IEFLP

MISCELÁNEA POLIANA

Revista de prepublicaciones del

Instituto de Estudios Filosóficos

LEONARDO POLO

SERIE DE FILOSOFÍA, 49 (2015)

 

ISSN: 1699-2849

Registro de propiedad intelectual safecreative 0910284775023

 

[Ficha técnica]

ESTUDIOS Y NOTAS SOBRE POLO

 

Estudios:

Blanca Castilla (Madrid, España):

        Antropología trascendental y fundamentación de la dignidad humana

Javier Rospigliosi (Lima, Perú):

        Economía: conceptoides y judicoides

Juan Fernando Sellés (Pamplona, España):

        Leonardo Polo: una breve semblanza del maestro y amigo

 

Notas:

Juan A. García González (Málaga, España):

        Nota sobre el tomismo de Polo

Juan Fernando Sellés (Pamplona, España):

        Cuadro sobre las dualidades en las ciencias humanas según Polo

 

 

ANTROPOLOGÍA TRASCENDENTAL

Y FUNDAMENTACIÓN DE LA DIGNIDAD HUMANA[1]

 

Blanca Castilla de Cortázar

Instituto Juan Pablo II | Campus Tomás Moro

 


En la mayor parte de los pensadores del siglo veinte se aprecia un demanda, más o menos explícita, de una ontología peculiar para la antropología, que distinga entre el cosmos y el hombre, entre las cosas y las personas, con objeto de conseguir una visión unitaria del ser humano y fundamentar sus derechos inalienables, universalmente reconocidos por la ONU en 1948.  La antropología transcendental de Polo, gracias a su ampliación de la ontología y del reconocimiento de la peculiaridad de la persona humana que es intrínsecamente libre, inteligente y capaz de dar, ofrece el escenario adecuado para fundamentar la dignidad humana en el ser.

 

Las trágicas experiencias de las guerras mundiales llevaron a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, promovida por la ONU en 1948. A partir de entonces gran parte de las Constituciones de nueva creación reconocen la inviolabilidad de la dignidad humana. Sin embargo, los redactores de la declaración pusieron empeño en omitir las razones teóricas en las que se fundan dichos derechos, por el temor a que diferencias teóricas aplazaran o hicieran inviable dicho reconocimiento. Seis décadas después sigue pendiente la elaboración de una sólida, y también universalmente aceptable, fundamentación de la dignidad humana y sus derechos fundamentales, cuestión complicada, que parece requerir un nuevo avance en la ontología y en la antropología filosófica.

Pues bien, la tesis que se quiere desarrollar aquí es que la ampliación de la ontología propuesta por Leonardo Polo y su consiguiente desarrollo de una Antropología transcendental constituyen un marco adecuado para poder desarrollar dicha fundamentación de la dignidad humana y de la universalidad de los derechos humanos.

 

La dignidad humana ante la problematicidad de la antropología

 

Fue Max Scheler a comienzos del siglo pasado quien diagnosticó que a pesar del aumento de las ciencias que se dedican al estudio del ser humano, y a pesar de que cada vez en mayor el volumen de información que tenemos sobre nosotros mismos, al faltar una visión unitaria, nunca como en la época actual es ser humano se ha tornado tan problemático para sí mismo[2].

La actual fragmentación antropológica procede de causas variadas y complejas, entre ellas, la diversidad de ciencias que la abordan y la ausencia de un verdadero trabajo interdisciplinar. Pero dicha dispersión viene motivada de forma más radical por la crisis e incluso negación de la naturaleza humana  -fundamento en el que se ha apoyado su universalidad-, y, sobre todo, por el débil y  escaso pensamiento acerca del ser y de la persona, un ámbito de la realidad humana más profundo que el de la naturaleza. En orden a conseguir una visión unitaria de la antropología se precisa ante todo un principio unificador. El método para encontrarlo no puede ser otro que volver a la experiencia humana elemental, siempre nueva[3], que permite acceder a propuestas realistas.

En cada ser humano, la conciencia de la dignidad comienza al experimentar que nadie le puede arrebatar la libertad interior de la que es poseedor, valor absoluto que cada uno tiene por el hecho de serlo. Esta conciencia individual, a mediados del siglo pasado fue experimentada al mismo tiempo por muchas personas a la vez, lo que motivó que desde principios de 1947 la Comisión de Derechos del Hombre de las Naciones Unidas empezara a preparar la declaración universal de la misma. Relata Jacques Maritain cómo en una de las reuniones conjuntas de los expertos de las mentes más prestigiosas del momento[4], convocados para investigar de los problemas teóricos que podría suscitar la cuestión, uno de los asistentes manifestó su extrañeza al comprobar que personas que tenían pensamientos no sólo distintos sino enfrentados, estuvieran de acuerdo en redactar una misma lista de derechos. Ellos contestaron: «si, estamos de acuerdo en esos derechos a condición de que no se nos pregunte por qué», manifestando que eran los opuestos porqués los que podían enfrentarles[5].

 

Conveniencia de fundamentar la dignidad

 

La falta de fundamentación de dicho texto plantea diversos problemas. El primero es de carácter práctico porque aunque aquellos expertos dijeran no tener las mismas razones, no parecían carecer de ellas lo cual explica su común adhesión. Ahora bien, si proponían una relación de derechos a la aceptación mundial ¿qué esperanza podían tener de conseguirla si eludían invocar toda razón que la aconsejara? Pero el principal inconveniente, en opinión de Palacios, es la condición amenazada y provisional que tienen las opiniones verdaderas, conseguidas de un modo espontáneo o pre-científico si no están fundamentadas[6]. Sin una adecuada fundamentación, la dignidad personal y de los derechos humanos, aunque puedan ser reconocidos incluso universalmente, están expuestos a decaer al arbitrio de opiniones humanas mudables e interpretaciones meramente positivistas. De hecho, en las últimas décadas -además de los derechos fundamentales, sobre la vida, la educación, la libertad para contraer matrimonio, la libertad religiosa  o  de expresión-, asistimos a una proliferación creciente de derechos “de segunda, de tercera o de cuarta generación”, llegando al extremo de querer convertir los deseos en derechos. Y pueden presentarse contradicciones tales como que, en virtud de algunos de esos derechos añadidos, se conculquen derechos fundamentales, como el caso del derecho a la vida del nasciturus con el recientemente invocado derecho al aborto. Esta preocupación es frecuente entre los juristas[7], en particular entre aquellos que advierten la incoherencia que existe en la disociación entre dos ámbitos que se alimentan uno al otro. En consecuencia, seguir manteniendo una praxis -que anteriormente tuvo una implícita fundamentación en la dignidad-, silenciando u omitiendo las razones que la fundan, pone en peligro –antes o después-, la continuidad de dicha praxis.

La dispersión del pensamiento contemporáneo reclama una sólida fundamentación racional y filosófica de la dignidad en algo previo a la acción. Ahora bien, esta heurística requiere clarificar en qué puede consistir ese algo previo. Lo previo ¿sería la naturaleza humana, el derecho natural? La pregunta radica es saber si los derechos humanos remiten en último término a la naturaleza humana o a una instancia aún más profunda. Asunto nada sencillo que lleva a Palacios a reconocer que, aunque no faltan quienes la conocen de un modo intuitivo, de momento no hay una explicación teórica convincente a tan grave y necesaria cuestión[8].

Como señala Starck, constitucionalista alemán, el punto de partida para llegar a una más sólida fundamentación es el reconocimiento del hecho histórico irrefutable de que la valoración del ser humano en la cultura occidental es mucho más elevada que en otras culturas y en la génesis de tan alta apreciación hay que reconocer la influencia del Cristianismo[9]. Según su propuesta, una fundamentación de la dignidad, también para que dicha noción no pierda su sentido originario, ha de apoyarse en su iter histórico, a saber: su anclaje nuclear en el mensaje cristiano, su posterior formulación filosófica y, por último, la exigencia de garantía jurídica. En efecto, a lo largo de los siglos posteriores ha habido un desarrollo de la noción de dignidad humana, sobre todo dentro del humanismo, en un proceso de secularización en el que el concepto de libertad y dignidad -más allá de sus fundamentos teológicos-, llega a explicarse filosóficamente con argumentos racionales que están al alcance de cualquier inteligencia: Entre ellas la importante y conocida convicción de Kant, al mantener que la persona ha de ser tratada siempre como fin y nunca como medio. Dicho con otras palabras, la conciencia y la explicación de la dignidad humana se hace patrimonio del pensamiento humano.

Sobre la base nuclear que da lugar a la alta estima que la persona tiene en la cultura europea, actualmente se reclama una fundamentación más rigurosa, profunda y universal que la hecha hasta ahora por el humanismo que la fundó en la ley natural. Para proseguir en dicha fundamentación se han de tener en cuenta los diversos hallazgos y desarrollos que la inteligencia humana ha ido haciendo a lo largo de los siglos posteriores. Entre ellos, está el que la modernidad haya planteado con radicalidad la diferencia entre la naturaleza y la libertad, entre lo natural y lo racional[10]. Los modernos, recogiendo el legado de las vivencias de los siglos precedentes, plantearon que la libertad es algo más profundo que el libre arbitrio como característica de algunos actos humanos[11]. Intuición, por otra parte, asequible a la experiencia humana elemental pues toda persona puede reconocer que cuando hace las cosas libremente, “porque le da la gana”, aun sin razones aparentes que lo apoyen, sabe que su querer es anterior a su actuación, y que ese querer libre es lo que posteriormente hará voluntario su acto. Y, aunque lo filósofos modernos no se ha consiguen un desarrollo adecuado sobre la libertad -y a pesar de que no faltan los naturalismos y biologismos extremos-, no cabe duda de que han contribuido a arraigar la convicción de que lo que separa al ser humano del resto de la Naturaleza es una diferencia más radical y profunda de la que se ha desarrollado en la tradición clásica.

