, han sido los pioneros de lo que hoy se conoce como el análisis económico de la familia (que estudia desde la Microeconomía las decisiones que se toman en la familia: desde la de fundarla o casarse hasta la de tener hijos), el análisis económico del derecho, el análisis económico de las adicciones, el análisis económico de la religión, el análisis económico del conflicto y la economía biológica o Bioeconomía.[93]

       En el extremo opuesto nos encontramos con aquellos economistas que dudan de la capacidad de la ciencia económica para iluminar siquiera los problemas que tradicionalmente se consideran como propios. Dentro de este grupo encontramos economistas tan destacados como el premio Nobel Wassily Leontief, quien ya en su discurso ante la Asociación Americana de Economía de 1970 se lamentaba de que la ciencia económica estaba perdiendo relevancia, esto es capacidad, para resolver problemas prácticos, como consecuencia de la excesiva matematización y del gusto por la formalización propios de los economistas actuales[94]. Un par de décadas más tarde, quejas similares sobre el abuso de las matemáticas y la relevancia de la teoría económica son formuladas, esta vez, por economistas de la talla de Friedman (1991), Baumol (1991) o Blaug (1998). Además de estos casos de lo que podríamos denominar escepticismo parcial existen casos más extremos que muestran un escepticismo total acerca de la capacidad de la ciencia económica para explicar y entender la realidad. Sirva como un primer ejemplo de estos casos la anécdota personal que cuenta Robert Sudgen (2000) de cómo en los descansos de los congresos de Economía le ha sucedido, en más de una ocasión, que otros colegas le reconocían en privado que lo que hacemos los economistas no es más que un modo de ganarse la vida, pero no sirve para conocer la realidad. Aún más llamativas, y quizás más representativas del escepticismo extremo al que nos estamos refiriendo, son las dudas sobre la relevancia de la teoría microeconómica expresadas por A. Rubinstein en su discurso ante la Sociedad de Econometría en 2004. Dada la relevancia internacional de este autor y la fuerza del texto, merece la pena leer su comienzo:

       “(…) este escrito contiene una pregunta de fondo que me hago de forma obsesiva: ¿qué diablos estoy haciendo?, ¿qué intentamos lograr los economistas teóricos? En esencia, jugamos con juguetes a los que llamamos «modelos». Nos permitimos el lujo de seguir siendo niños durante toda nuestra vida profesional y, además, nos pagan bien por ello. Nos llamamos economistas y el público piensa ingenuamente que mejoramos el funcionamiento de la economía, aumentamos la tasa de crecimiento o evitamos las catástrofes económicas. Por supuesto, podemos justificar esta imagen repitiendo algunos de los eslóganes sonoros y fantásticos que usamos en nuestras propuestas para obtener subvenciones. Pero, ¿creemos de verdad en esos eslóganes? (…). Mi mayor dilema está entre mi atracción por la teoría económica y mis dudas sobre su relevancia”.[95]

       Aunque al final del discurso Rubinstein intenta ofrecer una solución a sus dilemas, dicha solución tampoco deja muy bien parada a la teoría económica, ya que su conclusión es que lo que hacemos los economistas es contar fábulas o cuentos de hadas – que tienen alguna relación con la realidad, pero no se sabe muy bien cuál.

       Resumiendo todo lo anterior, en la Economía se perfila una primera antinomia: se dan respuestas contradictorias a la cuestión inevitable de la validez real del método económico. Por un lado, el imperialismo, o sea, la extensión generalizada del método a cualquier dimensión de lo real; por otro, el escepticismo, o sea, la descalificación del método para conocer ni tan siquiera la realidad económica.

 

III. Un par de distinciones básicas

 

       Una ayuda fundamental que puede aportar la filosofía a los científicos, y más en concreto a los economistas, es la de hacer comprender que el saber humano no es simple, sino dualizante. Ninguna ciencia puede ser ni descrita ni ejecutada por su solo método, sino que requiere para su posibilidad racional como ciencia tener, por un lado, un tema y, por otro, un método propios[96]. Por ejemplo, la Medicina es definida en el Diccionario de la Real Academia[97] como “la ciencia y el arte de precaver y curar las enfermedades del cuerpo humano”. Su tema son las enfermedades del cuerpo humano, su método es, por una parte, científico-experimental (ciencia), y, por otra parte, es arte, el de saber aplicar a cada individuo humano el tratamiento adecuado. Si sólo tomáramos en cuenta el método, quedaría igualada con la Veterinaria, que en el mismo diccionario se define como “Ciencia y arte de precaver y curar las enfermedades de los animales”. La diferencia entre ambas definiciones salta a la vista: la una estudia y trata a los hombres, la otra a los animales. Se diferencian por sus temas, no por sus métodos, que podrían aplicarse igualmente a unos y a otros. El tema es, pues, el área o campo de lo real en el que se inscribe aquello a lo que un saber presta su atención. El método es el modo o enfoque con que se considera o trata ese tema.

       Es un requisito elemental de racionalidad no confundir el método con el tema. Confundir el modo de estudiar con lo estudiado es una demostración de inmadurez en el saber, muy común entre los científicos. Lo estudiado es una dimensión de la realidad, el estudiar es una dimensión del saber, o sea, de aquella actividad que sabe, se sabe y atiende a la realidad. Si estudio las habas, no son las habas las que estudian, sino lo estudiado. Sin embargo, muchos científicos que estudian, por ejemplo, las células o los genes, creen que son las células y sus genes los que estudian y, a la vez, lo estudiado. Pero es obvio que los genes y las células ni estudian, ni hacen hipótesis o experimentos, ni describen a los científicos. Repito: la condición mínima para que un saber sea maduramente riguroso es no confundir la actividad de saber, una de cuyas formas es el aprendizaje, la investigación o el estudio, con lo iluminado por ella. Cuando ambos extremos no se confunden, entonces salta a la vista que el saber no es monolítico, sino que es una actividad que admite muchos modos de despliegue, tanto por el lado de los temas[98], como —más aún— por el lado de los métodos[99].

       En consecuencia, la Economía no puede ser una ciencia sólo por su método, sino que ha de serlo también por su tema. Pretender curar enfermedades con el método económico sería tan insensato como pretender sanear la economía eliminando un lóbulo cerebral a toda la población. Si entendemos por Economía lo que sugiere Robbins, a saber, la ciencia que estudia la mejor manera de asignar recursos escasos a usos alternativos[100], entonces su tema será la escasez de los recursos para satisfacer las necesidades humanas, mientras que su enfoque o método será la administración óptima de los mismos. Para que sea una verdadera ciencia, la Economía ha de restringir sus ambiciones de saber al campo que le es propio, y que, por lo demás, no se deja fácilmente dominar, a saber: la diferencia entre los recursos escasos y las necesidades y deseos del hombre.

       Pero, además, la filosofía puede mostrar que no sólo se han de distinguir los temas de los métodos, y viceversa, sino que los métodos han de acomodarse a los temas, no al revés. No cualquier tema puede ser tratado con cualquier método, antes bien cada tema requiere un modo ajustado de enfocarlo. Esto significa que no existe un único método general para estudiar y comprender todos los temas. Precisamente, ésa ha sido la pretensión de la filosofía moderna, cuyo lema más amplio y ambicioso suena así: «o se sabe todo, o no se sabe nada»[101]. Queriendo saberlo todo, la filosofía moderna esperaba alcanzar su objetivo merced a la generalización del método, o sea, a la obtención de un método único y valedero para todo.

       Al fracaso de las pretensiones de un método único estamos asistiendo en nuestros días. La posmodernidad, aunque ella misma no siempre lo dice así, en el fondo no es más que el reconocimiento de la imposibilidad de entender todas las cosas con un solo método. Hoy se habla mucho de «pluralismo», pero el verdadero pluralismo no puede ser la arbitrariedad, el «todo vale»[102], ni la marcha atrás en el saber, sino el reconocimiento de que cada tema requiere un modo de enfoque apropiado, que lo trate y entienda adecuadamente. Pluralismo sí, pero no pluralismo de «la verdad», o relativismo, sino pluralismo de los temas y de los métodos para acercarnos a ellos[103].

       En cierto modo se puede decir que la ciencia económica representa uno de los últimos vástagos de la modernidad. En un escrito presentado también en Madrid hace ya bastantes años por I. Falgueras Salinas (1988, 98 ss.), expuso cómo cuando un saber se quiere emancipar del saber que le es superior, con toda lógica se le rebelan los que le son inferiores, pues por la misma razón que el primero quiso independizarse, el que le es inferior quiere independizarse de él y hacer sus veces. Así comenzó la modernidad, primero, queriendo emancipar la religión respecto de la revelación, y reduciendo la revelación a mera religión; pero al poco tiempo, la ética quiso a su vez emanciparse de la religión, presentándose como la única y verdadera religión natural. Y cuando defendía su causa emancipatoria, a la ética se le rebeló la política, que quiso convertirse en la única forma racional de moralidad; pero cuando la política estaba en esas, justo la Economía quiso convertirse en Economía política, intentando emanciparse de ella y sustituirla, al menos parcialmente.

       Pues bien, precisamente en el momento en que todas las demás ciencias tradicionales se están volviendo más o menos humildes, a la Economía, como llegada más tarde, le han entrado los aires de grandeza que en otro tiempo tentaron a las demás y las han llevado a la desorientación actual. Esos aires casi siempre fueron acompañados de la falsa seguridad que les daba el uso de las matemáticas o su imitación científica.

       Cuando se pretende aplicar el método de la Economía a la biología, puede acontecer que se acepte algo tan absolutamente absurdo como decir que en realidad la gallina no es más que un medio que utilizan los genes para optimizar su reproducción, que es lo que sostienen ciertos socio-biólogos[104]. Pero no menos absurdo es plantear la planificación familiar como si se tratara de una inversión monetaria, o pretender reducir la religión a un juego de mercado entre la oferta y la demanda de servicios religiosos, o también pretender explicar la racionalidad (económica) del suicidio y de las infidelidades matrimoniales. El imperialismo económico no ha llegado a descubrir que no es la arbitrariedad de los métodos la que manda sobre los temas, sino la riqueza de éstos la que obliga a la variedad de aquéllos.

       La Economía no sólo debe abandonar los absurdos del imperialismo económico, sino que debe retomar el contacto directo con su tema propio y, olvidándose de generalizaciones grandilocuentes, aplicarse a considerarlo de modo adecuado, en lo que va implícito el tomar en cuenta que depende de la libertad y de las virtudes de los hombres.

 

IV. Otras vías de colaboración entre la filosofía y la economía.      

 

       Además de la importante tarea de ofrecer modos de adecuar el tema y el método de la Economía, la filosofía puede ayudar a esta última de otras formas, de las que aquí señalaremos una, que tiene la peculiaridad de ser la que estamos prosiguiendo nosotros en nuestras investigaciones.

       En concreto, algunas de las ayudas principales deben afectar a la comprensión adecuada de aquellas nociones que acompañan siempre a la ciencia económica porque forman parte de su tema, pero que no han podido ser fijadas con precisión y claridad desde los distintos métodos que se han utilizado en Economía. Entre otras, por ejemplo, tenemos las nociones de riqueza y pobreza, trabajo y ocio, producción-consumo, etc.

       Por ejemplo, la pobreza es definida en Economía de varias maneras: puede ser considerada como «pobre» toda familia que tenga ingresos inferiores a un tercio de los que son necesarios para tener una alimentación adecuada; o bien aquella familia que tenga menos de la mitad de los ingresos medios de su país; o también aquellas familias cuyos ingresos caen dentro del último percentil de la distribución de la renta de un país. Todos estos conceptos son claramente arbitrarios para la teoría, de manera que son imprecisos desde su consideración nocional, pues ninguno de ellos nos dice en qué consiste la pobreza, sino sólo cómo se puede medir y no de un modo preciso. De manera correlativa, tampoco se puede precisar en Economía qué es la riqueza. La tendencia de los economistas es la de desarrollar medidas cada vez más sofisticadas, pero no por eso más intensamente cognoscitivas. La ayuda que puede prestar la filosofía es, ante todo, la de ampliar los planteamientos. Las nociones de racionalidad, riqueza-pobreza, trabajo-ocio, producción-consumo, etc., tienen un trasfondo antropológico que necesita ser esclarecido y puede servir de base para entender correctamente las nociones mencionadas.

       Para que este tipo de ayuda por parte de la filosofía pueda ser llevada a cabo con fruto, es imprescindible por parte de la Economía recuperar la historia del pensamiento económico como fuente de conocimientos teóricos. Los problemas de la Economía actual que hemos mencionado derivan en buena parte del hecho de que, a imitación de las ciencias empíricas y, en general, de las que usan las matemáticas, la ciencia económica ha marginado el conocimiento y aprecio de la historia de sus ideas. Se suele creer que, por haber sido pensados en el pasado, los conocimientos de nuestros antecesores no están a la vanguardia de la ciencia, ni su consideración aporta nada nuevo a ella. De modo que se suele reservar su estudio sólo a la curiosidad de los historiadores. Tal como la entiende Leonardo Polo y la entendieron los grandes filósofos que nos han precedido, la filosofía enseña, por el contrario, que todo cuanto ha sido pensado por el hombre sigue teniendo vigencia y relevancia, siempre que se sepa referir a los problemas reales o a la búsqueda de la verdad. En el despliegue de la Economía se han ido y se van descubriendo conceptos básicos de la ciencia, algunos de los cuales fueron ya planteados en épocas pasadas, pero que no por eso dejan de estar vigentes en nuestros días. Si no los tenemos en cuenta, nos veremos obligados una y otra vez a planteárnoslos desde cero, corriendo el peligro de repetir, sin saberlo, los mismos planteamientos del pasado, sin que avance un ápice nuestro conocimiento de la realidad. En cambio, si tenemos en cuenta los planteamientos y conceptos alcanzados en el pasado, y los comprendemos mejor, podremos obtener nociones más precisas que no sólo nos den un conocimiento más alto de lo que hacemos, sino que permitan ingeniar, incluso, nuevos modos y más ajustados de medir las relaciones económicas.

 

V. Conclusión

 

       En la exposición anterior ha quedado destacado el estado de la cuestión y  sólo apuntadas algunas ayudas de la filosofía requeridas con urgencia por la Economía. El carácter urgente de tales requerimientos a la filosofía viene dado por la situación disparatada e incluso antinómica en que se halla en nuestros días la teoría económica. La solución que hemos propuesto se resume en una indicación: la teoría económica no puede pretender no ya que su método sea válido para todos o los más diversos temas del saber, sino ni tan siquiera que, olvidando su tema propio, en ella exista un único método, porque, en efecto, se requieren varios para poder comprender la complejidad de la actividad económica y sus manifestaciones. Las antinomias aparecen en ella porque la teoría económica dominante da por supuesto, erróneamente, que se puede entender con un único método, el de la teoría microeconómica, cualquiera de los  problemas de la Economía e incluso cualquier tema. 

       Pero, naturalmente, son posibles muchas otras confluencias de ambos saberes. El libro Filosofía y economía de Leonardo Polo ofrece una amplia muestra de tales confluencias. Nosotros, inspirados en la filosofía de LP, intentamos contribuir al avance en el conocimiento de la economía real de varios modos. Por un lado, Ignacio Falgueras Salinas trabaja en el desarrollo de una filosofía del dar como actividad propia de la persona. El dar como actividad radical de la persona afecta obviamente también a la operatividad económica, no sólo como una forma de comunicación más radical que la del intercambio, sino como una manera de humanizar a esta última. Por otro lado, Ignacio Falgueras Sorauren elabora las nociones de trabajo, ocio, necesidad, utilidad, riqueza, pobreza, mercado, etc., usadas en Economía, tomando en consideración las aportaciones históricas de los pensadores que nos precedieron, desde el enfoque metódico poliano. Y, además, los dos, conjuntamente, estamos estudiando el modo correcto de enfocar el tema central de la teoría económica, a saber, la noción de escasez, haciendo uso, a ese fin, del método de las dualizaciones de Leonardo Polo. Y todo esto no es más que un minúsculo ejemplo de lo que está por hacer.

 

VI. Bibliografía

 

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Economía de iniciativa frente a economía programada

 

Juan Antonio Moreno Urbaneja

 

 

 

Después de la caída de la Unión Soviética,el oficial ruso encargado de dirigir la producción de pan en San Petersburgo le preguntó a un economista inglés[105]: "Estamos dispuestos a implementar el libremercado pero necesitamos entender los detalles fundamentales de cómo funciona un sistema así. Dígame, por ejemplo, ¿quién se encarga del suministro de pan para la población de Londres?". La respuesta le pareció aterradora para su mente socialista: “Nadie”.