Los intentos de seguir considerando la naturaleza y la ley natural como enclave último de la dignidad[12], no sólo presentan grandes dificultades de supervivencia en el clima espiritual de nuestro tiempo, sino que encierran en el fondo un patente carácter problemático. Palacios ha analizado algunos de ellos, entre los que el más profundo desde el punto de vista antropológico es descrito con las siguientes palabras: «Uno de los problemas más evidentes que ha planteado siempre (el fundamentar la dignidad en la naturaleza) es el cómo avenir el concepto que supone la naturaleza humana con la afirmación de la libertad del hombre. En efecto, si la naturaleza es fin, como escribe Aristóteles al principio de su Política[13], ¿cómo puede el hombre tener impuesta su naturaleza y tener al mismo tiempo la capacidad de imponerse a sí mismo sus propios fines? ¿Cómo se puede ser por naturaleza algo y ser a la vez libre para llegar a serlo? ¿Cómo cabe concebir –para decirlo con expresión de Millán-Puelles- la síntesis humana de naturaleza y libertad?»[14].

Por otra parte, la naturaleza, a pesar de haberse considerado inicialmente como principio de operaciones de los seres vivos, terminó considerándose de un modo inmovilista, lo que aparece contrapuesto con la enorme capacidad humana de innovación y creatividad y con la imprevisibilidad de la historia. El pensamiento moderno y contemporáneo asume la importancia del tiempo y de la cultura para la antropología: bastaría citar a Dilthey, Bergson o Heidegger. Tras el nacimiento de la antropología cultural como ciencia desgajada del resto, se ha asistido durante decenios al debate entre naturaleza y cultura. No han faltado quienes defendieran la primera, pero en clara desventaja con respecto a los culturalistas, que han llegado a negar incluso que el ser humano tenga naturaleza. Lo cierto es que en este interminable debate –afectado a radice por un dualismo-, se ha considerado tanto la naturaleza como la cultura como si fueran dos realidades ya previamente constituidas, pugnando entre sí o negándose una a la otra. Y esa prolongada disputa en caso de haberse cerrado lo ha hecho en falso, pues no se ha llegado a concluir qué es lo permanente y hasta qué punto es moldeable lo innato del ser humano.

Tras la esterilidad de ese debate -cultura versus naturaleza-, y frente a los prejuicios a hablar de ley natural de la modernidad y a la decisión de la postmodernidad de eliminar esa noción del lenguaje filosófico y jurídico, lo que parece claro es que lo dicho en la tradición al respecto no lo explica todo. Desde lo natural es difícil explicar la libertad y su capacidad de dominio sobre lo natural que el hombre alcanza con la ciencia y la tecnología. Además, la tradición metafísica plantea la dificultad de desarrollar la antropología con un lenguaje filosófico proveniente del conocimiento del cosmos, convirtiéndola en una filosofía segunda dependiente de aquella. Y en cierto modo el drama antropológico de la modernidad consiste en que a pesar de abrir temas nuevos, aportados por las raíces culturales de las que procede -la libertad, la intimidad de la subjetividad, su capacidad de proyecto y creatividad, etc.-, intenta desarrollarlos con la misma filosofía que explica el Cosmos. Como señala Polo, a diferencia del avance exponencial de la Ciencia, desde hace siglos en Filosofía no se han aportado nuevas ideas. Los diversos autores siguen barajado de modos diversos los mismos elementos abordando el estudio del Cosmos y del Hombre desde una perspectiva simétrica[15].

A lo largo del siglo XX, sin embargo,  se advierte cada vez con más claridad la necesidad de un nuevo andamiaje conceptual para hablar del ser humano. Entre otras cuestiones, se intuye que en antropología las relaciones son algo fundamental, mucho más que accidentes metafísicos: se las denomina relaciones ontológicas, aunque está aún sin precisar su enclave[16]. En palabras del López Quintás: «Los esquemas “causa-efecto”, “acción-pasión” son mono-direccionales, deterministas (un golpe dado sobre la mesa causa ineludiblemente un efecto determinado: cierto sonido). En cambio, el esquema “apelación-respuesta” es circular, promocionador de la libertad (un hombre que hace a otro una sugerencia lo apela a tomar opción y dar respuesta)»[17]. Es decir, se está pidiendo, una ampliación de la ontología que distinga entre las cosas y las personas, entre el ser del cosmos y el ser de cada hombre y se desarrolle una ontología especial para la antropología y la libertad.

Por otra parte, la dignidad tiene que ver con cada ser humano concreto y con esa profunda característica suya que es la libertad. Quizá por eso la gran mayoría de los humanistas del s. xx, en lugar de hablar del hombre en abstracto han retomado la antigua noción de persona, para retornar, frente a la barbarie de las guerras mundiales, a la dignidad de cada hombre por el hecho de serlo. Su objetivo se mueve en la línea de reconstruir el humanismo, renovándolo en torno a la persona singular, de ahí el apelativo en torno al que algunos los vienen agrupando: el personalismo. En este sentido se habla de que, tras el giro antropológico de la Filosofía Moderna, se ha producido el giro personalista de la antropología, o el paso del Humanismo al Personalismo[18].

Toda esta corriente busca distinguir entre naturaleza y persona, y así como el Humanismo europeo se centró en la naturaleza y en la ley natural, un Personalismo con calado ontológico permitiría, más allá de la naturaleza, llegar a un nivel antropológico más radical: el de ser personal. Sin embargo, para el pensamiento clásico de corte abstracto, convencido en parte de que la inteligencia humana sólo conoce lo general y abstracto, porque lo individual y concreto pertenece únicamente al conocimiento sensible, ve con reparos un pensamiento personalista, en el sentido de considerar como imposible el fundamentar algo universal en la persona, porque cada una de éstas son individuales y concretas. Son aquéllos que siguen pensando que sólo la naturaleza, en cuanto que es común a todos, puede fundar la universalidad.

 

Aportaciones de la antropología transcendental poliana

 

Estas acuciantes necesidades especulativas nos ponen en condiciones de apreciar el alcance de la ampliación de la ontología realizada por Leonardo Polo, desde donde plantea una antropología transcendental.

  Como es sabido Polo, partiendo de la diferencia entre el esse-essentia y entre el plano predicamental y el plano transcendental, a partir de la década de los sesenta acomete la tarea de aplicar estas distinciones a la antropología lo que le permite, dilatando la metafísica de Tomás de Aquino, ir perfilando una ontología para la persona, diferente de la del Cosmos[19]. Se trata de una ampliación de la ontología que permite desarrollar una nueva  antropología que abre una articulación ontológica de la tríada: cuerpo, alma y espíritu. La antropología transcendental se asienta en un ensanchamiento de la ontología, que trascendiendo la metafísica, permite anclar la antropología en el Ser[20].

Aplicando al ser humano la distinción entre la esencia y el acto de ser (esse), la persona, el quién individualizado, aparece como el acto de ser de cada hombre, el esse humano, como distinto de su naturaleza que se convertirá en esencia a través de la autodeterminación. Sin embargo, en el cosmos, cada substancia real, no lo es tanto por tener su esse propio sino por participar en un único acto de ser que pertenece al cosmos como conjunto de todos los seres meramente intracósmicos. En esta línea descubre que, ni el acto de ser de cada hombre –que es su persona-, ni su esencia son iguales que el acto de ser y la esencia del cosmos, porque el acto de ser personal del hombre es libre y su esencia capaz de hábitos[21], mientras que el acto de ser del cosmos está determinado por unas leyes fijas, constituidas por las causas que estudia la metafísica. Según este desarrollo filosófico -que ordena en profundidad los hallazgos de la fenomenología personalista y coincide con la exposición zubiriana de la sustantividad[22]-, todo el cosmos tiene un solo acto de ser, mientras que cada persona tiene el suyo propio. Y eso es ser persona.

  En este marco digamos que la dificultad principal para hablar sobre la persona estriba en que la persona tiene que ver con el con el ser, no con la esencia, y en ese sentido no es abarcable en conceptos genéricos. La persona, cada persona es única e irrepetible. Polo afirma que la persona es lo nuevo, en la línea de Hannah Arendt, según la cual con cada nacimiento algo inédito aparece en el mundo, lo que filosóficamente hablando se explica porque cada una tiene un acto de ser propio, enclave radical de la inteligencia y de la libertad. Y la razón por la que Polo habla de antropología transcendental es porque la persona es acto de ser y lo referente al ser es orden transcendental. Aunque ese orden también está presente en la metafísica es distinto del orden transcendental de la antropología que se sitúa en otro nivel, el de la libertad. Para explicar filosóficamente la libertad se requiere una ampliación de la ontología utilizando otro lenguaje distinto, más apropiado a su objeto de estudio, cuestión que vienen reclamando todos los personalistas del siglo XX.  Se podría decir, desde el punto de vista gramatical que la metafísica se distingue de la antropología, porque aquella versa sobre substancias mientras ésta conjuga pronombres: yo, tú, nosotros.

Según esta antropología es preciso distinguir niveles en el orden transcendental. De un modo resumido se puede decir que Polo propone ampliar la metafísica teniendo en cuenta que todos los seres tienen un acto de ser. No se trata, sin embargo, de una participación del acto de ser de Dios. Polo considera que la doctrina de la participación –en la que se han apoyado la mayor parte de los neotomistas-, es insuficiente para adentrarse en el conocimiento del ser, pues advierte que la Creación no es sólo de la esencia sino del propio acto de ser, que pone a las criaturas en la existencia. Dando un paso más advierte que será distinto el acto de ser del Cosmos -al que denomina la primera criatura-, del acto de ser de cada hombre –la segunda criatura-, y del acto de ser de Dios. En definitiva, plantea que la participación no es una perspectiva suficiente para advertir la novedad de un nuevo ser cuando aparece en la existencia, tanto en el big-bang del Cosmos, como en el surgir de una nueva vida humana.

Dicho con otras palabras, que los seres tengan ser no es porque participen del mismo Ser divino, sino porque Dios les ha creado un ser para ellos, pues la Creación consiste principalmente en que Dios crea el acto de ser –y no solo la esencia-, de los seres. En un segundo momento advierte que el ser del hombre se distingue del ser del Cosmos. Respecto a éste, tras considerar la problemática multiplicidad que supondría el que cada substancia tuviera su propio acto de ser y observando la gran unidad del Cosmos, concluye que todo él, en su conjunto, tiene un solo acto de ser, del que participan todas las substancias inertes y vivas de la Naturaleza. Es decir, la doctrina de la participación del acto se enmarca con facilidad en la Naturaleza cósmica, donde cada una de las substancias tiene un acto de ser participado del único acto del ser del Cosmos.  No así el ser humano –al que denomina segunda creatura-, que es persona. La persona es irrepetible porque cada hombre tiene su propio acto de ser intransferible –razón ésta por la que los medievales describían la persona como incomunicable-. Dicho con otras palabras, en cuanto distinto de la esencia, el esse humano es la persona, el otro co-principio, el que actualiza la naturaleza individualizada de cada hombre, que le transmiten sus padres[23]. Al ser la persona acto de ser, y por ello transcendental -actualizando todas las perfecciones formales de cada hombre-, se puede decir que el alma es personal y que el cuerpo es personal o que todo el hombre es personal, pero no en el sentido de que la persona sea el “todo”, en el sentido de que le falte uno de sus elementos constitutivos –por ejemplo el cuerpo tras la muerte-, entonces dejaría de ser persona[24].

Mediante una atenta observación, Polo sigue constatando que el hombre se distingue del Cosmos tanto en su acto de ser, que es libre, como en su esencia, que es capaz de hábitos. Por otra parte, destaca la inclusión de la relación en el mismo acto de ser al describir este como co-existencia, tras afirmar que una persona no puede ser sola, pues sería una desgracia, al carecer de alguien con quien comunicarse y a quien darse.

Por otra parte, en cuanto al conocimiento del Ser se refiere, si se repasa la historia de la filosofía, su mejor desarrollo se encuentra en la doctrina de los transcendentales, es decir, aquellas propiedades del ser en cuanto ser, que añaden más conocimiento sobre él, aunque se conviertan con él. Así, la unidad, la verdad, la bondad o la belleza -considerados como los más importantes-, no son algo diferente al Ser mismo, pero nos ayudan a conocerlo mejor desde distintas perspectivas. De ahí que si se distingue un nivel transcendental específico para lo humano, éste puede tener sus transcendentales característicos, personales[25]. Es decir, de un modo similar a como la filosofía clásica distinguió una serie de propiedades transcendentales del ser –la unidad, la verdad, la bondad, la belleza-, el acto de ser personal tendría sus propiedades transcendentales propias. Por ejemplo, en la persona el bien es, ante todo, amor. Y también la libertad[26] o la inteligencia serían dimensiones transcendentales, en cuanto que no se reducen a ser potencias de la naturaleza, sino que son más radicalmente, propiedades del ser mismo personal.

Dicho con otras palabras, teniendo en cuenta que el ser es transcendental, porque actualiza todas las perfecciones formales, la persona en cuanto acto de ser tiene también unas propiedades transcendentales. Recordemos que los transcendentales no tienen que ver con las esencias, sino que son propiedades del ser en cuanto ser: el ser y todo lo que es, por serlo, es bueno, verdadero, bello. Si tenemos en cuenta que el ser persona es de otro orden o nivel ontológico más elevado, es cuando podemos vislumbrar propiedades que pertenecen exclusivamente al ser personal y que por ello también son buenas, verdaderas y bellas. En el caso del hombre los transcendentales antropológicos, según la propuesta de Polo podrían ser: el ser-con o co-existencia, la libertad, la inteligencia, la donación o efusión, la filiación.

En este sentido, adquiere singular relevancia su desarrollo de la libertad transcendental, por la relevancia que la libertad adquiere en todo el pensamiento moderno y postmoderno. Polo distingue entre la libertad nativa o transcendental, de la voluntad en cuanto capacidad para tener hábitos o virtudes morales. Es decir, una cosa es la voluntad como facultad del alma, potencia capaz de hábitos y otra el “alguien libre” que la activa moviéndola a la acción. La libertad como característica del ser personal que a la vez está integrado con la inteligencia de la verdad y del amor, por lo que no es menos importante la transcendentalidad de la inteligencia, que con anterioridad a él desarrolla magistralmente Zubiri, ni la apertura donal de la persona, en la que consiste el amor.

El nivel transcendental sería también el nivel en el que situar la inteligencia, en cuanto luz, que iluminando los datos recibidos de los sentidos hace posible la abstracción pero, sobre todo, la que capta el ser de las cosas, lo que les hace reales, vivas. Ya Aristóteles advirtió la diferencia entre el Intelecto agente, que es acto, y el entendimiento paciente que es capaz de hábitos intelectuales. Si preguntáramos qué relación hay entre el entendimiento agente y la persona Polo contesta diciendo que lo que Aristóteles llamaba Intelecto agente se le puede llamar persona. Por tanto, se puede concluir diciendo que ni la inteligencia ni la libertad son propiamente esencia, sino propiedades transcendentales del ser personal, como lo es el bien o la belleza en el ser en general. Y como decíamos, a estas dos grandes propiedades o transcendentales de la persona hay que añadir otra del mismo nivel, inserta en la apertura relacional: la donación, el amor. Dicho con otras palabras al bien, propiedad transcendental del ser, considerado el ser en general, en antropología se le llama AMOR. Desde el punto de vista ontológico el amor habría que describirlo como un radical o transcendental antropológico.

La persona tiene unos poderes propios y exclusivos con los cuales puede conocer y autoconocerse, puede también autodeterminarse decidiendo por sí misma y siendo autora libre de su propia biografía. Ahora bien, como afirma Viladrich «ahora es cuando entramos en el misterio. Ninguno de nosotros se engendró a si mismo desde la nada. Nadie es creador y padre de sí mismo. Y, sin embargo, cada uno de nosotros siente dentro que es esta única persona, dueña de sí misma, capaz de amar y de ser amada en su exclusiva subjetividad. Ésta es nuestra experiencia interna que nos lleva a la pregunta sobre quién nos dio, nos regaló nuestro ser tan irrepetible y excelente entre todos los demás seres que hay en el cosmos, quién pudo desde la nada crearnos y crearnos como personas únicas»[27]. Bien se puede deducir que ese acto de ser irrepetible que cada uno recibe, pero para que sea suyo, procede del Creador divino. Por su parte, ese acto de ser y esos poderes otorgados en propiedad, de los que nadie más que  el interesado es dueño, son la razón profunda de los derechos inalienables, porque en eso estriba la dignidad humana, que inseparablemente es libertad responsable para desarrollar y hacer crecer esos dones recibidos.

 

Dignidad humana y Antropología transcendental

 

Desde la antropología transcendental se abre una posibilidad clara y nítida de fundamentación de la dignidad humana y sus correspondientes derechos inalienables, no tanto en la naturaleza, sino precisamente en la persona. Siendo la persona el acto de ser propio y en propiedad de que cada ser humano.

La persona, considerada como el acto de ser de cada hombre, es lo que le hace ser única e irrepetible y no solamente un individuo más de una especie más cualificada. Ese acto de ser es lo que hace que ser persona ante todo consista en un núcleo interior del cual proceden todas sus acciones, un ser del que sólo ella es propietaria, de modo que nadie puede poseerla a no ser que ella misma se entregue. Ahí radica su dignidad.

Desde esta nueva perspectiva el fundamento último de la dignidad humana, ese algo previo a la acción y garante de su inviolabilidad, vendría a ser algo más profundo e interior que su naturaleza específica, que no se niega, es decir, la persona. La dignidad humana, que cada persona tiene precisamente por ser única e irrepetible, es una dignidad intransferible. No obstante, al gozar de ella cada ser humano se puede decir también que es universal. Sin embargo, parece tratarse de otro modo de universalidad, universalidad a otro nivel ontológico que, sin anular nada de lo dicho anteriormente, alcanza un nivel más profundo y permite un fundamento más sólido para la moral, pues en definitiva ésta no sería tal, si no acogiera la libertad para amar[28].

La antropología transcendental, gracias a su ampliación de la ontología y del reconocimiento de la peculiaridad de la persona humana que es intrínsecamente libre, inteligente y capaz de dar, ofrece el escenario adecuado para fundamentar la dignidad humana en el ser.

 

 


 

ECONOMÍA: CONCEPTOIDES Y JUDICOIDES[29]

Javier Rospigliosi

 

 

Al empezar la Lección QUINTA, párrafo 2, acápite B de su libro Curso de Teoría del Conocimiento (CTC) tomo 4 vol. 2 titulado: La Primera Operación del Logos; el profesor Polo afirma: "De las dos compensaciones conceptuales a que se ha aludido, interesa ahora atender al concepto objetivo (uno en muchos simultáneos). Por ser objeto, el concepto objetivo es intencional. Esta intencionalidad versa o sobre el abstracto o sobre las ideas generales … ". El primer tipo de compensación se refiere a objetos como, por ejemplo, el valor de un euro (algo que comúnmente aceptamos como concepto económico). Pero si me imagino una moneda metálica de un euro (en ese ejemplo) ya está en mi mente, como moneda, y deja de ser real para convertirse en una intención mía: ese es el segundo tipo de compensación (idea general) que no es real[30].

Lo real es más que un concepto[31]: en el ejemplo anterior sería por decir algo, cómo se acuña (o se fabrica) un euro. Pueden ponerse más ejemplos reales que sirvan para entender un euro (notas) ya que es conceptual; pueden “endosársele” muchas notas aplicables según su contexto. Así, puedo referirme a un euro como unidad económica, o por lo que compra; o como pequeño cilindro producido en alguna fundición metalúrgica y circula por allí, etc.; todas esas notas, y otras, referencian al euro. Aluden a una dinámica que concierne al euro.