El capitalismo deja el abastecimiento de un bien de primera necesidad en mano de la libre iniciativa de las personas,de los empresarios que buscando enriquecerse fabrican y distribuyen los elementos necesarios para fabricar el pan, y de los clientes que toman una parte de su propio dinero para elegir libremente el lugar donde comprar el pan, para elegir la cantidad y para elegir el modelo.

Imaginemos que en España dentro de unos años nuestros políticos consideran que el pan es un derecho universal que el Estado debe garantizar igual que la justicia gratuita, la educación gratuita o la sanidad gratuita.

Irónicamente, mientras que el Capitalismo es un sistema económico que está extensa y racionalmente planificado, y continuamente replanificado en respuesta a los cambios en las condiciones económicas, el comunismo es incapaz de una planificación económica razonable. Al destruir el sistema de precios y sus fundamentos –es decir la propiedad privada de los medios de producción, el afán de lucro y la competencia- el socialismo destruye la división intelectual del trabajo que es esencial para la planificación económica racional. Exige la imposible tarea de que la planificación de todo el sistema económico se lleve a cabo como un todo indivisible en una sola mente que sólo una deidad omnisciente podría poseer.

Lo que representa el comunismo es tan lejano de planificación económica racional que constituye en realidad la prohibición de la planificación. En primera instancia, por su propia naturaleza, consiste en una prohibición de la planificación por parte de toda la sociedad exceptuando al dictador y los otros miembros del comité central de planificación. Ellos disfrutan de un privilegio monopólico sobre la planificación, bajo la absurda y virtualmente perturbada creencia de que sus cerebros pueden lograr la perspectiva total omnisciente. Pero no es así. Por lo tanto, lo que el comunismo representa en realidad es el intento de sustituir el razonamiento y planificación de millones de hombres por el de un puñado de ellos. Por su propia naturaleza, esa pretensión de que las mentes de tan pocos suplan las necesidades de tantas tiene tan poca posibilidad de éxito como la tendría un intento de hacer que las piernas de tan pocos sean el vehículo para acarrear el peso de tantos.

Para tener planificación económica racional, el pensamiento y planificación independiente de todos son necesarios, operando en un entorno de propiedad privada de los medios de producción y un sistema de precios, esto es el Capitalismo.

El Comunismo es el sistema del monopolio. El Capitalismo es el sistema de la libertad y la libre competencia. Y socialismo es el punto medio entre ambos en el cual nos encontramos.

Los requerimientos esenciales y fijados por la Naturaleza para la vida humana tales como el suministro de agua, tierra arable, y provisiones accesibles de prácticamente todos los minerales existen en cantidades tan grandes que no todos los recursos disponibles pueden ser explotados. El trabajo que se requeriría no está disponible. Esta se emplea en porciones de tierra y depósitos minerales que son más productivos o las numerosas operaciones de manufactura y comercio, donde mediante precios de mercado su empleo ha sido demostrado ser más importante que la producción de una provisión adicional de bienes agrícolas o minerales.

En estas condiciones, y en ausencia de interferencia gubernamental, lo que se requiere para permitir a cualquier productor (o combinación de ellos) el convertirse en el único proveedor de algo es que el precio que cobra sea tan bajo como para que no valga la pena para otros proveedores ingresar a esa actividad. La posición de productor único se asegura mediante lo bajo del precio, y no provee de una base para imponer un precio elevado.

El mismo punto esencial se aplica a los casos en los cuales la necesidad de invertir grandes sumas de capital limita severamente el número de proveedores. Allí un capital de gran tamaño se requiere para poder lograr bajos costos de producción, los cuales a su vez son necesarios para ser rentable vendiendo a precios bajos.

El monopolio es en la práctica el resultado de la intervención gubernamental. Específicamente es el aislamiento de un mercado o parte de un mercado para uno o más proveedores mediante el inicio de la fuerza física. Las concesiones exclusivas dadas por gobiernos, aranceles proteccionistas y leyes de licenciamiento para diversas actividades son ejemplos.

Los ricos, los que crean riquezas, son los que tienen las ideas y asumen riesgos con sus capitales[106]. El resto de nosotros colaboramos, no porque no nos quede más remedio, sino porque la división del trabajo es mucho más productiva que procurarnos nuestra propia comida, vestidos y medicinas. El capitalismo no está basado en la explotación y “alienación” de los trabajadores en su trabajo sino en la inevitable creación de mejores oportunidades para los trabajadores y en ofertar los productos del trabajo cada año de forma más accesible.

Esto genera una inevitable competencia entre empresarios por reducir precios sin perder sus ganancias, y esto es benévolo para la sociedad en su conjunto. De esta forma, en las últimas seis décadas los precios han ido disminuyendo en los países capitalistas en relación a los salarios y al ahorro, elevando a muchos pobres a las clases medias y volviendo a la clase media más rica[107].

Una economía libre –capitalista- genera riqueza de acuerdo al aporte productivo de cada persona y empresa, premiando la innovación, el ahorro y la inversión. Porque para enriquecerse se debe atender las necesidades de los demás de forma consistente. Nada como una economía creciente como garantía de que cada generación tendrá acceso a mejores bienes materiales y culturales que la anterior.

El socialismo afirma erróneamente que “la riqueza está injustamente distribuida”. Pero no puede estar ni bien ni mal distribuida porque la riqueza nunca se origina tras una distribución ni divina ni supraestatal. La riqueza se genera desde abajo hacia arriba. La crea el trabajo de cada persona y de cada empresa. Se genera, no se distribuye. Y cuando la intentamos distribuir la dilapidamos.

El informe Gwartney[108] nos dice que en la última década el PIB per cápita mundial creció un 2,2%, prácticamente el doble del crecimiento experimentado en las décadas pasadas. La pobreza absoluta (no la relativa, siempre somos más pobres que “alguien”) se redujo del 40% al 21% desde 1981 a nivel mundial hasta la fecha. Es tal vez uno de los fenómenos humanos más masivos e importantes de la historia. Desde el año 2000, la tasa de crecimiento se ha acelerado al 3,2%. Esas tasas de crecimiento son mucho más altas en los países con economías más capitalistas, con más libertad económica.

El informe Gwartney entiende por “libertad económica” la mayor capacidad de los ciudadanos para hacer lo que estimen oportuno con sus propiedades (usarlas, intercambiarlas, cederlas), "siempre y cuando sus acciones no violenten los derechos –idénticos- de los demás". Pues bien, sus datos relacionan matemáticamente la libertad económica (capitalismo) con el nivel de ingresos. Mientras más liberalizan su actividad económica los países, más aumenta su PIB[109]. Esto no debería sorprendernos, pero -por desgracia- los prejuicios contra el afán de lucro y el derecho de propiedad todavía llevan a muchos a pensar que la coacción estatal es la mejor ayuda a los pobres.

A la hora de puntuar a los países sometidos a estudio, Gwartney y compañía tienen en cuenta cinco factores:

- El tamaño del Estado en relación a su PIB (como elemento negativo)

- La seguridad de la propiedad

- La estabilidad monetaria

- La libertad para comerciar con el exterior

- Los bajos niveles de regulación.

Respecto a la libertad de comercio, los países:

con más libertad son:

Y con menos libertad son:

·       Hong Kong

·       Singapur

·       Nueva Zelanda

·       Suiza

·       Estados Unidos

·       Reino Unido

·       Canadá

·       Estonia

·       Irlanda

·       Australia.

·       República del Congo

·       Angola

·       República Democrática del Congo

·       Birmania

·       Zimbabwe

 

La vida es mucho más agradable en los países más libres. Allí donde hay poca o ninguna libertad económica, la vida es un infierno para todo el mundo, menos para quienes están en el poder; y a veces ni siquiera éstos se libran... Del referido informe se desprende también que es mejor ser pobre en un país libre que en uno que no lo es. En los países más libres, el 10% más pobre de la población gana más de 7.300$ de media al año, frente a los 905$ de sus homólogos en los países más pobres. Y en las sociedades libres los más pobres consiguen dejar de serlo en esa generación o en la siguiente.

En el capitalismo ¿quién es el rico? ¿quién es el que se enriquece? No el que tiene riqueza sino el que la genera, el que se enriquece. Quizás en el pasado y ahora en ciertas sociedades no capitalistas exista la figura del rico heredero que, haga lo que haga, siempre tendrá riqueza. Tiene riqueza aunque no la genere. Pero eso no tiene nada que ver con la realidad diaria de nuestra sociedad abierta. Una de las notas del capitalismo es que uno sólo se puede enriquecer interactuando y enriqueciendo a los demás: empleados, proveedores y clientes. Se enriquece el que tiene voluntad y capacidad de generar un beneficio a los demás en condiciones tales de ser recompensado.

No existe en la realidad ningún país del mundo con un capitalismo puro. Si existiera, ese sería el lugar más solidario y rico del planeta: porque el enriquecimiento de unos sólo sería posible a través de la generación de beneficios de otros. En los países con más libertad económica existen tal cantidad de empresas, de intercambio de ideas, de recursos, que es más fácil que una persona o equipo de personas pueda generar beneficio a los demás en condiciones tales de ser recompensados. En las zonas con bajo grado de capitalismo, libertad y democracia -como Zimbabwe- podemos encontrar personas trabajadoras e inteligentes con iniciativas empresariales, pero allí el tejido empresarial es tan pobre que tienen pocas oportunidades de dar beneficio y menos de ser recompensado económicamente. Por eso Bill Gates, Steve job, Walt Disney y Rockefeller nacieron en EEUU, no en Zimbabwe. Las numerosas oportunidades que ofrece EEUU le convierte en la nación donde se generan de la nada más multimillonarios, donde se acoge e integran más inmigrantes desde hace siglos y donde más rápidamente las familias pobres dejan de ser pobres[110].

Durante 8.000 años el ser humano no conoció otra cosa que la pobreza. Aunque más que hablar de pobreza habría que hablar de ausencia de riqueza, porque lo que se genera y se hereda no es la pobreza sino la riqueza[111]. Para NathanRosenberg, “la percepción de la pobreza como algo moralmente intolerable en una sociedad rica, tuvo que esperar a la aparición de una sociedad rica”. Incluso los “ricos” –la nobleza y los reyes– de hace 300 años envidiarían las condiciones de expectativa de vida, mortandad infantil, salud y acceso a otros bienes con las que una familia de clase media ecuatoriana cuenta actualmente. Al ritmo al que iban las cosas en la antigüedad, costaba casi 2.000 años duplicar el ingreso promedio en un país. Pero Inglaterra lo hizo en 60 años durante la Revolución Industrial, resultado de la libertad político-económica que las ideas de la Ilustración británica permitieron. Taiwán, Hong-Hong y China lo han logrado en menos de 10 años, por una sencilla razón: el know-how y los capitales ya están disponibles para el país relativamente pobre que se decida a liberalizar su economía y volverse un campo de juego estable para los empresarios de todo el mundo.

Shangai y Bombai son dos regiones del mundo donde sus ciudadanos han pasado en poco tiempo de la pobreza a la riqueza hasta el punto de que todos los destinos turísticos del mundo intentan captar ahora clientes de esas zonas. Son los nuevos ricos. No lo han logrado con limosna de otros países sino volviéndose capitalistas. Podemos llevarnos las manos a la cabeza por las condiciones laborales de sus ciudadanos pero no olvidemos que esos ciudadanos libres eligen esas condiciones antes que sus antiguos empleos en la agricultura. Las condiciones laborales en esas regiones irán mejorando conforme aumente su desarrollo empresarial. Recordemos que en Europa, y no hace muchos siglos, los niños también trabajaban. Ahora no. Y no ha sido gracias a la acción de ONGs pro derecho a la infancia sino gracias a la misma dinámica de enriquecimiento del capitalismo. Esas regiones están en una fase anterior a nosotros con la diferencia de que la globalización –el que puedan vender sus productos en el mundo entero- les permitirá salir antes de la pobreza.

¿Y por qué hay países como Zimbabwe que no levantan cabeza? Primero porque la historia de África desde que se tiene datos es la historia de un estado de guerra sin descanso. Esa situación no invita a hacer inversiones a medio ni largo plazo. ¿Cómo crear algo nuevo cuando tu principal problema es la supervivencia en una guerra?

Otra razón es que en África la idea de contrato tiene poco valor. Muchos africanos con grandes virtudes humanas no entienden que lo pactado debe cumplirse aunque su cumplimiento sea costoso y en ocasiones perjudicial para una parte, quizás porque la cultura romana no hizo mella en esos pueblos. Los pocos empresarios que se atreven a poner una fábrica en el África subsahariana atraídos por el bajo coste laboral acaban cerrándola porque no pueden luchar ante una mentalidad de engaño continuo. Y el capitalismo crece y se apoya en la honradez. Si te doy un pagaré por una mercancía debes confiar que en que en la fecha de vencimiento en mi cuenta habrá dinero y yo debo creer que tu mercancía tiene las especificaciones que me dices. Si no hay confianza no hay grandes negocios. Los negocios en un ambiente de engaño se limitan a pequeños intercambios y al trueque.

Los grandes hombres de negocio tienen en común que han sido educados en el respeto reverencial hacia el contrato. Rockefeller con 16 años le pidió a su padre mil dólares para empezar su primer negocio. Su padre se los prestó pero con unas clausuras muy duras en caso de incumplimiento firmadas ante notario. A los dos años el futuro millonario había multiplicado por 200 aquellos mil dólares y le devolvió a su padre la cantidad prestada con sus intereses y los gastos del notario, ni un céntimo más ni un céntimo menos. Vivían en habitaciones contiguas.

Con trece años Bill Gates jugaba de vez en cuando al Béisbol, pero no lo suficiente como para comprarse unos guantes. Su hermana tenía unos y cuando Bill Gates se los pidió redactaron un contrato de uso y disfrute de los guantes que incluía reparaciones e indemnizaciones en caso de roturas. Aquel contrato estaba tan bien redactado por los dos hermanos que hubiese tenido plena validez ante un juzgado mercantil.

La mejor manera de ayudar al tercer mundo es la educación en los logros del derecho romano: el derecho contractual, el respeto a los contratos de propiedad… y la educación en los valores que han hecho de occidente un mundo más próspero: la honradez y el cumplimiento de los compromisos contractuales. Por eso no es educativo perdonar sistemáticamente la deuda que contraen con las empresas o Instituciones occidentales. Si mi empresa vende banderas a uno de estos países debo tener la seguridad de que me van a pagar. Si ellos piden esas banderas, deben asegurarse de que cumplirán con los plazos de pago. Todas las ventas que las empresas españolas hacemos a África están aseguradas por CESCE. Un ejecutivo de esta empresa aseguradora me dijo que era sorprendente la mala fe de los políticos y empresarios africanos a la hora de comprarnos a las empresas españolas maquinaria y armas sobre todo. Compran sin intención de pagar. Ese impago CESCE lo traspasa al Estado español. El Estado español abona el 80% normalmente a las empresas españolas que sufren el impago. Y así crece la deuda. A menudo el Estado español, a través de acuerdos de inmigración por ejemplo, condona el 100% de la deuda que pasamos a pagarlos los españoles con los impuestos. Pero al año, esos países vuelven a comprar y vuelven a endeudarse, sólo que con más rapidez que antes porque la jugada les ha salido bien. Hay otras poderosas razones para no perdonar la deuda externa[112]. Así como la causa del reciente enriquecimiento de Shangai y Bombai está en ellos mismos, el menor enriquecimiento de otros países como Zimbabwe también está en ellos.

Aún así, el enriquecimiento es global a distintas velocidades. Como dice el sueco Johan Norberg: “Desde luego, el europeo occidental o norteamericano es 19 veces más rico que en 1820, pero un latinoamericano es 9 veces más rico, un asiático 6 veces más rico y un africano cerca de 3 veces más rico”. Así es que, ¿de quién fue robada esa riqueza? El capitalismo no es un juego de suma cero en el que la riqueza de unos es producida a costa de la pobreza de otros[113]. La riqueza no es como la energía o la materia que ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. No. La riqueza sí se genera de la nada y sí desaparece.

¿Y qué pasa con los más necesitados y los que caen en desgracias temporales? 

Existe la creencia falsa de que el actual modelo de estado protector y socialista extremo, sube la renta de los más desfavorecidos porque aumenta la redistribución de riquezas de ricos a pobres. Según este supuesto, un Estado liberal y capitalista que fomente el enriquecimiento de las empresas, fomenta una actitud egoísta y despreocupada respecto a los más necesitados.