Pero el euro como abstracto, es distinto, está en mi mente y para ponerlo en la realidad, necesitaría decir todo lo anterior y más, sobre él. Consigo ponerlo en mi mente como acto mental, gracias al hábito abstractivo: por el que se llama euro. Pero si quiero expresar la realidad del euro, tengo que concentrarme más en lo que quiero decir (concepto[32]), y al decirlo, ya estoy en el plano conceptual y restringiendo lo que pienso del euro (el abstracto) a esos detalles o notas.

Y ascender en la escalera cognoscitiva, o sea, afirmar algo del euro; ya conlleva un juicio. Antes de este juicio, he tenido que relacionar en mi mente el euro con lo que voy a afirmar de él (gracias al hábito de la analogía o propagación). Como quiero afirmar algo real, tengo que vincular las notas a eso que afirmaré. Pero ello ya es un hábito, superior al abstractivo y al concepto, que Polo llamó hábito conceptual o de la analogía. Es un tipo de acto manifestativo (cognoscitivo) que está entre el concepto y el juicio siendo -éstas- explicitaciones (potenciales), una inferior a la otra. Es una escala intermedia que “ilumina” el concepto (se conmensura con éste) y prepara el juicio[33].

Pero además, existe otro modo de conocer propiedades del euro a partir del abstracto (otra línea de ascenso cognoscitivo o de conmensuración). Son reglas como que todos los euros son euros (cosa que en realidad no es cierta pues cada euro tiene particularidades). Lo explico. Si se trata de comprar algo puedo decir que todos los euros son iguales, pero si miro un euro del año 2003 y otro del año 2010 serán en algún aspecto, distintos. Ese aspecto, es un aspecto particular en que me fijo porque es capaz de ayudarme a comunicar a otros la distinción entre esos dos euros, como casos distintos. El otro primer tipo o aspecto: euros para comprar algo, aunque los euros sean físicamente distintos, es lo que el profesor Polo llamó idea general.

Los ejemplos anteriores no son el único modo de atender a los conceptos o juicios o ideas generales. Al contrario, es muy difícil que haya escasez para esos modos de conocer: más bien ocurre que puedo afirmar infinidad de cosas (conceptos y juicios) y darme cuenta de infinidad de aspectos en que puedo distinguir los euros uno de otro, así como vincularlos a conceptos diversos (hábito conceptual o judicial y las compensaciones respectivas, o conmensuraciones en la línea de ideas generales[34]).

 

A MODO DE INTRODUCCIÓN

 

¿En qué se diferencian 5kg, 5m, 5euros o 5 lt? Salta a la vista que en la unidad de medida (kg, m, euro, lt). Pero … ¿por qué en el caso del dinero (euros), la fundamentación matemática no se ha vinculado teóricamente a su propia realidad como se hizo antes (S XIX), en los otros casos? Esto fue lo que comenté con el profesor Leonardo Polo (LP) al conocerlo por primera vez en Lima allá por el año 1979[35]. La pregunta era difícil pero yo creía, en mi ignorancia, que no lo era y quizá por ello, emergió espontáneamente.

Siempre había tenido esta inquietud presente cuando era un estudiante de ingeniería mecánica e industrial (1970-76) y matemáticas puras (73-77). Me costaba pensar que al sumar dólares (en Perú se ha generalizado su uso como si fuera el sol peruano) y aunque se usaban las mismas reglas del cálculo que en la física, el sustento y referente básico fuera diferente[36].

Cuando profundicé en la teoría del conocimiento del profesor Polo, me di cuenta de que la matemática tenía que ser la misma siempre, pero los conceptos y proposiciones se analogaban. Es más, por aspirar a ser un doctor en dirección de instituciones[37], tuve que profundizar en los contenidos humanos que vinculan la economía a los contextos psico-sociales y ecológicos en que están inmersas.

Como esto empezó antes, cuando tenía 15 años pero dura hasta hoy, me he tomado 45 años en investigar más al respecto. Y es tan intenso para mí que, valga como ejemplo, al proponerme escribir este resumen al morir el profesor Polo, en febrero del 2013; pensé que me tomaría menos tiempo. Al final, me tomó más de un año, por la profundidad del pensamiento poliano-matemático; lo que a la vez, permite dar referentes muy sólidos.

 

NADA PERSONAL

 

Fui un gran afortunado al ser motivado por el mismo profesor LP para ir a Navarra a profundizar mis conocimientos, que en ese entonces eran sesgadamente cuantitativos[38]. Yo era tan radical que marginaba toda influencia cualitativa. Pero el profesor LP (sin buscarlo) dejó ver que sabía de matemáticas y física más que quien escribe: en ese entonces creía que sabía bastante pues era profesor en la facultad de ciencias e ingeniería en la PUCP[39]. Acababa de leer un libro de filosofía llamado “Diálogos sobre Física Atómica” de W. Heisenberg, que estaba entre ciencia y filosofía, y el haber participado de tales conocimientos me hacía sentir poseedor de elevados secretos.

Pero la pregunta del profesor Polo: “ … ¿qué es ciencia? …” me aterrizó completamente. Al no saber qué responder me confesó (supongo que por acostumbrada humildad) que él tampoco[40]. Y ahora, luego de más de 30 años, creo que podría responder con más certeza y seguridad. Porque si algo he aprendido de él, es que la ciencia está en los científicos y no es algo que se pueda concretar con una respuesta hablada.

Mientras tanto me iba especializando más en economía, pero por caminos y métodos poco convencionales (aunque también recurría a los convencionales). Estaba animado a ello por los que eran considerados expertos, tanto en mi entorno cercano como lejano. Intuía que al trabajar con números, la economía debía tener leyes -como que ya existían- llamadas de Oferta - Demanda y otras. Las estudiaba más a fondo de lo que se acostumbra y mis profesores se dieron cuenta de ello. Me invitaron a trabajar con ellos, asistí (y presenté ponencias) a congresos, charlas, conferencias, etc.; para empaparme de los temas relacionados. Era ingeniero industrial y matemático, lo que me facilitó profundizar en temas de física teórica. Pero la economía me obligó a trabajar de otro modo con los números. Ello exigió de mi parte llevar más cursos de estadística aplicada. Lógicamente habían coincidencias con desarrollos matemáticos, conocidos por mí, como los que se emplean en estadística para verificar hipótesis de laboratorio.

Era lógico, en esa época, que los ingenieros nos dedicáramos a trabajar con las nuevas computadoras, por nuestra experiencia con máquinas -en general- y estadística práctica o aplicada. En ese entonces, practicaba con estos temas importantes, pero me animaba más encontrar una teoría-sustento de las coincidencias.

 

UNIVERSIDAD DE NAVARRA

 

Fue así como inicié una relación epistolar con el profesor Polo. No digo que fue fluida, pero sí fructífera para mí. Empecé a leer sus libros que no eran fáciles de conseguir, y casi de casualidad y por otros motivos, me lo encontraba (cuando venía por Lima, que siempre era antes o después que iba a Piura), lo buscaba en charlas y conferencias. Fue así que empecé a entender por qué le había llamado tanto la atención que llegara a la economía por caminos numéricos, más no utilitarios. Me sugirió ir a estudiar a UNAV y no pude hacerlo hasta 1992, coincidiendo casualmente con los 500 años del descubrimiento[41].

A mi llegada a Pamplona, tuve la suerte de entablar continuas y largas conversaciones con el profesor LP. En realidad, no fui a estudiar filosofía del conocimiento sino de la acción directiva, por mi experiencia y estudios anteriores, ya que había llegado a ser consultor de costos y sistemas en ciertas empresas de Perú, Argentina, USA y Chile. Y era claro en este punto: me interesaba el tema cuantitativo más que el cualitativo. Para mí la producción era el fundamento del bienestar y, si no sabes producir, de nada te sirve todo lo demás[42]. Y descubrí que era así … sólo que a nadie le interesa cómo llegas a saber algo sino cómo utilizarlo para ganar más. Y que esto no era tan malo al final, porque la alta dirección debe hacer su parte. Mi pregunta fue: ¿ … y por qué no lo hace? … pero la respuesta aquí -aunque era al final cuantitativa- se basaba, lastimosamente, en razones cualitativas pero en sentido deficitario: falta de hábitos.

 

TEORÍA DEL CONOCIMIENTO

 

Ya en Pamplona, gracias a los cursos del doctorado, conocí una máxima de gobierno que podía analogarse a lo operativo, pero como tesis doctoral. Si la bondad de los hombres está en los hombres buenos[43], como dije antes: la ciencia está en los científicos (este último colofón iba a ser mi tesis, sólo que no era consciente de que era un tema demasiado elevado para un principiante).

Esa última parte, la de la ciencia, del colofón; era acuñada casi del todo por mí[44]. Nadie la decía así para los hábitos, sino sólo para las virtudes[45]. La diferencia entre hábito y virtud está en que la virtud es moral. Es también hábito, pero es tan importante por sí solo que fue “bautizado” con un nombre especial: virtud. Hay muchas otras diferencias, pero valga ésta por el momento.

Lo coincidente y, a la vez, más importante para mí, fue que el profesor Juan Antonio Pérez López (JAPL, mi tutor de tesis) en su asignatura del curso del programa de acción directiva, enseñaba que para producir se necesitaban hábitos y virtudes. Es decir, al igual que su amigo el profesor Polo, coincidían en casi todo; sólo que LP hacía filosofía del conocimiento y JAPL filosofía de la dirección. Por ejemplo, LP llamaba experiencia moral a las noticias que JAPL llamaba interiorizaciones de gobierno[46].

Decidimos, de común acuerdo, ya no con el profesor Polo sino con quien se ofreció por tutor ¡gracias a Dios!: el profesor JAPL; que el tema daba para muchos años de trabajo concienzudo y duro … unos 15 a 20 años, decía él. Pasaron 20 años y veo que eran indispensables para profundizar en la antropología de LP, y así poder exponer con más claridad mis conclusiones, ya que es una novedad que la matemática (como se entiende desde LP) se pueda aplicar a la realidad económica analogada, es decir, que los números son números siempre; pero los conceptos que se analogan a su realidad son otros.

LP murió justo después de haberse presentado un libro-resumen de economía que conecta muchos artículos suyos. Esto fue en enero del 2013 (murió en febrero). Gracias a él, hemos podido saber muchas cosas que pasan desapercibidas a muchos autores, y LP las ordenó y nos las transmitió contextualizadas económicamente. Sin embargo, aunque filosofó sobre economía, no la re-hizo ni intentó hacerlo, sino que daba recomendaciones a los que sabía que después las utilizaríamos[47].

En ese último libro, nos hace ver cómo tuvo que habérselas con una historia -la de la economía- sumergida en otra historia -la de las sociedades humanas-. Y es que las personas -que son fines en sí- utilizan los medios históricos al uso de su tiempo, pero los medios han sido, históricamente también, convertidos a fines en sí mismos, y es un modo de hacer que la historia se transforme en motor en lugar de ser “movida”, es decir, algo como lo que les ocurrió a los modernos que terminaron en tal confusión que el profesor Polo tuvo que estudiarla a fondo. Gracias a Polo tenemos más claridad de discernimiento en estos temas tan importantes.

Decía el profesor Martínez Echevarría (en la última presentación de Filosofía y Economía: último libro que ya se ha citado) que el dinero es como la mano para la sociedad. Y es tan cierto que ha ocurrido esta transformación de medios en fines, como se deja ver en las tres partes de ese libro, buen referente de cómo fue -más que de por qué ha ocurrido-. Y en todo caso, las explicaciones que se dan son de índole socio-política o moral, más que en un marco puramente económico. Y es que esas explicaciones son más importantes, qué duda cabe; sólo que terminan por reflejarse en lo económico. Y cómo se reflejan lleva incluso a dar leyes que las rigen. Y esas leyes tienen expresión matemática, pero sólo pude encontrar la explicación real de esos vínculos en la filosofía del profesor Polo[48]. Creo que se debía a su profundo interés porque se resuelvan de una vez los temas de la pobreza y las injusticias. Todo eso lo tuve frente a mis ojos al estudiar en UNAV.

¿Cómo puede ser que tanto reyes como lacayos se hayan dejado manipular por el dinero o lo que éste representa a través de los siglos, si se trata de un medio y no de un fin en sí mismo? Y además es cuantitativo, es decir, su nivel de medio es tan bajo[49] que sorprende tal influencia. Sólo la aclaración que da el profesor Polo con su Teoría del Conocimiento fundamenta de modo claro, aunque no sea tan sencillo como uno desearía, los entresijos que no pudieron descubrirse antes.

 

EL LOGOS

 

Gracias a los Conceptoides y Judicoides se razonan tales excesos históricos. Explicaré, en lo posible con palabras de Polo, cómo se producen a partir del cambio de signo vital de modo que lo que es físico, el dinero, se “apodera” de los seres vivos al extremo de hacer que la capacidad de esencialización del universo que tenemos los seres humanos[50], se deforme llegando a transformar fines en medios y medios en fines.

Empiezo citando a Polo: “La inferioridad [de la idea general] respecto del concepto o del juicio lleva consigo, asimismo, que el objeto del logos no puede llamarse concepto o concebido, ni juicio o juzgado. En su lugar, hablo de conceptoide y judicoide[51].

Antes, ha dicho: “la idea general es una regla ajustada por compensación con los particulares: esto es lo objetivado en cada nivel de la prosecución generalizante. Ahora, desde la iluminación por las compensaciones racionales, hay que ‘llevar’ la regla hasta los particulares. Llamaré a este llevar elevación al logos. Es claro que, de acuerdo con tal elevación, los particulares dejan de serlo y la regla pasa a ser pura relación”[52] (léase a continuación).

En el ejemplo del euro, una idea general puede ser su aspecto cilíndrico (otras ideas generales serán otras notas propias del euro-moneda). La compensación racional se da cuando afirmo que un euro, con tales y cuales características, tiene ése aspecto y que por asemejarse, varios de ellos juntos aumentan mi capacidad de compra: son más euros y puedo “sumarlos”.

Polo afirma: “la conversión de la idea general en relación es superior a aquella (a la idea general) … La idea general es regla respecto de determinaciones particulares, pero no en su mismo nivel[53]. Es el logos el que objetiva la relación como idea general en ese nivel; y, entonces, sí importa cuántas sean esas determinaciones … el uno universal [el euro como moneda y sus otras características que lo identifican como euro] no es un número, pero su versión intencional sobre los objetos de la otra línea prosecutiva permite conocer los números”. Y continúa más adelante: “la unidad en muchos conceptual [euro conceptual] ilumina la idea general en tanto que regla [moneda], con lo cual ésta es entendida en los particulares: logos. Este objeto es más elevado que la compensación de lo general y lo particular”[54].

Volviendo al primer párrafo de este artículo (ahora se entenderá por qué empecé así) precisaré que, a las compensaciones del primer tipo Polo las llamó racionales y a las otras: generales. Esto debe destacarse porque las primeras siguen elevándose hasta llegar a lo que Polo llamó fundamento (un primer principio: o persistencia), que da lugar a las proposiciones: “el fundamento (objetivado como base) es intencional sobre la compensación judicativa, que es la proposición”; con lo que restablece y aclara por qué ha venido ‘funcionando’ tan bien el método de lógica deductiva proposicional para las matemáticas. Para los modernos, al no hacer patente tal distinción entre ideas y conceptos, se consolidaban sólo las ideas, desapareciendo la temática racional: “así consolidadas ya no versan sobre las ideas generales, y se extrapolan (de esta manera aparece lo que suelo llamar metafísica prematura[55])”.

Esa extrapolación se ha dado en todos los campos del saber, e incluye a la economía. Unas veces como enunciados, otras como leyes o reglas habladas o escritas, otras como “dichos” (casi siempre, populares), etc. Tiene implicaciones políticas, legales y muy humanas, explicitándose o no, como números. Esta nueva versión de cómo funciona el logos no llega a primeros principios como el fundamento, y menos a los otros dos[56]; que juntos, son -ahora sí- metafísica pura. Y explica con naturalidad humana cómo entender, la realidad del fundamento; ya que siempre estamos por encima de ella. Al final, la conclusión –ya se dijo antes- es que esencializamos el fundamento y no al revés.

A partir del número se está en posesión de un nuevo objeto[57]: “la matemática se empobrece al entenderla como ciencia de la cantidad; la matemática es la ciencia de las formas que son puros objetos” … “El número de ninguna manera es empírico, sino una pura propiedad relacional que se parece mucho al universal (por eso lo suelo llamar conceptoide)”[58], pero “El número se distingue del cálculo” … “volver a lo empírico es pensable por un retorno desde el número a la idea general. Sólo con ideas generales el cálculo es impensable” … “también los objetos del logos son intencionales respecto de las ideas generales: dicha intencionalidad es el cálculo” … “El número en cuanto que tal es átomo, pues una propiedad relacional no tiene partes. El 2 es todos los 2 y el 3 es todos los 3. En este sentido, no cabe sumarlos” … “si la noción de número puede aclararse llamándolo conceptoide, el cálculo podría llamarse generaloide” … “El cálculo es un cierto descenso desde el logos” … “ese descenso tiene un inverso, cierto ascenso, según el cual el logos prescinde de la particularización[59] del número inherente al cálculo y asume sus resultados reponiendo para ellos la condición de número o pensándolos de acuerdo con ella[60]. Todas estas citas aclaran cómo el número tiene que ver con los conceptos y los cálculos que le permiten “ascender” en su propia línea de objetos para consolidar nuestro conocimiento de la realidad económica (en euros) de modo certero y real.

Será justamente la matemática del dinero la que nos permitirá detectar lo que falta o lo que sobra a las transacciones de la economía gracias a lo que afirma LP en CTC IV tomo 2 Lección quinta, párrafo 5 nota 89 el número físico es el éxito de la concausalidad; el éxito de la concausalidad es lo contrario del ens per accidens”. Es decir, que toda la actividad productiva, a la que se unen las actividades comercial, directiva, etc.; que son las que hacen posible la transacción de un bien o servicio, tienen como referente la concausalidad cuádruple esencial del universo físico. La unidad de orden se va haciendo “visible” a nuestro entendimiento gracias al éxito matemático-hipotético de nuestros números pensados.

“Aunque el número no es una explicitación, es el descubrimiento de un aspecto de la concausalidad que sin él ni siquiera se sospecharía […] la segunda operación del logos se ejerce desde la iluminación de la primera operación del logos por la compensación judicativa. El logos es la operatividad unificante y, por ello, para proseguir no requiere hábitos; o, lo que es igual, el logos es una unificación operativa, no habitual […]. El juicio es la explicitación de la concausalidad entera, implícita en el concepto, y su compensación, la conexión predicativa. Por tanto, el juicio objetivo -la proposición- aclara lo que de conexión tiene el objeto del logos. […] La aclaración desde la compensación judicativa es lo que se llama función: cualesquiera que sean los cuantos, hay relación determinada con cuantos”.