En realidad nuestro Estado benefactor y socialista desincentiva la iniciativa, el trabajo productivo y la generosidad. En cambio, las sociedades que valoran el logro, que admiran en vez de envidiar, que producen riqueza en vez de pedir, tienden también a ser generosas en casos que auténticamente requieren de la ayuda de la comunidad[114].El día en que el ser humano experimente vivir en sociedades libres, ayudar ya no será una imposición estatal que le quita todo valor ético y cultural, ni el resultado de una falsa mala conciencia. La generosidad simplemente se volverá la regla y no la excepción dado que la sociedad civil habrá sentido su rol –no el de políticos y burócratas– de ayudar a los más necesitados.

 

Las dificultades para que la libertad y el capitalismo se abra paso

 

¿Y por qué esta tendencia malsana hacia el estado del bienestar cuando la libre iniciativa y el empequeñecimiento del estado nos daría más enriquecimiento y bienestar a todos?

No comparto y además repudio el general desprecio que los ciudadanos sienten hacia los políticos. Me parece pusilánime esa actitud de petición de dádivas y al mismo tiempo de apuñalamiento sistemático a quienes son nuestros servidores y representantes públicos. El problema es que hemos esperamos demasiado de los poderes políticos y la decepción es cada vez mayor. Pero la culpa no es de los poderes públicos es de esa esperanza inocua.

Los políticos, ante las expectativas puestas en ellos, tratan inútilmente de satisfacer a los ciudadanos: “hablan de la ausencia de proyectos sugestivos y de la necesidad de despertar la esperanza, pero sus intentos en esta materia no pasan de suscitaciones fantasmales o se ven obligados a recurrir a la programación total. La planificación fuerza las cosas, no las fomenta”[115]. Lo único que puede hacer un político –con la mejor de las intenciones, como decía Reagan- es con una de sus manos quitar dinero a los ciudadanos a través de los impuestos, gastar una parte en administración, y con la otra mano dar lo que queda en proyectos muy buenos. Pero eso no es generar riquezas.

¿Qué nos dicen los políticos cuando se reúnen con las asociaciones de empresarios? Que somos el futuro, el motor de la sociedad, pero acto seguido empiezan a explicar subvenciones inútiles para la empresa con la buena intención de ayudarnos planificando nuestra actividad hacia el bien común: lo verde, la igualdad de género, la exportación… Por una parte nos reconoce que somos el motor y por otra no paran de hacer lo que sólo saben hacer: planificar, intervenir, redistribuir riquezas. Crear más Estado de Bienestar y más socialismo.

Para Leonardo Polo la Libertad personal es trascendental e íntima. No sólo afirma que el hombre es libre, sino que en su existir más profundo es libertad, del mismo modo que es coexistir, coentender y coamar. Por esa razón él también ve la pugna entre una economía donde la iniciativa esté en la empresa y una economía intervenida y planificada. “Se habla de la iniciativa del asfixiante intervencionismo; quien habla es el espíritu de la empresa, de lo que se emprende y se mantiene con tenacidad. Iniciativa significa aportación, esto es, la fuerza de la inclinación del hombre, y capacidad de convocatoria. Intervencionismo significa estorbo y distorsión, un falso pugnar, desarticulación de elementos”[116].

La libertad personal íntima es algo tan grande que más que respetarla merece amarla, y –en mi opinión- según el grado de amor a la libertad hay tres ideologías: Liberalismo, socialismo y marxismo, con sus correspondientes consecuencias sociales, legislativas y económicas cuando se llevan a cabo.

Ideología

Liberalismo

Socialismo

Marxismo

Economía

Libre mercado

Mercado muy intervenido (alta regulación y altos impuestos)

Mercado 100% planificado

Sociedad

Ciudadanos libres

Estado de bienestar

Comunismo

Iniciativa

Empresas y asociaciones privadas

Mixto: empresas y asociaciones y poder político

100% Poder político

Enriquecimiento

Rápido enriquecimiento de todos

Lento enriquecimiento de todos

Lentísimo enriquecimiento de todos

Partidos políticos en España

Partido liberal

PP y PSOE

Izquierda Unida y todos los partidos comunistas

Derechos

Respeto al orden de los derechos

Conviven contradictoriamente derechos sociales y derechos personales

Los derechos sociales aplastan todos los demás derechos personales

Miedo/desprecio a la libertad

Ninguno

Medio

Alto

 

Uno de los dilemas tipo el huevo o la gallina lo encontramos en la pregunta ¿qué es antes: la oferta o la demanda? ¿La Coca Cola o la sed de Coca Cola? La respuesta que da Polo es muy inteligente: depende de los empresarios. Los empresarios mediocres cedemos la iniciativa a las tendencias del mercado y corremos detrás de él sin rumbo fijo. En cambio el buen empresario –el auténtico emprendedor- es capaz de mirar de frente al futuro siendo capaz de realizar ofertas que lo transformen y hacer que la demanda corra detrás de sus ofertas. Así obtenemos éxitos a medio y largo plazo. Los empresarios que corremos detrás de la demanda, sólo logramos éxitos a corto plazo y “los éxitos parciales se copian enseguida, las fórmulas se agotan y se va de acá para allá, como formaciones de reclutas en un patio, sin encontrar un rumbo que relance”[117]. Si miramos las empresas más rentables del mundo: Microsoft, Apple, Inditex, Mac Donalds, Ikea… son empresas que han ofertado un modo único y diferenciado de hacer las cosas al que se han apuntado los clientes libremente. Transformando la oferta han transformado la demanda y van obteniendo éxitos a medio y largo plazo.

Hace unos años, aprovechando el cambio de milenio, la organización The Latino Coalition quiso dar su célebre premio a la persona o institución del mundo que más hubiera ayudado en el siglo XX a la integración y promoción de los hispanos y de otras minorías en América[118].

Cualquier socialista pensaría que se lo dieron a una de las instituciones públicas redistribuidoras de riquezas: UNICEF, ONU, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, o a una de las instituciones de caridad de la Iglesia Católica o de las Iglesias evangélicas, o a políticos redistribudores como Hugo Chávez o Fidel Castro. ¿Quién piensan estos hispanos que han hecho más por su promoción personal? Evidentemente ninguna de las opciones anteriores porque las ayudas redistributivas nunca han ayudado a salir de la pobreza a medio y largo plazo. El premio se lo dieron a McDonald’s.

McDonald’s dio desde sus inicios muchas oportunidades de empleo a las minorías. Numerosos hispanos tuvieron la confianza de McDonald’s para montar su propio restaurante mediante créditos bancarios avalados por el prestigio de la Multinacional. Todos estos hispanos que en los años 60 salieron de la pobreza montando su propio negocio, ahora son dueños de numerosas franquicias y viven lujosamente. Además millares de hispanos inmigrantes recién llegados obtuvieron y obtienen su primer empleo en McDonald’s[119].

Y como dice su presidente en EEUU, el también hispano Ralph Álvarez, todo este beneficio a la comunidad hispana se ha realizado siempre sin ningún tipo de discriminación positiva, sin ninguna finalidad que no sea la de propio beneficio de la empresa. Los directivos de McDonald’s descubrieron que el perfil hispano, trabajador, leal, con pocos recursos y dispuesto a empezar cobrando poco, era muy adecuado para su expansión mediante franquicias. La Multinacional se enriqueció del único modo que se puede enriquecer en el capitalismo: enriqueciendo a los demás: a sus socios, a sus trabajadores, a sus proveedores y además dando unas hamburguesas riquísimas a los consumidores que han respondido visitando masivamente sus limpios restaurantes. McDonald’s da oportunidades para trabajar y promocionarse. Eso es lo quieren los pobres: no quieren la humillante limosna institucional que hoy les cae de arriba y no saben si mañana también. Quieren una oportunidad para generar riquezas por sí solos, y eso sólo lo puede hacer la empresa privada.

Existen dos modelos muy distintos de ayuda a los pobres: la dádiva redistributiva que quita a los ricos para darlo a los pobres, o las oportunidades de trabajo que ofrecen las empresas buscando su propio lucro. La primera se ha demostrado machaconamente ineficaz desde mediado de siglo XX, pese a lo cual sigue siendo el modelo favorito de la izquierda, de la derecha tradicional y de los católicos con nula cultura económica[120]. La segunda, como en el ejemplo que hemos visto, ha permitido que los pobres se enriquezcan a medio y largo plazo, dejando de ser pobres.

La intromisión del Estado. Nuestra libertad está siempre en peligro por la propia naturaleza del Estado y del político que necesita hacer cosas buenas con el dinero de los demás: para sentirse útil, para hacer el bien, para recibir el agradecimiento de sus votantes y su voto y para repartir puestos de trabajo. Frase de Reagan en Tiempo de elegir. “Plutarco advirtió que "el verdadero destructor de las libertades del pueblo es aquel que reparte botines, donaciones y regalos". Los Padres Fundadores sabían que un gobierno no puede controlar la economía sin controlar a la gente. Y sabían que cuando un gobierno se decide a hacer, debe usar la fuerza y la coerción para lograr su objetivo. Así ha llegado el tiempo para elegir.Los servidores públicos dicen, siempre con la mejor de las intenciones, "qué gran servicio podríamos prestar si tan sólo tuviéramos un poco más de dinero y un poco más de poder". Pero la verdad es que fuera de su función legítima, el gobierno no hace nada tan bien y tan económicamente como el sector privado.Sin embargo, cada vez que ustedes y yo cuestionamos los esquemas de esos bienhechores, somos denunciados como contrarios a sus objetivos humanitarios. Parece imposible debatir legítimamente sus soluciones sin la asunción de que todos nosotros compartimos el deseo de ayudar a los menos afortunados”[121].

El principal enemigo de nuestra libertad somos nosotros mismos. Ancestral fábula de Esopo que luego contó en rima Samaniego:

Sin Rey vivía, libre, independiente

el pueblo de las ranas felizmente.

La amable libertad sola reinaba

en la inmensa laguna que habitaba…

“La terapéutica corre a cargo de la empresa. No hay que curar la empresa sino desde ella”[122].

Existe un dilema intelectual, ético, político y vital real y debemos optar: más capitalismo o más socialismo. Por un lado: más libertad, más enriquecimiento, menos pobreza, o por otro lado: más intervencionismo estatal, más redistribución, más clase pasiva. No seamos ingenuos. No vale colocarnos en un supuesto justo medio entre ambas posturas como si esa posición fuese superior y elevadora de las posturas enfrentadas. En realidad, vivimos en ese punto medio. Nuestros políticos no pueden prescindir de las empresas e introduce un nivel altísimo de pago de impuestos. Así lastran gravemente el crecimiento de las empresas y por tanto la creación de riquezas y de empleos. El punto medio es esto que vivimos: el socialismo, consolidado en España durante décadas de franquismo y continuado en mayor o menor medida por los partidos de la democracia.

¿Y a qué nos ha llevado el socialismo? A que cuando se produce una crisis nadie tiene dinero. ¿Quién se ha enriquecido con el boom de la construcción? Los trabajadores y los empresarios de la construcción, pero sobre todo los ayuntamientos que han vendido el suelo. Con ese dinero han multiplicado los gastos sociales, muy buenos todos, pero desproporcionados. Cuando se vendía suelo, los ayuntamientos y las CCAA se han dedicado a gastar más. El político gasta lo que le llega a sus manos y siempre gasta más (por eso se endeuda). El político no ahorra, quienes ahorran dinero somos los ciudadanos libres a quienes nos cuesta ganarlo y sí nos preocupamos por nuestro futuro. La cuestión no es si el político es bueno o malo. Quitando a Pol Pot, Mao o Hitler, suelen ser buena gente: pero buena gente que disponen de una media de 100.000€ al mes para gastar en cosas buenas. Como siempre le quedan cosas buenas por hacer, y como las que hacen siempre se pueden hacer mejor, gastan más y más. Sobre todos los socialistas. No me preocupa lo de los sueldos, los coches oficiales y las obras en sus despachos. No deja de ser algo anecdótico en el conjunto del PIB nacional. Lo preocupante es el gasto en cosas buenas, sobre todo sanidad y educación. ¿Debemos gastar en sanidad y educación? Sí, pero nosotros directamente, no a través del Estado.

Al llegar la crisis, el Estado se está endeudando peligrosamente para inyectar dinero a los ayuntamientos y a las Comunidades que están al borde de la ruina porque se les ha cortado su vía de financiación: venta de suelo, IVA e Impuestos de Sociedades. Esa inmensa fortuna de nuestros impuestos que está llegando a los ayuntamientos y a las Comunidades es para pagar los gastos que ya tenían comprometidos el año pasado. ¿Y qué va a pasar el año que viene? ¿Seguirá el Estado español aumentando la deuda? Está hipotecando el futuro de las generaciones que vienen, que son los que pagarán tanta deuda.

La macro estructura de Organismos públicos que se solapan, más las empresas públicas, universidades públicas, colegios públicos, hospitales públicos, tres millones de funcionarios, cuesta mucho. En épocas de bonanza no había problemas. Ahora que las empresas españolas producen menos, se descubre que vivimos por encima de nuestras posibilidades. Los precios de los bienes que vuestros padres han pagado durante su vida de trabajo están tan hinchados por los impuestos, que con ese dinero más los impuestos directos que les han deducido durante décadas podrían haberos pagado no una sino dos carreras universitarias, y un seguro privado en un hospital, y un coche deportivo. Con la diferencia además de que las Universidades competirían entre sí para captar y fidelizar alumnos. Porque ¿cuántos premios nóveles ha dado las decenas de Universidades públicas levantadas a golpes de impuestos?

El único efecto positivo de esta dramática crisis será darnos cuenta de que el socialismo fagocitario del dinero ajeno nos ha dejado sin recursos para reaccionar, y eso daña sobre todo a los más pobres. Ahora es un buen momento para optar de una vez por el capitalismo que nos hace más ricos y más libres.

Si parte del dinero que las empresas españolas han dado en impuestos se hubiera quedado en sus cuentas, habrían ahorrado e invertido y ahora habría muchas más oportunidades de empleo, y los empleos estarían mejor remunerados. Y ya les digo, no existe una nueva opción hacia el punto medio porque el punto medio es el socialismo en el que estamos inmersos.

 


LEONARDO POLO EN DIÁLOGO CON LOS EMPRESARIOS

 

Pablo Ferreiro de Babot

PAD-Escuela de Dirección de la Universidad de Piura-Perú.

  

1. Humildad y entrega en sus exposiciones

 

Leonardo Polo –como todo pensador– es conocido por sus publicaciones y también por su magisterio. Personalmente me considero afortunado por haber podido asistir a sus clases en varias oportunidades, y todas ellas ante empresarios peruanos. Precisamente le invité para ese menester, hablándole previamente para que se “adaptara” a la mentalidad del hombre de acción, siempre práctico y poco dado a especulaciones.

Después de sus conferencias, recogíamos el texto grabado y lo entregábamos a los participantes como separatas, aliviadas en lo posible de citas o rodeos para que a nuestro pobre juicio se facilitara el hilo de su razonamiento. Posteriormente parte de ese material se ha recogido en un libro suyo “Filosofía y Economía”.

Cuando he tenido la oportunidad de contar esta experiencia en otros lugares, a varios de los oyentes les parecía increíble que coincidieran en una misma actividad el profesor Polo y gerentes de negocios. Sin embargo, puedo dar fe de que cultivó sin saberlo un número de fans (quasi fanáticos), muy fiel, dispuestos –lo he comprobado– a trasladarse a cualquier lugar del Perú si el profesor iba a estar allí, para escucharle.

¿Le entendían? Es otra pregunta frecuente que me hacían, y la respuesta permanente es que casi siempre sí. ¿Y cómo –insistían– era esto posible? Me he hecho muchas veces esa misma pregunta  y atribuyo el hecho a algunas causas de las que deseo dar testimonio, y entre ellas a que nunca usó una terminología filosófica.

A veces a algunos profesores de filosofía les es muy difícil prescindir de esa terminología y de esa sistematicidad que son importantes, sin duda, para perfilar bien las conclusiones a las que llegan, pero que dejan estupefacto al lector u oyente no iniciado.

Me atrevo a suponer que aquello es por una especie de escrúpulo por no infringir las leyes de la lógica, agotando la argumentación sin dejar ningún cabo suelto; tratando de ser exhaustivos. Polo se dio cuenta de que había que dejar espacio para la intuición del empresario, so pena de “perder soga y cabra” y, para adaptarse a ese perfil, partiendo de la “esquina contraria”, entiendo que  hace falta mucha humildad.

La dificultad para seguir al profesor Polo en sus exposiciones, no provenía de que no se le entendiera por abstracto sino por falta de buena dicción, es decir que el riesgo era que no se le oyera; cuestión ésta fácil de corregir, pensé, si se afrontaba con decisión, y ese era el papel que asumí sobre la marcha, como un ayudante suyo en sus conferencias.

Es sabido que Leonardo pensaba mientras exponía las cuestiones; por ello nunca se repetía sino que creaba, y ocurría que con frecuencia sostenía su cabeza con una mano, a la vez que se tapa inconscientemente la boca, con lo cual se dificultaba la audición y el público se inquietaba porque se daba cuenta de que está asistiendo a un auténtico alumbramiento del que podía perderse la palabra clave y quedarse en blanco; la pregunta más frecuente que se formulaban entre sí los participantes era: ¿qué ha dicho?

Entonces mi estrategia era bien simple: sentarme a su lado, lo más próximo posible, y susurrarle, pero con claridad y cierta firmeza, cortas sentencias, tales como: “repite, por favor”, “un poco más claro”, “voz algo más fuerte”, “vendría bien un ejemplo”, etc., etc. Comprendo que eso debió de resultar muy molesto para el orador y para soportarme hacía falta de nuevo mas humildad y aun más: diría que se hacía evidente el anonadamiento u olvido de sí: se palpaba, el interés exclusivo por ayudar a los oyentes.

Don Leonardo parecía más preocupado por entender, a cabalidad, a los participantes que en su propia exposición. De hecho aceptaba cualquier interrupción por inoportuna que fuera, tanto por su contenido o materia como por el momento. Pues bien, no recuerdo haber notado nunca signos de contrariedad, ni en ese momento ni pasado el tiempo.

Cuando alguien le interrumpía, él se callaba de inmediato, sin más, para enfocarse en el interlocutor tratando de hacerse cargo de su pregunta, inquietud o comentario.

 

2. Su aporte e influjo en la formación de Profesores del PAD y de empresarios peruanos

 

En una Escuela de Negocios podríamos decir que es relativamente fácil tener éxito si se dispone de profesores hábiles en crear y utilizar modelos matemáticos de finanzas y de contabilidad (los llamados temas hard), pero lo verdaderamente complicado es destacar por el enfoque de cuestiones humanas (pésimamente denominadas soft).

Debo decir que en el PAD somos reconocidos precisamente por esto último, y estoy seguro de que es porque no rehuimos la filosofía, y Leonardo Polo ha sido –con Juan Antonio Pérez López– una de las fuentes más poderosas, de las que nos hemos nutrido los profesores de Dirección de personas en la empresa. En el PAD (escuela de Dirección de la Universidad de Piura) denominamos a esa Área Gobierno de personas.

Trataré de describir algunos de los aportes que ambos autores (Polo y Pérez López), –que, por cierto, se engranaban conceptualmente muy bien, además de ser grandes amigos–, nos han dejado y que constituyen hoy día buena parte de los tópicos que estudiamos y discutimos entre los profesores y con los alumnos:

 

a.    El primer cliente de una empresa son sus trabajadores. Esta aseveración es enormemente luminosa para orientar a los directivos en el ejercicio de su función. Polo, a propósito de hablarnos de amistad en la empresa, habla de la potencialidad de los trabajadores así como de los clientes (Cfr. POLO, L., Antropología de la acción directiva;  SELLÉS, J. F., Familia y Empresa, 7- , 170).

 

Desde los inicios del PAD (allá por los años 76 o 78) hemos afirmado con seguridad la primacía del “productor” (o trabajador) versus el “comprador” (o cliente), cuando casi nadie establecía esta ordenación (y digo casi nadie para cubrirme del posible olvido).

Por otro lado se llega a esta conclusión al razonar con Pérez López acerca de la necesidad del orden en el ejercicio de cualquier virtud; solía repetir, aplicándolo a la caridad: que “a igualdad de necesidad, primero hay que atender al más cercano, y a igualdad de proximidad, primero al más necesitado”. Está claro que “el más próximo” y  “el más necesitado”, son de ordinario, el productor frente al consumidor.

 

b.    Papel de los vendedores en la empresa, como recolectores de ideas para la innovación (Cfr. P. 7 nota 29 de SELLÉS o. c.) y para atender las necesidades de los consumidores. De ahí puede deducirse la importancia de la parte fija de su retribución, pues en ella va implícita la importancia que la empresa les reconoce.

 

c.      Al definir el leimotiv del empresario, una vez superado, o puesto en su sitio, el recurrido por proverbial “afán de lucro”, se suele  mencionar el “afán de logro” y  “gusto por el riesgo” (que definirían más bien al aventurero); gracias a POLO, podemos decir que  empresario es la persona que tiene “ilusión por crecer”.  También afirmaba que él era empresarista y que se apuntaba a colaborar en las iniciativas o en los proyectos que empezaban.

 

d.    Quizás la influencia más decisiva, que hemos recibido, de D. Leonardo, en el contexto de la empresa, haya consistido en poner en primer lugar a la persona, pero no como enunciado moralista sino con los hechos concretos derivados de la toma de decisiones eficaces y correctas.

 

En el PAD hemos experimentado que no es suficiente que los profesores tengan clara la primacía de la persona (como concepto), ni tampoco y además, que lo reconozcan públicamente como muy importante, sino que deben ser capaces de destacarlo en TODAS las sesiones que dicten o dirijan como una convicción fundamental o un valor compartido y resaltado transversalmente en las diversas asignaturas.

En esta línea debemos mencionar los trabajos que generosamente nos ha prodigado Juan Fernando Sellés, y el esfuerzo por divulgar el pensamiento de Polo de Genara Castillo. Año tras año concordamos en  cómo nos ayudan a obtener resultados concretos con los participantes aunque su repercusión laboral, social, económica, familiar y moral sea imposible medir por completo.

Podemos citar a modo de ejemplo que en el PAD, prácticamente no hay ninguna sesión con Casos (situaciones reales en las que los alumnos o participantes discuten acerca de la problemática planteada, moderados por  un profesor), en las que el moderador no llame la atención y haga reflexionar sobre el valor de las personas protagonistas del problema en cuestión.

Nuestra apreciación es que los alumnos son muy sensibles a ese énfasis, y con el transcurso del tiempo, es frecuente que se identifiquen con esa característica, incluso aunque no sepan aplicarla en alguna situación determinada  (y en tal caso la duda interior les lleva a pedir consejo,  si no llegan a hacerlo, al menos les queda la inquietud de no haber concluido satisfactoriamente el proceso racional. De esta forma somos conocidos por nuestra Misión.

El profesor  Manuel Alcázar ha contribuido recientemente con su tesis doctoral a profundizar en este tema (Cfr. ALCÁZAR, M., Las decisiones directivas: una aproximación antropológica al logro de eficacia y de aprendizajes positivos en las organizaciones. Instituto Empresa y Humanismo. Universidad de Navarra, 2010, pro manuscrito, en proceso de edición).

 

e.    Un tema permanente en las sesiones dictadas por el Dr. Polo, especialmente en sus últimos viajes, fueron las virtudes, de manera especial la fortaleza y la templanza. Me detengo un momento para comentar que hablar de templanza a los empresarios no solamente resultaba novedoso sino sobre todo insólito: ¡era impensable proponer un modo de vida sobrio y austero, precisamente a los promotores del consumo! Y además con una fundamentación antropológica de una lógica impecable, ya que la entraña de esa dinámica es estéril y lleva a detenerse.

 

Pues bien –disculpen que insista– por ello somos distinguidos, y reconozco la autoría de Polo, al proporcionarnos un marco teórico compacto y a la vez entendible (en su divulgación varios profesores del PAD han tenido un papel importante que es justo mencionar aunque sea de paso). 

 

f.      Suelo preguntar en clase cuál es el fin de una empresa. Las respuestas son de lo más variadas y van desde el consabido ganar plata al desarrollo social, pasando por el logro de objetivos, unir equipos, etc., etc. A partir de ahí, amplío la pregunta diciendo que cuál piensan que es el objetivo y cuál la función de esa misma empresa. Abierto así el abanico de alternativas, el pensamiento empieza a fluir y, para ordenar las ideas, debo añadir qué pienso que puede entenderse por cada uno de estos conceptos.

 

Ahí señalo que fin es cómo una organización contribuye al logro del fin último de las personas, y prácticamente todos concuerdan que no puede ser otro que la felicidad, descrita lógicamente de varias formas. En cuanto al objetivo, fácilmente aceptan que es el sector o rubro que han elegido para desempeñarse, comercio, industria, servicios, etc., medido en términos empresariales (lograr tal o cual penetración de mercado, ampliar el negocio en tales plazas o productos, etc.).

Al llegar a la definición de la función se aclaran bastante las dudas cuando se entiende que función se refiere al aporte de una parte específica de un todo. En este sentido es muy gráfico describir la mano como órgano encargado de acciones de tipo prensil, defensivo, saludo, para bien del cuerpo humano. Finalmente, se establece bastante consenso al definir que la función de la empresa es crear valor económico añadido o riqueza.

Tuve oportunidad de enseñarle al maestro Polo, este planteamiento que expuse en el acto académico inaugural de la Universidad de Piura el año 1990, a la vez que le preguntaba si era publicable. Como su respuesta fue afirmativa, salió como volumen n. 32 de la Colección Algarrobo (Cfr. FERREIRO, P., Ética y empresa, Piura (Perú), ADEU-Universidad de Piura, 1991.

Según esta nomenclatura, empresario sería aquel profesional que enrola a otros en un proyecto rentable, en un campo determinado, operando de tal manera que las personas mejoren en términos de felicidad. Si quedara clara esta idea me parece que habríamos avanzado mucho en lo que podríamos denominar calidad de la empresa. Polo señala como parte importante de esa felicidad el crecimiento en la amistad (op. cit., p. 7).

 

g.    Inclusión es la palabra clave, al menos en el Perú, en estos momentos (que ya suman un lustro) de crisis económica mundial. Se suele definir la inclusión como la elevación del nivel de consumo de las personas que viven en zonas marginales. Como se ve, se suele hacer referencia sólo al ámbito material.

 

Si se parte de los conceptos descritos en el apartado anterior, queda claro que las personas estamos dentro de la categoría fin; por ello nos proyectamos, crecemos, en la medida en que consideramos a los demás (ordenados según la jerarquía de la caridad descrita líneas arriba) como destinatarios de nuestra apertura radical (co-existencia personal en la concepción de Polo).

Está claro, y a ello tendremos que ajustar nuestra conducta y, por lo tanto las prácticas empresariales, que las personas nunca pueden ser utilizadas como medios para otros fines “más altos”. Es maquiavélica la expresión de que el fin justifica los medios, pero en una adecuada dirección las personas no son nunca medios, sino fines en sí mismas. Por eso deben ser tratadas con el máximo respeto, si bien se fomente y se use su trabajo.

 

h.    Uno de los problemas más graves que en estos momentos tienen las empresas medianas y grandes (multinacionales, por lo general) en el Perú –de extraña bonanza económica y relativamente estable– es la alta rotación (cambios de trabajo). Varias de estas instituciones requieren con frecuencia de nuestro servicio de asesoría para que les aconsejemos un modo rápido de proceder que evite la “sangría”.

 

Estas bajas laborales pueden ser debidas a varias causas, algunas de ellas difíciles, por no decir imposible, de prever (salvo estadísticamente, y en horizontes de tiempo largos) y aún de evitar. Como suele decirse las personas no se “casan” con la empresa, y ¡hacen bien! Pues por mucho que se predique la empresa no es una familia (algo similar, a cuando se apela a que “madre solo hay una” podría prolongarse a que “familia solo hay una”, y ésta no es una Sociedad Anónima, gracias a Dios).

Algunos empresarios, en la práctica incurren en este grave error de apreciación: creen ser dueños de la vida (presente y futuro) de las personas que se desempeñan en una firma. Evidentemente esto es un extremo que ignora que la gente es libre.

Pero en el otro extremo se ha corrido la especie de que “se acabó la lealtad a la empresa”, y que “cada quien debe ser leal antes que nada a sí mismo”; se dice que la gente joven, de forma creciente, delinea “a priori” su iter profesional, como el que selecciona colores en una paleta.

Y eso podría estar bien desde un punto de vista estético o de “ensueños fantásticos”, pero la lealtad a la empresa sigue existiendo porque como señalaba el Dr. Polo la lealtad es un gran valor humano (las referencias eran casi constantes al hablar de las virtudes).

Entonces: ¿cuál es la solución? ¿Qué podemos aconsejar a las empresas que padecen de la marcha de su personal directivo? Pues, parafraseando al Fundador de esta Universidad y de la mía, (él se refería al amor, pero me parece que es aplicable a todos los hábitos operativos buenos): “donde no hay (lealtad), pon (lealtad) y sacarás (lealtad)”.

Esto –no se me oculta– es tan sencillo de decir como difícil de hacer, pero en ello consiste, precisamente, dirigir.  Por supuesto que la mayor parte de las Consultoras enfrentadas al problema de la retención de personal (“clave” o de “talento” suelen señalar, para aliviar la suerte de la cuenta económica que pasan), presentan unos planes de tipo exclusiva o principalmente monetarios: promesas económicas (bonus o premios) entregables si permanecen en la empresa más de 3 o 5 años, o los que sean. No se dan cuenta de que con estas prácticas refuerzan lo que tratan de evitar: la deslealtad. No ven, en definitiva, que lealtad y dinero, están en planos diversos, no son intercambiables, e intentarlo desnaturaliza la relación. (Cfr. SELLÉS, Juan Fernando, o. c. p 13).

 

3. Por último, aunque no debería ponerle fin, porque no lo tiene, a este “pliego de agradecimientos”, quiero mostrar unas pocas expresiones que son ya como frases hechas, en el PAD, acuñadas tras varias décadas (en concreto casi cuatro), de repetición amable a los oídos de los participantes a propósito de la discusión de un Caso, o de la absolución de una pregunta en una Conferencia o durante un Trabajo en Equipo (que en la Escuelas de Negocios son proverbiales, porque representan ensayos generales de la Sesión General):

 

a.    Ética es actuar por motivación racional por motivos trascendentes (la expresión original y la idea que la sustenta es de Juan Antonio Pérez López, pero conversamos de ella y la aceptaba con agrado nuestro querido profesor Leonardo Polo)

b.    Comunicar es decir la verdad y motivar a hacer el bien. Lo demás son técnicas, a menudo manipuladoras.

c.     El modelo Mecanicista o nivel económico de una empresa (Plano de la Eficacia en la nomenclatura de Pérez López), es tan imprescindible como insuficiente: si no hay beneficios la empresa no es tal. A su vez el modelo Psico Social (Plano de la Atractividad o segundo nivel, más el anterior o primer plano), es como de paso: si no se supera hasta llegar al modelo Antropológico (Plano o tercer nivel de la Unidad más los dos anteriores), se retrocede hasta regresar al primer nivel de partida.

 

En definitiva, esta última aseveración no es más que una ratificación a nivel de experiencia profesional, de lo que sabemos acerca de la persona, y que gracias al magisterio del profesor Polo sabemos que es un puro darse. Con la seguridad de que para Don Leonardo esa actividad personal se ha cumplido ya en el Cielo de manera desbordante, le hacemos público nuestro reconocimiento e infinita gratitud.

 

 


Leonardo Polo

Granice subiektywizmu[123]

 

 

         W naszych czasach subiektywizm, tak silnie rozpowszechniony, jest jednocześnie obiektem silnego sprzeciwu. Trudno wobec niego zająć rozważną czy rozsądną postawę. Albowiem, jeśli subiektywizm, jak wszystkie -izmy, jest godny pożałowania, z drugiej strony, także i atak przeciwko temu co nieredukowalne w każdym człowieku, włącznie z tym, co pociąga za sobą zniewaga wolności i przymus rozwoju człowieka, jest tak samo godny pożałowania. Jak jednak przejść bez szwanku, tak aby nie oscylować pomiędzy skrajnościami czy skupiać się na wybranym sensie, między skrajnymi subiektywistami a tymi, którzy próbują zredukować człowieka do stanu osobnika jakiegoś stada?