Continuaré citando palabras del profesor LP: “ … la segunda operación del logos objetiva además que hay relación de cuantos siempre, o cuantos sean. Con otras palabras, siempre hay cuantos, es decir, hay relación pura para ‘todas’ las relaciones puras; o bien, la relación también lo es de relaciones. Si hacia abajo la especie abrevia el género [euro], hacia arriba, en el judicoide, el género es sustituido por la relación de relaciones […] Mientras que el objeto del primer nivel del logos es la aproximación de la idea general al concepto (cabe llamarlo ‘conceptoide’), el del segundo nivel es la aproximación del conceptoide al juicio (cabe llamarlo ‘judicoide’). Dicha aproximación es una prosecución del logos que no alcanza el nivel de las operaciones racionales. Por eso, las conexiones racionales son más firmes que las del logos, en tanto que consolidadas por la base[61]”.

 

LOGOS Y ECONOMÍA

 

Un ejemplo más que típico de utilización de judicoides para la economía al uso, es el de productividad (que ya es una función, pero primero es un concepto). Y todavía más: la derivada de la productividad (que también es una función, pero apunta a otro concepto muy útil) -llamada por ello, productividad marginal- tiene inacabables usos en los teoremas de equilibrio y otros, que articulan casi toda la economía. El concepto de productividad es físico porque se refiere al uso de una cantidad de algún bien económico: por ejemplo los kg utilizados de abono para cosechar una hectárea de cultivo. Las llamadas unidades de la magnitud (conceptoide productividad: éxito de tal tri-causalidad) o número matemático representativo es decir [Kg/Ha], son el descenso (que permite la suma) del conceptoide, elevado a productividad (judicoide) que queremos medir numéricamente.

Subiendo en la noción de judicoide dice LP: “la aclaración desde el juicio abre la cuestión de la infinitud de los cuantos, pues las funciones son relaciones entre cuantos cualesquiera. Con todo, no sabemos si siempre hay funciones, lo que pone en peligro la compensación […] la ausencia de fundamento en el logos impide que la noción de judicoide desemboque siempre en el cálculo: es posible que la conexión de propiedades relacionales las haga incalculables, es decir, que se trate de relaciones no convergentes, o algoritmos no resumibles […] Este es el peligro: la dispersión de los objetos del logos”[62]. “La analogía es la clave de la prosecución racional, pues sin ella no se puede pasar del concepto al juicio … la analogía declara insuficiente la explicitación conceptual …”. Proseguir se requiere para pasar del cálculo (“ … que es inferior al nivel de los números, aunque superior cuando se generaliza como número sujeto de cálculo: negativo, racional, real, imaginario, …; generando nuevos y propios objetos …”[63]) al 2do nivel del logos.

Continúo citando a LP: “ … el descubrimiento de los números es un indicio de la superioridad de la mente humana sobre lo físico, referido precisamente a lo físico […] se muestra en las intenciones hipotéticas, las cuales, por otra parte, invitan al hombre a aportar, mediante su acción práctica, mejoras en el orden del universo”[64]. Coincide que al estudiar la propagación de la luz física desde la hipótesis mental (LP llama a la propagación de la luz: hábito conceptual[65]) que es numérica, la física avanzó -gracias a la matemática- a partir del concepto de velocidad absoluta de la luz (relatividad); para llegar a entender la materia, la luz y hasta las “antiguas” fuerzas como partículas elementales (mecánica quántica). Es que reflejan lo unitario (unidad de la analogía en lenguaje de Polo). Antes, ya se había avanzado matemáticamente, sobre la base de un principio llamado de Mínima Acción (PMA), que reducía todo a la magnitud que se llamó acción. Después coincidió que el quantum elemental, también tenía las unidades de la acción mínima.

Creo que eso fomentó que LP que algunos profundizáramos más en matemáticas, desde el cómo del conocimiento, por la “soltura” que tenía para pasar a los referentes de la economía matemática. “Usar”[66] dinero tiene que referirse a métodos matemáticos de contabilidad (en euros), pero también debe sustentarse en conceptos distintos a los físicos.

Insisto citando a LP: “Las operaciones unificantes no se consuman ni tampoco sus objetos. Lo que se piensa con ellas es la no consumación. Si se consumaran, no se ejercería más que una operación. Si se ejercen varias, sus objetos no pueden estar aislados entre sí, pues es inadmisible la idea de una unificación plural desunificada. Por ello, repito, las operaciones unificantes han de ejercerse de modo que el objeto [euro] de la primera apele al de la siguiente [productividad]. Y esto es lo que llamo no consumación: la operación siguiente ha de ratificar el objeto anterior como no consumación. El logos es una unificación plurioperativa. Pero por ser unificación, los objetos de esas operaciones no pueden aislarse: es preciso, por así decir, que no haya solución de continuidad entre el objeto de una operación y el de la siguiente. Por tanto, el objeto de la segunda operación [judicoide, productividad] ha de ratificar el de la primera [conceptoide, euros] y no desmentirlo, es decir, no puede ser una respuesta a la pregunta por la totalidad de los números. Lo que he llamado apelación objetiva no se confunde con esa pregunta. La ratificación aludida tiene lugar de modo “continuativo”, o sea, la operación siguiente encuentra más números, pero no “todos” (noción de sistema de ecuaciones sin solución, [números imaginarios por ejemplo])”[67].

Otra cosa es que nuestra esencia, humana, supera los números pensados pero con todo, siempre debe cumplirse el orden tetracausal. Me explico con un ejemplo. Si logro vender algo gracias a una amable actitud, supero la “productividad física” o “pura” del producto vendido. Con todo, el producto es físico y eso implica una unidad de orden (causa final) que se cumplirá aunque la venta se haya realizado gracias a esa actitud (motivación intrínseca-extrínseca). Eso devendrá en algún momento con su ser independiente de mi actitud, tal vez dentro de varios siglos. Por eso los economistas incorporan cada vez más los aspectos “humanos” a la economía. Pero lo que se puede incorporar al número (llamado precio o coste en euros) es lo que tiene que ver con lo físico (la venta), gracias a la actitud, aunque supere -como acto esencial humano- a su medición (en euros). En todo caso, puede estudiarse la causa eficiente físico-humana (extrínseca-intrínseca[68]) pero hay que saber cómo incorporarla al precio, y así, puede ocurrir que terminemos deshumanizando la sociedad. Hay muchos ejemplos en la historia humana que van en esta línea.

Afortunadamente, la manipulación conceptoidal ya ha tenido el éxito numérico predicho por LP en la concausalidad para la física, pasando a la relatividad y a la quántica. Y todo ello gracias al conceptoide “magnitud”: la unidad de medida: sea Kg, Km, euro, lt, o cualquier otro caso. La gran unificación se viene realizando por el PMA (Principio de Mínima Acción[69]). Esto es lo vaticinado por LP: quedando establecido el itinerario matemático para los judicoides básicos, cualesquiera que éstos sean.

La física de causas (la de LP) corrobora que debía ser así, pues escalar a las proposiciones “judiciales” parte de los conceptoides y exige a todos ellos ser analogables a lo que se llama magnitud -lo que se está contemplando aquí- (sólo así pueden ser logos humano realizable físicamente, es decir, números); como ocurre con los bienes y servicios de la economía, que se transan en euros. (Si uno no es cordial es posible que nunca ocurra la deseada transacción y si uno es cordial, puede variar el número que acompaña al conceptoide, es decir, la cantidad de euros: dependiendo del hábito llamado arte, como se vio en la nota 22).

Las transacciones (desde el trueque hasta el dinero informático) son la base [fundamento] de la economía. Pero la rapidez con que se dan puede variar mucho: desde una transacción luminosa, a la velocidad de la luz, hasta una reliquia familiar (un cuadro por ejemplo) que se guarda por muchos años (que podrían llegar a ser siglos, aunque la transmisión generacional ya implique una o varias transacciones).

A pesar de que nos situamos en la perspectiva del logos -para transacciones en euros- a los seres humanos nos anima la metalógica de la libertad (“además”, lenguaje antropológico del profesor Polo). Toda transacción de bienes requiere producirlos primero. Así, se sube hasta decisiones de gobierno (libres esencialmente pero antes, libres trascendentalmente) que topan al movimiento circular (efecto formal, que por ser una analogía muy novedosa, puede asimilarse a lo que en economía sería sistémico-artístico) de modo que se fuerza un sincronismo[70] real (que es la economía coordinada de acciones humanas en equipo), pero que se descubre desde el objeto matemático que los relaciona (euro: dinero): un conceptoide en lenguaje poliano. En palabras más “tradicionales”: me refiero a que hábitos como el de ciencia se anclan -por decirlo así- en la inteligencia, mientras que las virtudes se anclan en la voluntad. Estas últimas son más importantes: como es el caso de la prudencia para dirigir. Pero a la filosofía de la acción directiva, sola, no le interesa tanto su sustento teórico, a pesar de ser tan necesarias en el proceso decisorio. Hay que saber usarlas y saber por qué se usan, lo que no requiere profundizar en su sustento antropológico.

 

LOGOS Y PRODUCCIÓN

 

El medio económico por excelencia es el dinero. Con dinero se pueden conseguir todos los medios que uno requiera, ya sea para producir, para comprar, para vender o … para todo! Pero no es el dinero mismo un medio de producción, aunque todos los medios de producción puedan expresarse en dinero; sino que es el medio más líquido, por decirlo en términos financiero-económicos; el que más fácil se puede convertir en un medio real de producción. En rigor los bienes y servicios son también medios, porque sólo las personas pueden ser fines, como ya se ha advertido.

La educación es el caso más representativo de los medios-fin. El alumno es el fin de la educación pero al mismo tiempo, su educación se paga en dinero, porque requiere de medios para el fin que es el niño educado. Al mismo tiempo, la educación es el contenido que el niño, ya educado, ha convertido en hábito (que ya es fin). Esa conversión en hábito ya no se puede medir como dinero, porque dejó de ser medio. Sólo la puede medir alguien que tenga el hábito en mayor grado: un científico. Éste era el sustento de mi tesis doctoral. Como se deja ver era muy compleja. Tanto, que la segunda parte, es decir, cómo evaluar o “dirigir” los hábitos -y sobre todo, virtudes- está escrita en muchos libros. Recomiendo, para ambos, los del profesor JAPL[71].