         Myślę, że tragedia subiektywizmu polega na tym, iż zawiera on w sobie następująca sprzeczność: zbyt duży nacisk na chęć utrzymania pojęcia podmiotu w sposób prawowity i pełny, w efekcie prowadzi do jego rozchwiania. I to usilne dążenie, jak na ironię, jest zniszczeniem, ten rodzaj dynamicznej autonegacji (jest częścią subiektywizmu, ale nikt nie może upierać się przy subiektywizmie, ponieważ waha się i kończy w strasznej rozterce dotyczące wyjątkowości samego człowieka), ma swoje uzasadnienie w bycie który stara się myśleć, mówić lub żyć jako podmiot (to, co człowiek ma jako własne, co nie może być zredukowane do innych) od sytuacji lub w sytuacji pełnej autonomii. Oznacza to, że subiektywizm byłby interpretacją ludzkiego ducha, tego, co wyłącznie przynależne danej osobie i, co całkowicie odrębne wobec innych, a w związku z tym, niezależne od reszty, niezwiązane z nią: to jest to, co nie może być trwałe i stabilne, przeciwnie, co zawsze pociąga za sobą pewien upadek. Przyjrzyjmy się szczegółowo aspektom tego problemu.

 

Człowiek, byt bardziej zindywidualizowany

 

         Nie ulega wątpliwości że, pośród wszystkich rzeczy które otaczają człowieka, pośród wszystkich rzeczywistości w świecie, w człowieku w najsilniejszy sposób przejawia się się to, co moglibyśmy nazwać indywidualnością w możliwie jak najszerszym sensie tego słowa. Byt bardziej zindywidualizowany, to jest, byt bardziej jednolity, posiadający siebie, byt, którego działanie przede wszystkim tworzy to, co intymne, byt uprzednio niezdeterminowany, to właśnie człowiek. Prawdą  jest jednak również, i za każdym razem staje się to jaśniejsze, że przywilej człowieka bycia indywiduum, bycia całością która panuje nad sobą i, która prowadzi działalność od wywnętrz, nie tylko dana jest bytowi ludzkiemu, ale także objawia się w porządku rzeczy, jakkolwiek w sposób dużo bardziej ograniczony, słabszy i mniej złożony. Odwołując się do przykładu, obecnie już nie sposób wyrazić zgody na tezę mechanicystów, w myśl której rzeczywistości lub układy fizyczne nie mają żadnej wewnętrznej przyczyny, a wszelki ruch, jest niczym innym jak konsekwencją serii zewnętrznych faktów. Dalej, są one bezwładnymi systemami, które wyłącznie wprawia się w ruch lub modyfikuje ich stan – i w wyniku tego skutek, który powodują – jest uprzyczynowiony  zewnętrznie. Dziś, nie można by już utrzymać takiego poglądu, ponieważ w tym co najbardziej elementarne – jak w przypadku atomu, rzeczywistości mikrofizycznej – wydaje się nie budzić wątpliwości to, że istnieje energia niedająca się odseparować od swego budulca. Z punktu widzenia fizyki kwantowej, procesów którym ulega dany atom, nie można wyjaśnić wyłącznie poprzez wpływ zewnętrznych sił, tylko że tam – w atomie – znajduje się rodzaj energii będący własnością samego atomu, i poprzez którą atom ujawnia się i ustanawia swoją wartość we Wszechświecie.

         Posiadanie tej wewnętrznej energii i zdolności działania manifestuje się najmocniej w człowieku. Człowiek jest bytem jednostkowym poprzez antonomazję dokonującą się w odniesieniu do świata. A więc to, co charakterystyczne dla indywiduum – i tym samym to, co powinno rosnąć w miarę jak indywiduacja staję się bardziej intensywna – jest właśnie możliwością ustanawiania ważnych relacji z innymi. Nie trzeba pojmować indywiduum z jednego punktu widzenia, jednej perspektywy względnej niezależności i  przejawu swojej własnej aktywności, pochodzącej z samego siebie, ale również trzeba rozumieć je następująco: im bardziej jest się indywiduum, tym więcej ma się wspólnego z innymi.

         Z uwagi na to, wspominałem wcześniej o tragicznym rozchwianiu subiektywizmu. Subiektywizm opiera się na czymś niezwykle prawdziwym – człowiek jest najbardziej indywidualnym bytem w całej gamie kreacji ziemskiej – jednak mylnie interpretuje tę indywidualność: sądzi, że indywiduum może się odseparować, żyć zupełnie odizolowane, bez okien; to nie jest jednak prawdą. Im bardziej indywidualna jest dana rzeczywistość, tym bardziej zależna. I dlatego też, może i powinien bardziej wpływać na rzeczy, promieniować, mniej się zamykać i dążyć do wypracowania tego, co wspólne z otoczeniem makroskali: staje się wówczas bardziej powiązany; nie postrzega siebie zależnie od danej motywacji, ale postrzega siebie jako wylewność, poprzez działanie siły będącej poza światem zmysłowym i jakimkolwiek ograniczeniem, jakie dotyka indywiduum. Nie ma sensu myśleć, że indywidualność realizuje się w procesie tak samo jak konstytuuje się jako odrębny system. Indywiduum konstytuuje się jako autonomiczny system z punktu widzenia sił zewnętrznych – jak rycina – jednak nie autonomicznie z punktu widzenia swoich późniejszych relacji: z punktu widzenia swojego przeznaczenia, swoich celów. Ostatecznie, im bardziej jest się zindywidualizowanym, tym bardziej jest się uniwersalnym. I ten kto się zamyka na to, co zewnętrzne, również zamyka się się na to, co wewnętrzne: zubaża się i koroduje.

        

Proces rozwoju subiektywizmu

        

         Jakkolwiek człowiek powinien być indywiduum poprzez antonomazję, bytem najbardziej zindywidualizowanym jaki istnieje na Ziemi, jego jednostkowy charakter, nie jest dany raz na zawsze, to jest, nie jest niezmienny, albowiem w człowieku zachodzi wyraźny proces ukonstytuowania się jako indywiduum. Na ten uporządkowany proces składają się kilka etapów, które opiszę używając pojęć jaźń, ja, osoba – które dzisiejsi psychologowie rozumieją w odmienny sposób czy w pewnym pomieszaniu[124].

          W dużej mierze, wspomniane wyżej pomieszanie, bierze się z potraktowania faz wyłącznie jako następstwa. Jak się okaże, w związku z tym co powiemy później, nie traktuję pojęć jaźni, ja i osoby w sposób umożliwiający ich współistnienie czy przesunięcie ich na margines, który by wymagał tymczasowego podziału. Trzeba zaznaczyć, że owo rozróżnienie może mieć także sens etyczny. Tak czy inaczej, aby ułatwić niniejszą prezentację, rozpocznę od użycia wskazanych pojęć zgodnie z ich uproszczonym modelem.

         Człowiek nie jest, przez całe swoje życie, tak doskonale zindywidualizowany jak mógłby być, i jednocześnie, nie może takim zostać; proces rozwoju jego indywidualności odwraca się, to znaczy, zmierza raczej wstecz niż wprzód.

         Mówiąc schematycznie, pierwsza faza – patrząc z perspektywy psychologii ewolucyjnej -   korespondująca z dzieciństwem, w której człowiek uznaje siebie jako siebie i spostrzega swój indywidualny charakter, przebiega poprzez: czucie, rozumienie czy po prostu rozpoznawanie siebie jako siebie. Jeśli ktoś może być samym sobą, może nim być tylko wobec innych. Być samym sobą wyraża takie bycie, które jest wobec wszystkiego, co inne. Jednakże nie oznacza zarazem jakiegoś odseparowania, wręcz przeciwnie: żeby rozpoznać siebie jako siebie, konieczne jest aby to, co różne od siebie osiągnęło jakąś obiektywną konsystencję, bez której jaźń nie może zrozumieć siebie zgodnie z częścią swojego własnego charakteru. Jeśli to, co różne od jaźni jest samym wahaniem, jakowąś niespójnością, jaźń staje się niemożliwa.

         Według niektórych psychologów, powyższa ambiwalencja – bez której jaźń nie może się ukształtować – pojawia się w ósmym miesiącu życia (Piaget). W każdym przypadku tym, co w owej fazie dominuje, są działania ukierunkowane na proces autokonstytucji. Wykorzystuje się w tym celu zewnętrzne bodźce pozwalające utwierdzić jaźń, z jednej strony hamując jej nadmierne imperium, z drugiej, wykorzystując je dla uzyskania podstawowej niezależności, bądź też, pierwotnej konstytucji. Nie dziwi wszak, że jeśli wspomniane bodźce przekraczają określoną granicę, są odczuwane jako zagrożenie. W tym sensie można mówić o << strachu przed obcym >> (Spitz) jako czynniku organizującym jaźń. Jednakże strach ten umożliwia zarazem nawiązanie relacji <<przedmiotowych>>, w sensie terminologii psychoanalizy współczesnej. Spitz proponuje inny czynnik organizujący, widoczny również w okresie dzieciństwa: negacja, << nie >>, opozycja, dzięki której dziecko jest zdolne wstrzymywać niektóre początkowe zachowania – w sobie lub w innych – z myślą o uniknięciu niepowodzenia. Negacja winna pojawić się do jedenastego miesiąca życia.

         Inny psychologowie – na przykład Meili – odnoszą kształtowanie się jaźni do tego, co nazywają wytwarzaniem <<systemu subiektywnego>> wobec <<systemu obiektywnego>> doświadczeń pochodzących ze świata zewnętrznego. Takie różnicowanie się płaszczyzn czy systemów, następowałoby z kolei po wykształceniu się umiejętności odróżniania bodźców pochodzących od organów wewnętrznych i organów zewnętrznych, rozwijającej się do trzeciego i czwartego miesiąca życia.

         Jakakolwiek byłaby wartość tych szczegółowych rozróżnień ujawnionych przez obecnych psychologów, jasne jest że jaźń jest zróżnicowana i  zarazem, pozostaje w odniesieniu do tego, co zewnętrzne. W okresie dzieciństwa tym, co organizuje indywidualność jest postawa gorliwego strażnika samego siebie (jaźni), która, pomijając cały paradoks, współtworzy to, co różne jako nieodzowny czynnik im jako taki, każe nam przyznać, iż bardziej niż strach czy obrona, przeważa na tym etapie sympatia i wdzięczność. Wystarczałoby zwrócić uwagę na uśmiech dziecka, by wykluczyć, iż konieczność autokonstytucji mogłaby być zgodna z odseparowaniem, egoizmem, czy wrogością wobec innych.

         Niemniej jednak, na tym etapie człowiek jeszcze nie postrzega siebie jako ja, jako samo ja; traktuje się po prostu jako jaźń. W związku z tym, przychodzi mówić o kolejnym etapie, który jest  procesualizacją ja (yoización). Owo rozróżnienie, generalnie rzecz ujmując, nie zostało osiągnięte przez współczesną psychologię. Niezależnie od tego, trzeci czynnik, o którym wspomina Spitz, zaznacza w jasny sposób różnice pomiędzy jaźnią – będącą naprzeciw świata – i ja jako skupiającym ośrodku organizacji. Ja, w efekcie, jest etapem, który nie tylko sprowadza się do serii czy zbioru uczuć, myśli i afektów pochodzących z własnych przeżyć, uwikłanych w pragnienie tego, co zewnętrzne. Ja oznacza, że w łonie jaźni wyróżnia się centrum wokół którego organizuje się cały świat. Ale nawet w swojej bardziej dojrzałej fazie ja, w momencie egotyzmu, jest jeszcze młodzieńcze. Wcześniej, dostrzeganie tego, że istniej coś, co przechowywane jest jako własne, może iść w parze z uczuciem podatności na zranienie (nieufność bardzo charakterystyczna dla młodości, dopuszczająca także świadomość, iż antycypuje etap nazywany <<kryzysem opozycji>>, Wallon). Takie uczucie wskazuje pewną słabość lub niejasność statusu ja jako instancji centralizującej. Jednakże, jakakolwiek byłaby waga tych zmian, ja oznacza, że wobec otoczenia, które uznaje za własne, stawanie się rdzeniem przystosowującym. Teraz nie mamy już do czynienia z jakimś obszarem odseparowanym od reszty i odniesionym do niego, lecz również pozytywne odniesienie wspomnianego środowiska  do centrum. Różnica pomiędzy jaźnią i ja jest, by tak rzecz, zaszyfrowana poprzez fakt, iż jaźń nie znajduje głównego sprawcy; teraz jednak, cała seria przeżyć, doświadczeń wewnętrznych i eksternalizowanych, centralizuje się i orbituje, staje się moimi doświadczeniami. I pojawia się to, co nazywa się  ja.

         Jednakże ten proces rozwoju jeszcze nie jest wystarczający, i również powinno się powiedzieć, że ja  nie doskonali wszystkich instancji siebie, ale raczej, zostawia to, co wymaga udoskonalenia na innym etapie. W związku z tym, w normalnym rozwoju subiektywności, po fazie ja  następuje etap, który moglibyśmy nazwać etapem osoby. Osoba jest czymś więcej niż ja, nie tylko w oczywistym porównaniu obydwu pojęć, ale również w tym, co odnosi się do ich funkcji w odniesieniu do jaźni. Osoba – mówiąc opisowo – nie tylko jest tylko centrum, które czyni się odpowiedzialnym za to, co wcześniej zostało wyróżnione jako jaźń, ale jest to sytuacja przyciągania i integrowania, osoba jest kimś, kto rozporządza wszystkim. Nie jest wyłącznie centrum atrybucji, obiektem posiadającym właściwości, ale tym, który na nie wpływa i jest zdolny projektować i utwierdzać je, który niesie ze sobą zadanie udziału, ekspansji; w końcu, jest zdolny do miłości, która rozumie i wdraża się uwzględniając wielość, umiejąc się przystosowywać. Osoba to coś więcej niż ja. Ja jest centrum atrybucji, zdobywającym jaźń dla siebie, przekształcającym ją w możliwości, w coś, czym może dysponować i czemu, tym samym, może nadać cel. Osoba nie jest centrum, ale zdolnością do czynienia siebie centrum bez straty siebie.

         Na etapie osoby człowiek właśnie dlatego, że jest zdolny do kierowania sobą – transcenduje siebie; jest indywiduum, ale indywiduum, które dąży, i które dążąc, zmierza poza siebie, w sposób adekwatny łączy się poprzez udział – z otaczającym go społeczeństwem, i co więcej, zdaje sobie sprawę, że jego własny byt zależy od Osoby godnej absolutnego pragnienia, to jest, dysponuje sobą w formie oddania się, oddania się na usługi miłości, na usługi Osoby, która jest nieskończona – Boga. Dlatego proces tworzenia się danej indywidualności zawsze wieńczy – jeśli jak dotąd przebiegał poprawnie – szczodre wzniesieniu siebie w obliczu Boga: w zebraniu się w sobie i oddamiu się Bogu; człowiek rozporządza sobą, ponieważ ustanawia <<punkt>> podparcia dla adaptacji, pragnienia i pokoju, dalej niż ja, w Tym, w którym konstytuuje się, jak mówi stara tradycja filozoficzna, ens concretissimum, indywiduum par excellence, byt źródłowy i doskonale konkretny. Na drodze samodoskonalenia się człowiek dochodzi do Boga: jaźń-ja-osoba; osoba-przeznaczenie-Bóg. Jednak właściwe zrozumienie człowieka jako indywiduum prowadzi do stwierdzenia, że nie jest on tym, który ustanawiania ów punkt podparcia dla adaptacji, pragnienia i pokoju w Bogu; nigdy go nie odnajduje, bo ja nie jest tym punktem.

         Subiektywizm – i dlatego jest on tragedią – jest zakłóceniem procesu dojrzewania. Jeśli na początku jest jaźń, później egotyczna centralizacja jaźni i następnie nieograniczona dyspozycja sobą (faza osoby), subiektywistą jest ten, kto zatrzymuje się na etapie ja: nie żyje jako osoba. Subiektywizm jest negacją bądź utratą pełni osobowości, to jest, zatrzymaniem procesu indywidualizacji na etapie ja. Ale w takim razie, ma tutaj miejsce niemająca rozwiązania zubożająca inwolucja: kiedy człowiek zatrzymuje się, kiedy nie osiąga swojego najwyższego wymiaru i zmierza osiąść na jednym z etapów własnego wzrostu, nie czyniąc kolejnego przejścia, w sposób nieunikniony dochodzi do regresu. Wspomniana faza nie jest stabilna i, ponieważ nie jest stabilna i nie metastablizuje się,  destabilizuje się dążąc ku dołowi, ześlizguje się. Subiektywizm jest taką sytuacją i stosunkiem, lub takim typem teorii i interpretacji człowieka, w którym ja postrzega siebie jako najwyższe i wystarczające do realizacji siebie jako indywiduum. W takim stadium, projekcja ja otwiera się na zmiany tego, co konstytuuje własną jaźń. Ja będące centrum jaźni, realizuje się wyłącznie względem tego, co ma: mówiąc precyzyjnie, względem swojej jaźni. W związku z tym, kiedy człowiek nie przechodzi od etapu ja  do etapu osoby, wraca od ja do jaźni, i co więcej, zgodnie z tym, co powiedzieliśmy, ja nie jest w całości planem jaźni; upada w niej, szkodzi swojej integralności.

         Człowiek nie jest takim bytem jednostkowym, który w jakimś momencie mógłby uznać się za wystarczająco rozwinięty; człowiek jest zawsze indywiduum będącym w procesie; procesie rozwoju poprzez trzy wymienione etapy: jaźń, ja i osoba lub procesem degradacji, jeśli zatrzymuje się na drugim etapie. Próba trwania jako ja, jako centrum, znosi centrum, które się rozrzedza, rozprasza i rozpryskuje w swych własnościach.

         Powyższe rozważania wymagałyby dokładniejszego i bardziej szczegółowego rozwinięcia. Tutaj nie mogę tego uczynić, ponieważ jest to jeden z tych skomplikowanych problemów, który w zwykłej rozmowie powinien rozwinąć się intuicyjnie i który, kiedy chcemy odwołać się do intuicji, wymusza opis. Wsparciu tego, co chciałem wyrazić, posłuży przywołanie słów Świętego Augustyna – który był człowiekiem niesłychanie przysposobionym do życia wewnętrznego – ten, kto nie czyni postępów, cofa się. Człowiek nie jest bytem, który mógłby zatrzymać się: <<powiedziałeś dość, umarłeś>>.

         Reasumując, kiedy człowiek wychodzi od jaźni ku ja, ale zatrzymuje się na ja, i nie przekracza go, zmierzając do bycia osobą by połączyć się z Bogiem, wówczas cofa się, wraca poprzez ja do jaźni, traci ja i rujnuje jaźń. Ja jest centrum atrybucji jaźni, jednak kiedy żyje w zatrzymaniu, w sposób nieunikniony ja zatrzymuje się na etapie jaźni. Proszę sobie przypomnieć – jakkolwiek tutaj zostanie pominięta jego krytyczna analiza – bezruch lub regresję, czy neurotyczne wykorzystanie <<mechanizmów obronnych ja>> o których mówiła Anna Freud. Hipotetycznie, regresja jest nerwowym mechanizmem obrony, redukującym ja do <<jaźni>> sparaliżowanej i zdegradowanej. Projekt stabilizacji w porządku, w którym ja stara się ustanawiać – nie jako osoba, lecz jako ja, jako centrum – jest niemożliwy do zrealizowania, niestosowny: to tak jakby ja chciało być ja, ograniczając się wyłącznie do życia jaźnią. I kiedy ja ograniczania się do życia samą jaźnią, to otoczenie, które przynależy do niego, przerzedza się, ja traci swój centralny charakter, stający się coraz bardziej wątły, traci jakość i gęstość, rozpuszcza się ze wzmożoną dowolnością i powierzchownością, gubiąc faktyczną kontrolę na sobą. Kiedy jakieś ja chce być ja poprzez jaźń, ostatecznie poddaje się jej i w poddaniu się jaźni, zdradza najważniejsze instancje ludzkiej indywidualności, czyniąc jest zbyt władczymi. Ja rozpoczyna w ten sposób jeden ze swych fantastycznych tańców, oczarowany swoimi własnymi możliwości, którymi chce dysponować jako  ten ostateczny. W konsekwencji dochodzi do rozchwiania i oscylacji, zaburzenia funkcji, które abdykują, które na samym końcu przekształcają się w zmieszanie lub kaprys, w <<robię to, ponieważ tak mi się podoba>> lub robię tak, nie wiedząc wcale dlaczego. Człowiekiem, choć nie zdaje on sobie z tego sprawy, poruszają dynamiczne siły różne od ja, tendencje które ja – będące centrum – nie może scentralizować, nie może wziąć na siebie, z którymi się wymienia. To, co się dezintegruje i zatrzymuje, w najlepszym wypadku jest niepewnym kompromisem.

         Niestety, ów fenomen nie należy do rzadkości. Jest wiele bytów ludzkich, które nie rozwinęły się lub nie przekroczyły etapu  procesualizacji ja; zadomowiły się jednocześnie rozpraszając się w nim; ich indywidualność, zamiast rozwijać się i nabierać kształtów, zostaje przekształcona w marazm; ja ślizga się we własnym zbiorze możliwości, które nie są niczym więcej niż możliwościami, którymi się nie dysponuje, tylko które się burzy i przez wzgląd na które ja jest wyłącznie maską. Jest to oczywiste: odnajdowanie własnych możliwości na poziomie osobistym, dziś przechodzi kryzys. Z tej perspektywy nie uczyniliśmy postępu względem poprzednich wieków; na odwrót: upadliśmy wręcz. Mówiąc inaczej, ludzie poprzednich epok byli dużo bardziej postępowi w odniesieniu do indywiduacji niż ludzie tego wieku; wieńczyli proces swojej konstytucji, osobistego i autentycznego rozwoju duchowego, prowadząc go do skrajnej spójności i projekcji, którą aktualnie się odrzuca. Niedojrzałość osobowa jest dziś faktem wielce powszechnym.

 

Powszechne symptomy tragedii subiektywizmu

 

         Odrzucając czarnowidztwo i pesymistyczne wizje, wiedząc że wspomniany fenomen nie jest wszechobecny i można mu przeciwdziałać, muszę jednak powtórzyć, że subiektywizm jest dziś faktem powszechnym i dającym się łatwo obserwować.

         Niektóre z jego symptomów są jasne i nie patologiczne; inne, w odróżnieniu, są silnie patologiczne. Przyjrzyjmy się tym pierwszym.

         Jednym z najbardziej podstawowych symptomów patologicznych jest zawężenie zasięgu zainteresowania. Im bardziej ktoś jest osobą, tym więcej się interesuje; jako bardziej zainteresowany, bierze więcej spraw na swoją odpowiedzialność i tym samym staje się bardziej odpowiedzialny; bycie bardziej odpowiedzialnym oznacza bycie bardziej zobowiązanym. Ostatecznie,  jądro danej osobowości, poprzez ekspansję, rozszerza swoje zainteresowanie. Temat zainteresowania jest dziś modny w antropologii, ponieważ faktycznie to, co obecnie człowieka, kurczy się w zastraszający sposób, zmieniając się w obszar wielkości marginesu. Obywatel średniej klasy nie widzi nic poza problemami związanymi ze wzrostem konsumpcji... Mówi się, na przykład, że obecnie świat znajduje się w kryzysie religijnym, ale rzeczywiście mamy do czynienia ze sprowokowanym kryzysem zdolności do bycia religijnym; współczesny człowiek nie interesuje się religią lub jego religijność ma postać pozbawioną stabilności.

         Nie rozkwita również zainteresowanie wiernością wobec prawdy, byciem honorowym, byciem konsekwentnym. Manifestuje się to na przykład w niestałym charakterze zainteresowania drugą osobą; w pojawieniu się rozwodu i przyzwoleniu nań jako powszechnej możliwości, a także w takim samym potraktowaniu tematu  pigułki antykoncepcyjnej, za sprawą której deprecjonuje się wartość, jaką jest planowanie potomstwa.

         Innym jaskrawym faktem jest odpolitycznienie: objawia się ono właściwie pewnym wybrakowaniem rzeczywistości politycznej. Dezorganizacja społeczna, widoczna we wszystkich jego płaszczyznach, to dowód na to, że żyje się w społeczeństwie kurczenia się podmiotu subiektywnego: wyłączność interpretacji egotycznej lub subiektywistycznej właściwego bytu politycznego, w konsekwencji prowadzi do anemii aktywności politycznej; aktywność polityczna przekształca się w czystą inżynierię psychologiczną, w behawioryzm lub układ. Mówiąc jeszcze inaczej: z punktu widzenia polityki, nie tylko jesteśmy odpolitycznieni, ale również nie mamy siły i energii politycznej; obecna ludzkość jest politycznie sparaliżowana (wystarczy wspomnieć biurokratyczne zamrożenie ludzkiej inicjatywy w Rosji, by zdać sobie sprawę z tego, że nie istnieje tam żadna energia polityczna. Poprzez to, co można było obserwować w związku ze sprawą Watergate w Ameryce Północnej, rozpowszechnia się interpretację skrajnie egotyczną na temat pojęcia męża stanu).

         Ten przegląd osłabionego zainteresowania mógłby nas zajmować przez długi czas, ale jestem przekonany, że jego zasadniczy wydźwięk i sens pozostają jasne: każdy zamyka się w sobie  i traci zainteresowanie. Człowiek, który traci zainteresowanie, jest człowiekiem nie chce mieć nic wspólnego z resztą, która obliguje go do odwołania się do bardziej rudymentarnych etapów, które indywiduum przypisane są jako proces: zostaje zakotwiczony w jaźni, w jaźni pozbawionej celu.

         Symptomem subiektywizmu jest również wzmożenie reakcji obronnych lub, co jest właściwie tym samym, wzmożenie odbioru elementów zewnętrznych jako negatywnych, jako nosicieli – wirtualnie bądź w uobecniający się sposób – jakiegoś zagrożenia. W innych epokach historii człowiek nie postępował w ten sposób. Uczuciem które panowało przez wiele wieków w Europie, najważniejszym uczuciem, które żywiło się wobec reszty, w żadnej mierze nie była chęć obrony, lecz był to zaufanie; zaufanie, które mogło zostać zawiedzione, lecz które wymagało dowodu, że zostało zawiedzione: żyło się w zaufaniu do innych i przede wszystkim dlatego, otwarcie na na nich, jakkolwiek to nie wykluczało sytuacji konfliktowych. Obecnie natomiast sytuacja konfliktu znajduje się w pierwszym rzędzie: reakcje obronne – te reakcje które są typowe dla niedojrzałej fazy ja – teraz są cechą osób dorosłych, a owe cechy, jak są tak samo silne jak u jakiegoś nastolatka, zarazem jednak dużo bardziej zagmatwane. Wspomniane cechy wykorzystywane są na przykład poprzez techniki reklamy: w wielu z nich gra się na reakcjach obronnych; interpretacja innych ludzi jako czynnik negujący jakąś osobę, rodzi konieczność autoafirmacji w odniesieniu do reszty lub utwierdzenie własnej wartości, w kontekście społecznym, w rzeczach trywialnych. W projekcji właściwego ja, to znaczy takiego, które stara się wyjść poza jaźń, środowisko społeczne zjednuje się automatycznie jako ten, kto je neguje. I wobec tego wytwarza się sytuację bez wyjścia: trzeba dostosować ja w sposób, który pozwoli mu <<dobrze się prezentować>>, sugestywny, atrakcyjny lub przynajmniej akceptowalny (ożywienie <<sex-appel'u>>, kreacja publicznego wizerunku etc.).

        

Patologiczne symptomy subiektywizmu

 

         Smutna kondycja człowieka, redukującego się tylko do jaźni, daje się zauważyć poprzez sprawy dużo bardziej poważne. Na przykład, w prawdziwie zdumiewającym spadku zdolności komunikacji. To, że poświęcamy jej mało uwagi, w łatwy sposób uświadamia niezdolność ekspresji, krępującą zachowanie wielu osób; ewidentne są braki środków ekspresji, niezdolność asocjacji słowa i gestu, nierozumnie tego, co się czyta i o czym się mówi: kryzys zdolności ekspresji, manifestacji i uczenia się: jednym słowem, kryzys komunikacji. Kiedyś ktoś żyje na poziomie osoby, manifestuje i uczy się; manifestuje ponieważ, jako że dysponuje jaźnią, może być aktorem; uczy się ponieważ, jako że dysponuje jaźnią, asymiluje i przekształca. Kiedy ktoś nie dysponuje sobą, nie potrafi wyrażać siebie. Obserwujemy to u dzisiejszego człowieka, na przykład, w jego chorobie będącej wyjałowieniem sensu symbolu; jest wiele symboli funkcjonujących w sposób autystyczny, to jest, na marginesie wszelkiej zmiany. Zauważa się również, że gradacja stanów afektywnych znajduje się obecnie na skraju bankructwa,i, że w jej miejscu pojawia się to, co moglibyśmy nazwać masowym burzeniem afektywności. Człowiek – właśnie dlatego, że zwraca się ku jaźni, i w zwrocie ku niej, degraduje ją i bierze jako całość – zostaje zdominowany przez niekontrolowaną afektywność przechodzi od totalnej apatii (postawy  <<nieobecnej twarzy>>, tak typowej i wskazującej silny opór wobec postawy zainteresowanej) do konwulsywnej emocjonalności, wyolbrzymionej bądź histerycznej. Aspekt patologiczny subiektywizmu, w ostatecznym rozrachunku, polega na tym, że jeśli człowiek – zatrzymując się na określonym etapie rozwoju różnicującego indywiduaację – stara się żyć, opierając się na tym, co posiada jako jaźń, spotyka się z degradacją tej jaźni, ze zubożeniem; zmierza ku <<straceniu>> . Elementem kompensującym musi wówczas uczynić inne bodźce, chemiczne lub psychiczne, które obecnie postrzegane są jako bardziej potrzebne niż miało to miejsce w innych epokach.

         Inne przejawy, które owemu zubożeniu człowieka należy przypisać, odnajdujemy w sposobie myślenia naszej epoki, w tym, co nazwałbym <<manią>> kombinatoryki. Kiedy ktoś znajduje się w  bardzo przerzedzonym i rozproszonym środowisku elementów znaczących, praktycznie jedyne co może zrobić, to zestawiać to, co ma, prowadzić pewien rodzaj gry, w której serie elementów łączą się w sposób mniej lub bardziej przypominający zabawę kalejdoskopem. Jeśli przyglądamy się temu, co obecnie dzieje się w najobszerniejszych dziedzinach refleksji – socjologii, teorii kultury, operacyjnym rachunek matematycznym, czy nawet samej logice – dostrzegamy w sposób niezwykle jasny, że w wielu wypadkach konstrukcje teoretyczne redukują się do pewnej kombinatoryki. Jednak ze stanowiska traktującego człowieka jako byt, który się personalizuje, czym właściwie jest kombinatoryka? Jest to po prostu sytuacja niewyobrażalnej biedy dyskursów intelektualnych, w których jedyne co można zrobić, to kombinować, grać, komponując je w ten, czy inny sposób.

         Możemy dalej śledzić tragiczne aspekty subiektywizmu, biorąc jako przykład niektórych naśladowców Freuda. Interpretacje zaproponowane przez Masrcusego jasno wskazują degradację subiektywizmu aż do jaźni. Ale także freudowska interpretacja etapów rozwoju subiektywizmu, według której rozwój człowieka sprowadza się do ontogenetyczny, nie jest niczym innym jak po prostu pomyłką. Dowodzą tego same rezultaty jego terapii: poddany psychoanalizie jest leczony na podstawie dezintegracji jego osoby (to bowiem oznacza psycho-analiza). W efekcie, mówi się o analizie, rozdziale psyche. Stan wyleczonego za pomocą psychoanalizy odzwierciedla podział jego psychiki, jej dezintegracja, wreszcie, pozostawienie jej zdezintegrowaną. Trzeba stwierdzić, ujmując to w następujący sposób, że psychoanaliza jest operacyjnym dowodem regresywnej interpretacji człowieka. Albowiem człowiek jest procesem personalizacji, a tym samym, transcendencji. Osoba zaczyna się tam, gdzie człowiek przekracza siebie. Kiedy omija się owe przekraczanie siebie, dochodzi do sformułowań niedopuszczalnych opinii, przeciwnych faktom, których potworność przechodzi niezauważona w powszechnym chaosie. Takie szalone opinie nawracają szczególnie wobec tego, co w człowieku związane z religią.

         Na obszarze religii – teza ta jest całkiem już stara – stara się wywieść całą religię z uczucia i redukować ją w całości do niego. Jest to przesadzony egotyzm, egotyzm zdegradowany, który to, co transcenduje człowieka, redukuje w sposób absurdalny do tego, co posiadane przez ja, w perspektywie jaźni. Jako teza, sentymentalizm religijny jest herezją i źródłem herezji. Nie przeszkadza to jednak w praktyce temu, by kryterium, którego używa się w celu waloryzacji, nadawania kierunku relacją z Bogiem, było kryterium anonimowym, wahającym się, arbitralnym (cóż to za kryterium!) - kryterium emocjonalnym. W tym porządku rzeczy, <<standardowa>> propozycja jest następująca: <<idę na Mszę, kiedy mi wypada iść, i tylko wtedy>>.