Pero el uso del dinero tiene que ser informado a otras instancias, para que no ocurran fenómenos desequilibrantes como inflación, deflación, devaluaciones, revaluaciones, etc.; y eso es feedback, que es cuali-cuantitativo (inhesiones cualidad-cantidad-relación) de modo que el dinero tiene que ver con, y se puede elevar hasta, el nivel de judicoides. Así asciende hasta la justicia cuantitativa, en forma de objeto matemático. Aquí aparecen dos tipos de problema: 1) cómo conecta lo micro transaccional a los grandes conglomerados económicos (países, confederaciones, etc.) y, 2) cómo se contabilizan, ordenándolas; las distintas actividades de un mismo producto si hay casos, casi siempre es así, en que intervienen muchos procesos productivos que hay que coordinar en el tiempo y cuantificar proposicionalmente.

Es aquí donde entramos a considerar los números[72], desde un nivel superior al acostumbrado. Estudiaremos ahora cómo es que la producción de artefactos -como cantidad- puede ser una noción propia de la economía y además, queremos saber cuál puede ser su judicoide (al hablar de productividad ya se usó la cantidad kg/Ha como judicoide de cantidad, pero ahora se hace referencia a procesos productivos pensados por seres humanos). Me apoyaré en lo que LP afirma que es un predicamento. Y lo estudia desde esa perspectiva (como inhesión).

En cambio, el precio (en euros, su primer nivel de logos) es la raíz, netamente económica. Ahora entramos en lo humano, y ayudará mucho saber que el dinero también es un artefacto humano. Así, también sirve para comprar o vender artefactos, pero es algo así como el artefacto de los artefactos. Antiguamente se recurría al trueque pero ahora, como dinero, basta asignar un precio de referencia al bien[73] trocado para que sea equivalente. Veremos también que por ese solapamiento de contextos, la macro y micro (economías) no han seguido el mismo método[74]. Es así que la labor humana y hasta la sonrisa humana, se “convierten” … a euros!.

La conversión precio-trabajo-conocimientos-arte-gestión- … -todo lo que sea que interviene al producir, en euros; hace que sean judicoides, convirtiéndose así en fuente de error para remunerar correctamente al trabajo y a los que lo realizan. Y no es algo subjetivo porque, gracias a las reglas conocidas de la física-matemática, ya se han jerarquizado los niveles numéricos que se ajustan mejor a las compensaciones requeridas. La entropía puesta, al producir, por los directivos, es la propia de ese sistema productivo. Es un cambio de signo que se introduce en el universo porque se hace algo que no haría el universo por sí mismo. Es la esencialización de LP, de la que venía hablando antes. Una sincronía que obliga a intervenir, de tal modo, a la causa final. Dicha complejidad puede significar una reducción de la entropía[75]. La entropía cero no puede lograr nada[76], en cambio, una cierta cantidad de entropía humana (la llamada organización), puede incluso reducir la entropía del entorno o evitar que sea mayor (por ejemplo, descontaminar). La hipotetización del sincronismo productivo “forzado”, es el número de euros que lo compensa[77].

Lo circunstancial es que efectuar una hipotetización correcta, requiere aplicar una matemática conocida por la física pero que, hasta ahora, es desconocida la gran utilidad que tiene para los contables, que siguen usando sumas y restas[78] tradicionales. Un ejemplo: si ingresa un euro a una empresa ya está influyendo la tasa interna de retorno de esa empresa; pero efectuar este cálculo –insisto- requiere mucha elaboración técnica y práctica. Lo que se hace ahora es esperar a fin de año y aproximarla al resultado anual.

La sincronía es necesaria para producir bienes y/o servicios y su falta, es análoga a la muerte del cuerpo, pero ahora, nefasta para una organización. Si no la hubiera (la sincronía), no habría eficacia y una empresa así termina en la quiebra económica. Así aparece la matemática contravariante[79]. La coordenada contravariante nos servirá para sincronizar (que no quiere decir que no sirva para otras cosas más). Pero el sincronismo ya exige una relación (categoría) y una cualidad (también categoría) que aporta lo más difícil en la biofísica: la cantidad sincronizada (la inclusión de la causa material aportada en las notas, por lo menos, para la vida de las naturalezas).

Al ser el juicio la analogía comunicada, el hábito será lo que se explicita, la inhesión: cómo se realiza la comunicación. Esto es la sincronía para el caso de la persistencia. Pero también es la sincronía “forzada” para el caso de pluralidades humanas. Es que la estructura matemática más avanzada es el tensor mixto y aunque la libertad no se puede incluir nunca, se compensan sincronismos de libertades por el judicoide: tensor + entropía. Además, la ampliación humana de formas (ordenadas) por la concausa final, se ve justificada por la probabilidad como distribución[80]. Y la incertidumbre como proposición, también fue formalizada como judicoide a partir del S XX.

Nosotros, en la empresa en que laboro y dirijo, hemos detectado que la contabilidad (base importante de los cálculos de la economía) tal como se hace hoy por hoy, tiene defectos numéricos insalvables. No sólo por lo anterior, sino por otras distorsiones que generan las evaluaciones anuales. Venimos haciendo algunas aplicaciones en instituciones peruanas, todavía no en el extranjero debido a la falta de tiempo[81]; y las distorsiones reales no detectadas han llegado a ser muy grandes (desde 8 a 57%: es decir, que llega a ser más de la mitad del precio de venta).

Todo lo anterior emerge de la naturaleza contravariante del judicoide para la economía procesual-productiva de trabajos en equipo. Las funciones que satisfacen las condiciones de Euler-Lagrange en la dinámica productiva, se representan por fasores de segundo orden (son funciones de números complejos, que corresponden a los tensores mixtos). Aunque no se formule el proceso productivo en un espacio-tiempo como suele hacerse en física (ahora, porque antes de Minkowsky no era ni siquiera pensable hacerlo), las respuestas obligan “secuencias” para producir. Si falla la sincronización, no se puede producir: faltaría recursos, aparecerían tiempos “ociosos”, etc. Justamente la llamada Investigación Operativa nació para esos fines, pero se concretó bajo la modalidad de programación lineal debido al exceso de herramientas covariantes disponibles en ese entonces. Hoy en día, ya se utiliza el cálculo contravariante que soluciona en casi un solo paso ese tipo de problemas[82]. Nuestro sistema debe ser probablemente uno de los primeros de este tipo para toda índole de procesos económico productivos, y lo estamos logrando, gracias al esfuerzo motivador de LP.

El profesor Polo corrobora: “ … no es lo mismo una causa material no dispuesta que una dispuesta y otra organizable. Los números más difíciles, más complicados, número físico digo, se corresponderán con la materia dispuesta y con la organizable … ”[83]. Y como si quisiera corroborarlo más, afirma: “ … La inestabilidad está dentro del universal en cambio, el tiempo está fuera …”[84]. Lo que no hace sino confirmar que las variables del espacio físico (covariantes) son de una cualidad -y también cantidad- distinta a la variable tiempo (contravariante). Ese hecho conlleva una operación matemática completamente nueva, que escapa a todas las conocidas. Al final se reduce a lo que se conoce como número complejo, pero es mucho más, desde la perspectiva tensorial. Conduce -sin ser casualidad- al sincronismo entre las partes (vectores de la base en espacios matemáticos) porque las sincroniza en el tiempo. Será, sin duda, el fundamento cuantitativo de la biofísica, una ampliación no efímera del tema productivo-cuantitativo[85].

Una cita que pinta de cuerpo entero cómo se enlazan lo cualitativo y lo cuantitativo en el sincronismo para, finalmente, elevarse debidamente al juicio y corresponderse en su judicoide es: “la inhesión de las partes de la cantidad y de la pluralidad eficiente en la cualidad, es la pluralidad de comienzos y retrasos, los cuales por ser hechos propios por el análisis formal físico son su tiempo interno”[86].

Sin embargo, todos los avances cuantitativos de la economía, ya sea para sus conceptos clave como oferta, demanda, etc.; u otros, han derivado a tensores del tipo covariante. El tiempo es estudiado como una variable muy especial, pero se “covariariza” para poder integrarla a las formulaciones típicas (ojo que no se está diciendo que eso facilite entenderlas). La contravarianza se estudia como caso teórico pero se aplica a la producción como si el tiempo fuera una más de las variables covariantes, no con la precisión contravariante propia de la variable-tiempo. Por eso, se hace ininteligible el llamado “ciclo económico” a consecuencia de ese error. En ese contexto no existe sincronismo, sino entradas y salidas “de turno”, que llevadas a una gráfica del tiempo vs producción, no son más que quiebres caprichosos a los que hay que estudiar con “otros métodos más complicados” pero siempre covariantes.

Y la solución está en los judicoides productivos, como tensores mixtos (co-contra-variantes) que generan sus propios ciclos internos. Pero al ser sus expresiones matemáticas por números complejos (del tipo a+bi) no pueden ser reales (porque no son los llamados números reales, que son los únicos que pueden ser aplicados directamente a la realidad física). Así, la física se ha desarrollado más (relatividad, quántica, hipercuerdas, etc.) sólo por haber incorporado el tiempo como variable contravariante. No fue fácil. Esa incorporación demoró dos siglos, pero fue poco a poco desplazando a la física “moderna”, para consolidarse ya como física contemporánea. El pronóstico de LP asegura que los números son hipotéticos respecto a la realidad, pero ya se sabe, por otros dominios científicos que utilizan la matemática, que el itinerario a su progreso lleva al sincronismo y éste, manifestado como tensores co-contra-variantes (mixtos).