         Interpretacja redukcjonistyczna religii, wychodząca od uczucia, jest jedną większych z głupot lub też, sterylizującą opozycją, burzycielem, jakie można sformułować. Chcąc napotkać religię – która wychodzi od transcendencji, implikującą osobowość, która transcenduje siebie – poprzez jaźń zdominowaną przez egotyczną żądzę, naturalnie, spotyka się tylko coś bezużytecznego, coś nie na miejscu.

        

* * *

        

         Jakie konsekwencje mogą wynikać z godnego pożałowania starania, by zatrzymać się na niedojrzałym etapie indywidualności człowieka? Jakakolwiek, byleby inne niż prowadząca nas do rozpaczy czy skandalu. Jedyną ważną i dającą się wykorzystać konsekwencją jest mianowicie to, że człowiek nie może przestać troszczyć się o bycie osobą. Trzeba przekroczyć egotyzm, jak i również, na miarę będącą osiągalną, uczyć innych przekraczać swój egotyzm, lub przynajmniej wskazywać ryzyko, jakie niesie niepodjęcie takiej próby i nie zaniedbywać środowisk zarażonych przygnębieniem. Ostatecznie, <<nie zostawić starania się o bycie osobą>> posiada doskonałą gwarancję: zawsze można stać się osobą i na wspomniane pominięcie zawsze można znaleźć remedium. Godną pożałowania jest sytuacja, nie wiążąca człowieka jego własna kondycja. Jedynym co wobec sytuacji godnych pożałowania, zasługuje na owóż, jest ucieczka od nich.

 

Tłumaczenie: Marcin Kopeć

 


 

[1] Cfr. L. Polo, Filosofía y economía, Pamplona, Eunsa, 2012.

[2] Polo había escrito precedentemente que “un ingeniero que está formado exclusivamente como ingeniero y que empieza a dirigir una empresa se verá en dificultades porque no tiene ni la menor idea de lo que es una persona y, sin embargo, una empresa o institución es una colectividad de personas, donde éstas, naturalmente, constituyen la parte más importante de la empresa”. L. Polo, Ayudar a crecer. Cuestiones filosóficas de la educación, Pamplona, Eunsa, colección Astrolabio, 2007, 201.

[3] “La teoría es la forma más alta de vida”, Aristóteles, Ética a Nicómaco, l. X, cap. 7 (BK 1178 a 6-7).

[4] “El que ejecuta la orden la ejecuta de acuerdo con su personalidad, con la capacidad aportante que él tiene, con una capacidad en definitiva interpretativa de la orden, porque pone su sello personal, con lo cual lo que sale no es exactamente lo que estaba previsto con antelación, sino que sale siempre algo distinto”. L. Polo, “La acción de gobierno”, en Filosofía y economía, ed. cit., 411.

[5] Ibid. En otro lugar había escrito: “Cuando se dirige a los hombres como si no lo fueran, el directivo sólo lo es nominalmente. Por grande que parezca su poder, en definitiva es nulo. Por consiguiente, llamaremos mal directivo al que no entiende al hombre. El mal directivo reduce al otro a la situación de aceptar su mandato a la fuerza”. L. Polo, Antropología de la acción directiva Madrid, Aedos, 1997, 114.

[6] Antropología de la acción directiva, ed. cit., 17.

[7] Por eso el autor indica que “en antropología no se puede decir que el hombre sea, sino que será”. L. Polo, Antropología trascendental, I, Pamplona, Eunsa, 1999, 137.

[8] Antropología de la acción directiva, ed, cit., 51. Y añade: “En rigor, si llenamos la cabeza de un directivo con ideas acerca de derecho político, de estructuras sociales, o de macroeconomía, puede llegar a una equivocada conclusión práctica (teóricamente también), a saber, que el hombre es un ser condicionado. La economía tiene unas leyes. Si pensamos que los hombres obedecen por principio a esas leyes, concluiremos que las respuestas humanas están condicionadas; lo mismo ocurre si la sociología se toma como ciencia suficiente. Pero la verdad es lo contrario. Para resolver un problema desde el punto de vista práctico, hay que pensar que el autor de la sociedad y el agente económico es justamente el hombre, por lo cual tales condicionamientos son secundarios. La economía es una forma de actividad humana y por tanto depende del ser humano cómo se comporten los fenómenos económicos. Para tomar medidas, para responder a los problemas de una manera adecuada, hay que tener en cuenta que el hombre no es un ser decisivamente condicionado, puesto que es el autor de lo social y de lo económico”. Ibid.

[9] Por eso, “el directivo no tiene más remedio que ir pasando de lo puramente comercial a lo socioeconómico y de lo socioeconómico a lo antropológico, estableciendo una relación de fundamentación: primero, de lo social respecto de su actividad empresarial y después, de su carácter de persona humana, de su calidad de agente, respecto de lo socioeconómico. Esto es así justamente porque los problemas se agravan. Si las cosas fueran menos difíciles, esta tarea de profundización no sería imprescindible. Lo que ocurre es que la crisis actual es muy notable, porque cada vez estamos menos aislados y las interrelaciones aumentan. Habermas dice que estamos desbordados por la complejidad; respondemos a ella con ideas sectoriales, especializadas –analíticas–. Al enfocarla así, la complejidad se hace ingobernable”. Ibid., 53.

[10]¿Cómo dirigir la marcha de la historia –escribió Polo– sólo con las ciencias de la naturaleza? Estamos haciendo una sociedad sin saber quienes somos y, por tanto, estamos haciendo una sociedad sin saber para quién. Pretender dirigir la historia con esa ignorancia es un disparate”. “La institución universitaria”, en El profesor universitario, Bogotá, Universidad de La Sabana, 1997, 59.

[11] “Una de las tareas más importantes del directivo es actualizar potencialidades. Normalmente se infraemplea a la gente. Desde luego, siempre que la dirección se ejerce de modo autoritario, muchas dimensiones de los sujetos a ese tipo de dirección permanecen sin emplear; son potencialidades humanas que quedan inéditas”. Antropología de la acción directiva, ed. cit., 121.

[12] “El directivo ha de mirar en primer término a la consecución de esos cambios de conducta, porque en la situación actual los cambios de coyuntura son cada vez más rápidos y o bien dichos cambios se controlan con la conducta adecuada, o bien llevan al desorden. La vida social de hoy está llena de turbulencias”. Ibid., 131.

[13] Ibid., 170.

[14] Ibid., 159. A lo que añade: “no puede limitarse a ser un técnico (dirigir hombres no es actividad técnica; pero si no se procura la formación de hábitos, cambiar conductas humanas choca con limitaciones de índole reactiva. La capacidad de cambiar depende de la libertad). Hay que tener cuidado porque sin hábitos la gente se acostumbra, se hace rutinaria (la rutina es contraria a la libertad porque es un factor de inflexibilidad) y entonces, si se le pide un cambio, no lo acepta, o lo hace tan a disgusto que le supone stress, o le lleva a acumular una serie de emociones negativas: rencor, susceptibilidad, resentimiento. Quien se siente ofendido y no lo dice, se inhibe, lo que equivale a una mentira práctica”. Ibid.

[15] L. Polo, “El mando”, en Filosofía y economía, ed. cit., 412. Y continúa: “Mandar en solitario sería la hipótesis catastrófica según la cual el mando es unilateral. Uno manda y los otros obedecen. Pero… si el hombre es libre nunca se limita a obedecer, sino que en la misma medida en que realiza una acción está él mismo emitiendo una orden, una información que debe ser recibida por aquel que emitió la orden, y ésta consiste sencillamente en que lo que está resultando y lo que pretendía no coinciden. Porque lo que A –primer emisor– pretendía, y lo que B –los ejecutores– han logrado no son idénticos. Por eso se saca la siguiente conclusión: la orden no es unilateral. Una orden unilateral es una orden que se puede dirigir exclusivamente a un caballo, a un burro, a un perro o a un esclavo, supuesto que haya hombres esclavos”. Ibid., 413.

[16] Una manera de conseguir la precedente integración en la empresa es tener en cuenta este principio fundamental: que el empresario no esté nunca sólo en la cúspide de la organización piramidal; que no quiera ser el jefe supremo, sino que cree un ámbito de compatibilidad en la cumbre; que tengan colaboradores en la cima. El que no gobierna colegialmente no sirve a la sociedad. De lo contrario no es templado, porque lo que templa la decisión de uno es el consejo de los otros, o el hecho de que las decisiones haya que tomarlas en conjunto”. L. Polo, “La acción de gobierno”, en Filosofía y economía, ed. cit., 440.

[17] “Mandar es una actividad integrativa, porque el mando no es unilateral, sino una relación biunívoca: sólo los que saben obedecer saben mandar, sólo los que saben mandar saben obedecer, ya que todo es cuestión de control. Obedecer no es subordinarse de una manera literal al que manda, sino la competencia profesional”. Ibid., 440.

[18] “Atendiendo a la comunicación, el directivo se puede definir como el hombre capaz de convocar. Cuanto mejor sea un directivo, mejores serán los que convoca. Esto acontece en todo proyecto humano. A su vez, la capacidad de convocatoria se mide por la calidad de los riesgos asumidos; si uno no se atreve a perseguir objetivos importantes, convocará a los perezosos o a los conformistas. Los mejores convocan a los mejores. Así lo atestiguan las empresas que hoy se llaman excelentes”. Antropología de la acción directiva, ed. cit.,  98.

[19] “La belleza es el último rango de lo iniciativa empresarial con la cual se superan las obtenciones. El subdesarrollo es feo, porque es prosaico”. “La acción de gobierno”, en Filosofía y economía, ed. cit., 441.

[20] Ibid., 440.

[21] L. Polo, “El valor de la veracidad como condición de la actividad empresarial”, en Filosofía y economía, ed. cit., 471.

[22] Ibid., 472.

[23] Ibid.

[24] Antropología de la acción directiva, ed., cit., 97. Y añadía: “el sistema de mando por coordinación no puede ser meramente imperativo, puesto que es necesario que el directivo se interese por el estado de la capacidad de hacer del otro. El trabajador incide con sus capacidades y aprende porque se encuentra con problemas planteados por otros, pero que ha de resolver él”. Ibid., 119. “Por el contrario, cuando el directivo considera que otro hombre puede aportar algo de su propia capacidad inventiva, de su propia formación, etc., a la propia toma de decisiones, no le tratará autoritariamente, sino que se relacionará con él antes de darle una orden. Ahora bien, si recibir una orden comporta cambiar de conducta, cuando existe una situación de comunicación previa el destinatario de la orden entenderá por qué se le pide lo que se le pide. Además, el cambio de conducta lo decidirá él (acogerá la orden desde dentro), pues tendrá en cuenta que se le pide en virtud de una delegación previa”. Ibid., 123. 

[25] “Sean las que sean las preocupaciones que abruman a un directivo, no debe perder de vista, porque es un asunto central, la mejora de sus colaboradores. Se podría elevar incluso a máxima moral (hay más máximas morales de las que se suelen señalar) la siguiente recomendación: nunca trates de aumentar los rendimientos económicos a costa de la calidad humana de los miembros de tu empresa. Sin duda, esta norma se transgrede muchas veces, pero la consecuencia es la ruina. Es una ruina muy complicada en su manera de producirse, porque depende también de la interconexión entre la empresa y su entorno”. Ibid., 132.

[26] “Para mandar hay que saber obedecer; asimismo, para obedecer hay que saber mandar”. Ibid., 139.

[27] Ibid., 162.

[28] L. Polo, “El mando”, en Filosofía y economía, ed. cit., 416.

[29] Ibid., 417.

[30] “Pero si el maestro no se preocupa de ese problema, se rodeará de la gente más valiosa que pueda encontrar, y se expondrá –a medida que la gente va madurando– a que, llegado un momento, el discípulo sepa más que él, y en ese momento tiene que decir: ‘desde ahora el que ejerce el servicio es usted y no yo’. Si se hace así, se es un jefe; si no lo hace así, es un miserable que juega en contra de la supervivencia de la clínica, porque si se rodea de gente que es peor que él, y lo hace simplemente para no quedar en ridículo, para no ser superado, para que sus discípulos no sean mejores que él, está estropeando la institución”. Ibid., 417.

[31] “La primera responsabilidad del que manda es con la institución que ha heredado o que ha fundado. Puede decir: como esto lo hice yo, entonces yo me lo como. Si yo me muero, allá ellos. El mando es institucional, y si no es así, no es mando; es pura dirección de negocio, pero no es mandar; eso sería en todo caso llenarse de dinero”. Ibid., 417.

[32] “Formar un buen colaborador lleva años, y esto también mide los riesgos que uno puede correr sin cometer locuras. Hace falta un buen equipo y si no se tiene es mejor no meterse en ciertos negocios, porque en otro caso se  fracasará”. Antropología de la acción directiva, ed. cit., 80.

[33] Ibid., 74.

[34] Polo indica que las cuatro dimensiones de la acción de gobierno son: 1º) el fin u objetivo que se persigue; 2º) el motivo o impulso que la pone en marcha; 3º) el hacer o eficacia transformante; 4º) el conocimiento. Cfr. “La acción de gobierno”, en Filosofía y Economía, ed. cit., 423-443.

[35] Una de las netas señales que distingue a los países desarrollados de los subdesarrollados es el elevado porcentaje que sus gobiernos dedican a educación, a la que hay que añadir lo que añade la iniciativa privada a todo nivel, sobre todo en el superior: universitario.

[36] Se dice ‘puede ser’ y no ‘será’, porque las personas son libres, no sometidas a la necesidad.

[37] “Esta recomendación interesa especialmente a los directivos, porque como sus errores son importantes, están obligados a evitar la precipitación cuando hayan de decidir sobre imprevistos, o asumir tramos de proyectos de los que no tienen suficiente conocimiento; por lo demás, es preciso procurar remedios para la ignorancia. Determinadas circunstancias nos sorprenden porque no nos hemos preparado como debíamos”. Antropología de la acción directiva, ed. cit., 78.

[38] Ibid., 79. Y añade: “El directivo debe dar vueltas a los asuntos que trae entre manos, porque es claro que la ignorancia (y la imprevisión es ignorancia) se puede superar, y a veces se logra simplemente deteniéndose en la consideración de las cosas, descubriendo relaciones entre ellas. En muchas ocasiones el error se origina por no haber tenido en cuenta suficientes aspectos, es decir, por el reduccionismo inherente al método analítico. Las conexiones sistémicas no deberían haberse pasado por alto. Hace falta cierta fortaleza para no contentarse con la claridad del análisis y para no actuar ligeramente con las recetas que ese método proporciona. El directivo no puede prescindir del recetario analítico, tan abundante por otra parte, pero sin descuidar la síntesis, porque ese descuido anula uno de los hábitos más importantes para no equivocarse en la práctica: lo que los clásicos llamaban solertia, aquella dimensión de la prudencia con la cual el hombre se enfrenta con lo inesperado”. Ibid.

[39] “La información recibida puede seguir caminos formales (informes, dictámenes, etc.), u otros más ricos en contenido, como son los llamados procedimientos informales. De acuerdo con esa información el directivo poseerá más conocimientos objetivos; incluso conocerá mejor a la gente y, por tanto, proyectará con más realismo. En la misma medida en que las personas participen en la deliberación, la institución se hace más capaz de resistir las influencias del entorno y de influir en él”. Antropología de la acción directiva, ed. cit., 140.

[40] “La acción de gobierno”, en Filosofía y economía, 464.

[41] “La comunicación del directivo con sus colaboradores no es marginal a la ejecución. Aunque es preferible que sea anterior a ella, siempre hay que recabarla a lo largo del proceso de ejecución. Por eso es menester acudir a lo que se llama línea, y no sólo al staff (no conviene tener demasiado staff)”. Antropología de la acción directiva, ed. cit., 149.

[42] Ibid., 152.

[43] “Una contrariedad aneja es la baja capacitación de los recursos humanos, pues cuando el sistema es fuerte, competitivo, hay que elevar las aptitudes de los colaboradores para que sean capaces de afrontar los cambios. También lo es su falta de motivación e integración”. “La acción de gobierno”, en Filosofía y economía, ed. cit., 472.

[44] Antropología de la acción directiva, ed. cit., 93.

[45] Precedentemente Polo había escrito: “algunos piensan que no les hace falta aprender: es una estupidez supina, porque o se aprende o se desaprende. Con todo, los que admiten la necesidad de aprender no aciertan cuando lo confunden con el enterarse, con la adquisición de un bagaje de fórmulas. Tal equivocación es frecuente”. Ibid., 110.

[46] En esta obra que comentamos se lee: “La responsabilidad es una dimensión ética. El hombre de acción es responsable de los acontecimientos en cuanto que son ahora consecuencias de su actividad transformadora porque es autor”. “La acción de gobierno”, Filosofía y economía, ed. cit., 424.

[47] “El hombre de acción es el que no se conforma, el que no acepta lo inevitable. Justamente lo inevitable es el proceso que tiene lugar si el hombre no interviene. Por tanto, intervengo porque no acepto que el proceso acontezca de una determinada manera. Si pensamos que todo es inevitable, entonces no somos responsables de nada; renunciamos a ser hombres de acción. Sin embargo, el hombre no se conforma con lo inevitable. No se trata de una simple protesta: ‘no me gusta como funciona la cosa. Yo querría que fuera de otra manera’. Intervenir es realizar una acción eficaz, no limitarse a quejarse, ni tampoco a conformarse. Por eso se puede decir que el hombre de acción no adopta una actitud pasiva, sino que pone su impronta personal a los acontecimientos”. “La acción de gobierno”, en Filosofía y economía, ed. cit., 416.

[48] Cfr. para una mayor comprensión de esos tres reduccionismos éticos (positivismo, consecuencialismo y hedonismo): L., Polo, Ética: hacia una versión moderna de temas clásicos, Madrid, Aedos, 1996, 114-127.

[49] Frente al miedo hay que tener en cuenta que “soy responsable de mí mismo, de lo que hago y de lo que tengo. Esto, digámoslo así, es el núcleo de la responsabilidad”. Antropología de la acción directiva, ed. cit., 59.

[50] Ibid., 59.

[51] “La acción de gobierno”, en Filosofía y economía, ed. cit., 465.

[52] Cfr. Antropología de la acción directiva, ed, cit., 55.

[53] “La acción de gobierno”, en Filosofía y economía, ed. cit.., 431.

[54] “La burla es la defensa del cínico, del pasota, del pesimista ‘postmoderno’. Las cosas son como son. Nada tiene remedio, todo es inevitable. El fanático sostiene: todo tiene remedio, todo es evitable, porque toda la verdad está en la praxis, la teoría es la praxis”. Ibid., 432.

[55] Ibid., 434.

[56] Ibid., 435.

[57] Ibid., 436.

[58] Ibid., 442.

[59] Antropología de la acción directiva, ed. cit., 102.

[60] Ibid., 168.

[61] “El mando”, en Filosofía y economía, ed. cit., 419.

[62] Por el contrario, el Estado no suele conformarse como una empresa, porque más que una unión de personas en orden al logro de objetivos comunes, suele conformarse como una lucha de partidos por adquirir el poder, pero tomar el poder como objetivo es absurdo ya que gobernar es servir. Además, la transmisión de sus órdenes es defectuosa y defectuoso también su aprendizaje de la respuesta ciudadana a sus órdenes.

[63] Antropología de la acción directiva, ed. cit., 88.

[64] Ibid., 90.

[65] “Un directivo es una persona que sabe descubrir y aprovechar alternativas y, por consiguiente, cambiar. La empresa es un proceso dinámico”. Ibid., 156.

[66] Ibid., 170.

[67] “Proponerse fines supone contar con medios para alcanzarlos”. Ibid., 158.

[68] “El mando”, en Filosofía y economía, ed. cit., 407.

[69] Ibid., 408.

[70] Ibid., 409.

[71] “En toda actividad de dirección el directivo tiene que saber que el resultado de las órdenes va a ser distinto del que él planeó. Y eso no es siempre señal de que el que ejecuta la orden sepa poco o la ejecute mal, sino también de lo contrario. Pero en todo caso esta alternativa siempre se da, porque el que ejecuta la orden la ejecuta de acuerdo con su personalidad, con la capacidad aportante que él tiene, con una capacidad en definitiva interpretativa de la orden, porque pone su sello personal, con lo cual lo que sale no es exactamente lo que estaba previsto con antelación, sino que sale siempre algo distinto”. Ibid., 411.

[72] Ibid.

[73] Ibid., 412.

[74] Ibid.

[75] “El mando”, en Filosofía y economía, ed. cit., 418.

[76] Ibid.

[77] “El que ve al dinero como un modo de convocar, de hacer posible que la gente trabaje, se da cuenta del valor ético que tiene el trabajo. El dinero tiene valor ético si empleándolo se consigue que el trabajo en potencia se mantenga y aumente. Es decir que la capacidad de convocatoria para trabajar sea cada vez mayor”. Ibid.

[78] Ibid., 418-419.

[79] “La acción de gobierno”, en Filosofía y economía, ed. cit., 438.

[80] Ibid., 439.

[81] Ibid.

[82] “El subdesarrollo no es una conse­cuencia de la ineptitud; el subdesarrollo es la consecuencia de mentir demasiado, de que la gente no se fía de nadie”. L. Polo, Ética: ed. cit., 41.

[83] “El mando”, en Filosofía y economía, ed. cit., 440.

[84] Cfr. Polo (1985, 75).

[85] “Primero vivir, después filosofar”. La idea de fondo de esta sentencia tradicional es una forma sencilla de expresar lo mismo que decía Aristóteles: lo que hacen los filósofos no tiene utilidad alguna, porque no buscan el interés humano (Ética Nicomaquea, VI, 1141b 5 ss.), por eso la filosofía es la última de las ciencias y la menos necesaria, pero la mejor de todas (Metaph I, 982b22 y 983a10).

[86] Véase también S. Piá (2001).

[87] Por ejemplo, la dualización del ser del hombre con el ser del mundo es unilateralmente activa por parte del co-existir humano, sin que resulte afectado el ser del mundo. También la dualización alma-cuerpo es unilateralmente activa por parte del alma, pero el cuerpo es, al respecto, pasivo.

[88] El desdoblamiento, en este caso, consiste en tener en cuenta el tema y el método ajenos sin perder los propios.

[89] No se sobreentienda que la mutua actividad sea igualitaria u homogeneizante, pues toda dualización humana es jerárquica.

[90] Cfr. Tomás de Aquino, ST I, 1, 8 c: “las ciencias inferiores ni prueban sus principios ni disputan contra los que los niegan, sino que dejan eso a la ciencia superior; pero la suprema entre ellas, a saber, la metafísica, disputa contra el que niega sus principios, si el adversario concede algo; pero si no concede nada, no puede disputar con él, sin embargo puede deshacer las razones del mismo” (Sed tamen considerandum est in scientiis philosophicis, quod inferiores scientiae nec probant sua principia nec contra negantem principia disputant, sed hoc relinquunt superiori scientiae; suprema vero inter eas, scilicet metaphysica, disputat contra negantem sua principia, si adversarius aliquid concedit: si autem nihil concedit, non potest cum eo disputare, potest tamen solvere rationes ipsius”.

[91] Véase, por ejemplo, Colander (2000), Colander Holt y Barkley (2004) y Dow (2007).

[92] Aunque una explicación detallada de este punto está tratada en un trabajo aparte (concretamente en Falgueras Sorauren, 2012) podemos intentar precisar aquí de forma muy esquemática cuáles son las características principales de la Microeconomía. La «Teoría Microeconómica» es un método particular de hacer teoría económica que se caracteriza por: (i) buscar las respuestas a todas las cuestiones que el investigador pueda plantearse mediante la construcción de modelos, (ii) tener unas pautas específicas que han de seguirse a la hora de construir dichos modelos, y que consiste básicamente en:  (ii.1) el punto de partida del análisis debe ser siempre las preferencias, las dotaciones iniciales de los agentes y la tecnología, (ii.2) utilizar el concepto de equilibrio en, al menos dos momentos del proceso de razonamiento; para (a) obtener las acciones óptimas de los agentes y (b) explicar cómo se coordinan las acciones de todos los individuos para determinar el valor agregado de la(s) variable(s) que el investigador está interesado en estudiar; (iii) utilizar las matemáticas como herramienta principal en el proceso de construcción de estos modelos y verificación empírica de las conclusiones derivadas de los mismos. Como consecuencia de la aplicación de este método, los valores que toman las variables agregadas pueden ser explicados en función de las respuestas óptimas de los agentes individuales ante cambios en sus restricciones – lo que se vulgarmente se enuncia en la economía con los lemas “los incentivos cuentan” o “los incentivos determinan el comportamiento”.

[93] El lector interesado en conocer más en profundidad los planteamientos de ambos autores puede referirse a Becker (1976, 1991, 1993) y Hirshelifer (1977, 1978, 1985).

[94] Cfr. Leontief (1971,1-3)

[95] Cfr. Rubinstein (2006, 865).

[96] La razón de esta distinción es antropológica. Cfr. I. Falgueras Salinas (1998, 174).

[97] Véase RAE.

[98] Los temas reales no suelen poder ser abarcados por una única ciencia, sino que requieren el concurso de varias.

[99] Los métodos solos tampoco tipifican a una ciencia, sino la conjunción dual de tema y método.

[100] Cfr. Robbins (1962, 12-16).

[101] Cfr. F.W.J. Schelling (1798/ 1927, 385) Aus der Allgemeinen Uebersicht der neuesten philosophischen Literatur, B. I, Schelling Werke, I, Münchener Jubiläumsdruck, 1927, 385 [Schellings sämtliche Werke, K.F.A. Schellings, I, 461]. Véase I. Falgueras Salinas (1978, 63-64).

[102] El «todo vale» es un modo de confundir los criterios de verdad y de bondad con el del éxito. Como suele decir LP, “todo éxito es prematuro”, o lo que es igual, una victoria pírrica, porque es parcial y pasajero, por contraposición al triunfo final y completo de la persona sancionada por Dios en la próxima vida. Cfr. L. Polo (2003, 128).

[103] En la Economía hay quienes defienden el pluralismo metódico, pero sin tener en cuenta las diferencias entre los temas. Por lo general, muchos científicos creen que los métodos se usan y se tiran, según el éxito del momento, que a veces se mide sólo por la acogida social (éxito). Nosotros no nos referimos a ese tipo de métodos, sino al modo de enfocar o pensar un tema en el saber.

[104] Cfr. Wilson (1975, 3-6).

[105] Anécdota contada por el propio protagonista Paul Seabright en su artículo “Whywewalkthedog” en The Times, y disponible en:

http://idei.fr/doc/by/seabright/thetimes.pdf

[106]Incluso en el caso de que uno sea rico por herencia. También los no-herederos se benefician porque la herencia alienta el ahorro y la acumulación de capital para ser trasmitido a sus herederos. Este capital adicional provoca que haya más medios de producción en el mercado, y mejores productos a mejor precio. La herencia, provoca también la demanda adicional de trabajo y por tanto salarios más elevados

[107]Aunque sin tener el total de estas condiciones, un caso latinoamericano insuficientemente reconocido es Chile, donde en los 15 años de mayor libertad económica la clase media pasó de ser un 40% a ser un 65% de la población y recortándose igualmente el número de pobres de 40% al 17%

[108]Este informe o índice lo elabora el Stavros Center fortheAdvancement of Free Enterprise and EconomicEducation de la Universidad de la Florida, junto a Robert Lawson de la Capital University. Los datos que uso corresponden al índice del 2010que recoge datos de más de 70 instituciones de todo el mundo en 99 países

[109]Datos:

Las economías menos libres tienen un PIB per cápita de unos 3.300$.

Las que están inmediatamente por encima de ellas en el ranking se mueven en torno a los 6.100$.

Las del siguiente tramo ya alcanzan los 10.773$

Las más libres los 26.000$

[110]Cfr Fundación Heritage, Informe sobre la pobreza, 2006, pp 145-147

[111]Un pobre no es alguien que genera pobreza, sino alguien que no crea riqueza

[112]Otras razones para no condonar la deuda externa:

Si se perdonan las deudas a los países en desarrollo, los bancos y, en general, las instituciones financieras, privadas y públicas, e incluso los gobiernos, no estarán dispuestos a conceder nuevos préstamos a estos países; con lo cual se habrá aliviado la situación actual, a cambio de cerrar las posibilidades del futuro.

Perdonar total o parcialmente la deuda a todos los países clasificados como muy pobres, en forma indiscriminada, crea un problema de justicia comparativa entre los países que realizan esfuerzos para el ajuste estructural y los que no hacen nada en esta línea.

Existe un problema de discriminación entre acreedores, en favor de los privados, que no están sujetos a las decisiones del Club de París, o del Banco y el Fondo. Este argumento, sin embargo, no parece tener mucha fuerza, ya que los bancos privados que, por lo general, no prestaron a los países que hoy son candidatos al perdón, ya resolvieron sus problemas, acogiéndose a la propuesta Brady, aunque fuera a costa de cancelar parte de sus créditos, cedidos con más o menos descuento

La cancelación de las deudas dañaría la solvencia del FMI, el cual endurecería su financiación aumentando nuestros impuestos, rebajando la competitividad de nuestras empresas y aumentando el desempleo

La condonación e incluso la reducción de la deuda, sin condiciones, va en contra de los principios básicos del derecho mercantil, generando en los prestatarios la idea de que se puede pedir dinero sin preocuparse de su devolución

[113] “La estupidez que se denuncia consiste en entender la actividad de la empresa como una suma de egoísmos” (POLO. Leonardo, Filosofía y economía, Eunsa, Navarra 2012. 198)

[114]Como dijo el filósofo objetivista y psicólogo Nathaniel Branden: “Existe evidencia abrumadora de que mientras más alto el nivel de autoestima, más propenso será uno a tratar a los demás con respeto, gentileza y generosidad”.

[115] POLO. Leonardo, Filosofía y economía, Eunsa, Navarra 2012. 195

[116] POLO. Leonardo, Filosofía y economía, Eunsa, Navarra 2012. 198

[117] POLO. Leonardo, Filosofía y economía, Eunsa, Navarra 2012. 194

[118]El premio se llama ArchestoOwnership

[119]Datos:

Más de un tercio de los propietarios de franquicias de McDonald’s en los Estados Unidos son miembros de minorías y mujeres (Revista Hispanic Business)

McDonald’s es la primera entre las 40 compañías más importantes para los hispanos (Revista Hispanic Business)

McDonald’s está en el puesto 13 entre las 50 mejores compañías para las empresarias latinas del 2003 al 2004 (Latina Style)

McDonald’s es la mejor compañía para las minorías (Fortune)

Dos tercios de los puestos gerenciales intermedios y superiores de McDonald’s están ocupados por personas que comenzaron su carrera en la compañía como empleados de un restaurante (Latina Style)

Los programas de entrenamiento completo como los de McDonald’s le dan a las personas de origen hispano las herramientas que necesitan para tener éxito en una compañía estadounidense. Muchos también aprendieron inglés como segundo idioma a través de estos trabajos (Encuesta realizada porDePosada para la revista Hispanic Business)

[120]Así lo ha recordado el Papa Benedicto XVI: “es innegable que las políticas marcadamente asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades económicas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atención de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acción político-económica, no se ha de olvidar, sin embargo, que ésta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear rédito presente y futuro. Por eso, la creación de valor resulta un vínculo ineludible, que se debe tener en cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material” (Mensaje del 1 De Enero de 2009 para la Celebración de la Jornada Mundial de la Paz). Las letras negritas mías.

[121] Discurso pronunciado en 1964 por Ronald Reagan cuando acababa de abandonar el partido demócrata y sus ideas socialistas ante las Convención Nacional Republicana. Se llama “Tiempo para elegir” o “El discurso”. Se puede encontrar íntegro en http://www.liberalismo.org/articulo/236/87/elegir/discurso/

[122] POLO. Leonardo, Filosofía y economía, Eunsa, Navarra 2012. 195

[123] POLO, Leonardo: "Los límites del subjetivismo". Nuestro tiempo, Pamplona 273 (III.1977) 5-22.

[124] Pojęcia: jaźń, siebie są równoznaczne i stosowane są zamiennie. Za takim rozwiązaniem przemawia kilka argumentów. Chociaż  hiszpańskie sí mismo, znajdujące się w oryginale, dosłownie oznacza siebie oraz el yo jest innym terminem odpowiadającym pojęciu jaźni, to odniesienie do tradycji współczesnej psychologii, nie pozwala ujednolicić tłumaczenia, stosując konsekwentnie pojęcia siebie. Z drugiej strony, konsekwentne używanie pojęcia jaźni przekreśla wymowa niektórych fragmentów Granic subiektywizmu oraz stylistyczne i gramatyczne kłopoty, jakich nastręczałaby wspomniana konsekwencja [uwaga tłum.].