Coincide, además, que al volverse la economía más dinámica, y no sólo por ella misma, sino más que nada por el desarrollo que han conseguido las comunicaciones[87]; la incorporación de tareas sumergidas (así se les denomina en economía a las actividades no-remuneradas pero productivas) que escapaban a la contabilidad económica hasta ahora, se están volcando poco a poco hacia la economía productiva[88].

Esta matemática es sólo una ayuda para lograr un mejor ajuste con la realidad a la hora de producir artefactos. Desde la perspectiva económica, la producción es requisito para lograr los objetivos (cfr. JAPL: “Fundamentos de la Dirección de Empresas”). Según JAPL, la prudencia es la virtud básica del directivo[89]. Para LP la prudencia reside en la voluntad pero requiere de la inteligencia (voluntas ut ratio). Ambas visiones son cualitativas y aunque son el comienzo de toda la economía, son también el respaldo de algo más, que tiene que ser cuantitativo, pues la producción es algo físico[90]. Es donde hemos empezado a llegar: que siendo la realidad, física (no matemática) existe un judicoide, es decir, un logos de segundo nivel para la producción. A ese logos de segundo nivel es al que me voy a referir desde varias perspectivas, en lo que sigue.

Quien estudia completamente, ambos tipos de hábito, con gran profundidad es la Antropología Trascendental (AT) de Leonardo Polo (LP). Pero entenderla bien requiere otra profundización previa: la de su Teoría del Conocimiento. Dicha teoría no es fácil porque justamente recupera, para el futuro, la noción de hábito que había ido olvidándose en la edad moderna. Quien tenga una formación en filosofía sabe que tiene que renunciar a lo que creía haber “avanzado” al enterrar esas “viejas” nociones.

También JAPL avanza en el terreno de las relaciones hábito-virtud como es el caso típico de la prudencia operativa (voluntas ut ratio). Pero hay otros vínculos hábito-virtud más elevados, como vengo diciendo en mis clases y charlas en distintas instituciones. Todos ellos son fruto de aplicar la teoría antropológica de la dirección como gustaba llamarla a JAPL. Y tiene una ventaja. Que para el caso productivo, las prudencias (porque tiene varias “partes”) son un resumen bastante completo de lo que quiere lograr un directivo.

Interactuar con lo físico lleva al sincronismo como expresión máxima de cabal conocimiento de ese tipo de interacciones. Pero interactuar con los hábitos o las virtudes de las personas, es mucho más que lo físico. Aquí las matemáticas pueden servir en el nivel operativo y para ciertos casos, que serán muy probablemente, los que requieren sincronizar algo. Sin embargo, los hábitos son requeridos para producir bienes económicos y, al final, se venden por un precio que es un número. Toda esa concausalidad será exitosa en la medida de que los conceptoides y judicoides se ajusten a la realidad de que se trate. Pero la parte humana está fuera. Es superior a ese tipo de análisis (de las causas resumidas en números). Incluso el concepto objetivo que es previo al conceptoide, ya es producto de la mente humana, aunque parezca más real que la realidad misma; por lo que no es que sea pensado por un sincronismo, sino que dado un producto (sincronizado por su producción), el número ajustado a ese sincronismo, es producto de una mente que lo pensó así y que está por encima de lo que hay que sincronizar, aunque, por tal perfección, parezca al revés.

Quiero referirme enfáticamente a otra parte de la prudencia: la de gobierno (voluntas ut habitus), es decir, la que no sólo se fija en cómo usar correctamente los medios operativos para evitar aprendizajes negativos (que aunque se refiera al uso de los medios, son otros medios ya que estamos en el nivel de gobierno: y si repercuten en el nivel operativo esto es de segunda importancia); sino que se fija propiamente en cómo apelar a las virtudes de las personas para evitar aprendizajes negativos de gobierno, es decir, cómo evitar retrocesos en virtudes ya adquiridas o por adquirir para sincronizar equipos (prudencia de gobierno incluida y en especial: piénsese en el escándalo originado por un comportamiento inadecuado en el entorno interno o en el externo de una organización y se tendrá una idea más clara de cómo refuerzan estas virtudes el caso de la voluntas ut habitus). Esta parte de la prudencia se sirve como ninguna otra del judicoide sincrónico para decidir[91] sobre la realidad económica organizable.

Cuando JAPL se propuso asimilar la AT a la empresa intentó definir la eficacia-eficiencia-consistencia[92] pero la consolidación llegó después: los libros de LP se publicaron a fines de los 90´s y 20XX. Mimetizó sus experiencias directivas, pero murió antes de filtrarlas del todo.

En lo anterior y para lo que sigue, tengo el deber de agradecer a los grandes (gigantes es más preciso, creo yo) discípulos de LP el habernos facilitado recibir las enseñanzas del maestro. Por ejemplo, cito a Juan José Padial que a su vez cita a I. Falgueras y que a mí me han hecho posible escribir esto. También reconozco que leer a J.F. Sellés (Antropología para Inconformes) me llevó a comprender más la Antropología Trascendental de LP, y que la edición por Juan García de numerosos artículos de LP fue gran herencia de sus enseñanzas. Hay tantos a quien citar que sería de nunca acabar … como es la amistad que me brindara, en su momento, otro gran discípulo: Fernando Haya.

El profesor J. Padial afirma: “La conexión precisa entre objeto y acción es el peculiar problema que ha de afrontar cualquier teoría de la acción. Según Polo ‘la acción no es el pensamiento, ni sustituible por él como actividad. Sin embargo, el objeto está, es transferido a la acción en el modo de su configuración misma’. Acción y pensamiento son dos tipos de actividades distintas. El pensamiento es praxis teleia, acción perfecta que posee su fin en su ejercicio. La acción es kinética, es un proceso; se desarrolla en el tiempo. Sin embargo la acción conlleva una impronta humana ya en su misma raíz, y es el objeto. En virtud del 'pro' la acción de producir sugiere un tránsito según el cual lo que estaba antes oculto pasa ahora a estar a la vista. En este sentido, el producto es lo expuesto o sacado delante, y el producir un explicitar o desplegar lo que antes estaba implícito[93]. Así, la acción productiva es el tránsito por el que se inserta una idea, un objeto intelectual en el tiempo, o el dotar de efectividad a una idea[94]”. La producción conjunta, como grupo humano que se dedica a ello, sólo es posible gracias a la acción directiva (los que saben qué y cómo producir) y otros que se les unen.

Continua Padial: “ … Los medios son como son y, por tanto, susceptibles de legalidad; pero no son autónomos porque no constituyen un orbe cerrado[95]. Lo hecho, lo producido, el término de la acción poiética humana no se independiza completamente del hombre, sino que es tenido por él en el modo que Polo denomina adscripción corpórea. Ante todo se trata de una adscripción a la acción humana. La acción humana suscita productos, no es independiente de ellos, y viceversa los productos no son independientes del actuar del hombre”.

Padial continúa en la siguiente página: "Si no fuera por la idea, el producto no sería producto ni, por consiguiente, el productor sería productor, pues gracias a la idea el producto puede ser reconocido como tal, esto es, como lo mismo que había sido proyectado y querido. Lo mismo, lo constante, lo inalterable que mantiene la unidad del proceso productivo es la idea o lo pensado[96] … en este sentido el límite mental posibilita las acciones productivas … se invierte la preeminencia heideggeriana de la praxis sobre la teoría "[97].

Sigue Padial citando a Falgueras: “ … El hombre está así, instalado en un mundo que conoce aspectualmente, pero bien entendido que lo hace en cuanto ser corpóreo. La referencia intrínseca del yo al mundo nace de nuestra condición corporal: Como ser corpóreo, su inteligencia objetiva la esencia del mundo. El hombre, al entender los procesos físicos, los dota de algo que éstos no tienen, a saber: de presencia mental. La presencia es unilateral, es decir, sólo existe en la mente o inteligencia, pero allí totaliza los procesos físicos y se exime a sí misma de la necesidad de aquéllos: todo lo que entendemos en presencia queda convertido en objeto al que no afecta ni el tiempo ni el azar ni la necesidad físicos"[98]. […] Desde las ideas, atemporales y exentas de efectividad, cabe volver a lo físico a que se refieren por el descubrimiento intelectual de posibilidades. Es claro que estas posibilidades son nuevas objetivaciones, y que no tienen un primario estatuto físico, sino objetivo. Por eso Polo las denomina posibilidades factivas. De este modo, el objeto poseído intelectualmente se comunica a la acción, a la que configura …”[99].

Se deja ver cómo las posibilidades factivas y los artefactos, son logros de las operaciones unificantes (conceptoides-judicoides) exitosas gracias a los números matemáticos y las funciones. Pero también está incoándose el éxito de la acción grupal, es decir, sincrónica; aunque no lo diga explícitamente, por defecto del lenguaje económico actual, como es el caso del judicoide “tiempo-contravariante” que hemos expuesto.

Autores como Sellés admiten: “Es sabido que la economía, a pesar de sus reglas matemáticas, es una ciencia fundamentalmente humana”[100] porque sospechan que hay más pero no saben a ciencia cierta qué puede ser, ya que las matemáticas no llegan a esos niveles organizativos (a los de sincronismo me refiero[101]). Y he escrito un libro[102] para intentar que la economía sea más justa[103], más humana: que busque dignificar a cada persona, no sólo a quien decide maximizar su utilidad[104]. JAPL llamó a todo esto último eficacia, atractividad y unidad: las tres a la vez (para la acción directiva).

LP lo expone así: “Voy a exponer mi opinión, que ha aparecido desperdigada. ¿Se puede hablar de concepto, juicio y silogismo práctico? Dicho de otro modo, ¿con qué actos se conocen los bienes? Ya he dicho que esos actos son suscitados en tanto que querer-yo redunda o repercute a favor de ver-yo. Hay muchos bienes mediales coordinables, o mejor, realmente interintencio-nales. Heidegger se refiere a esto con la noción de totalidad -Ganzheit- mundanal práctica. Prefiero la palabra plexo: los medios no son cosas separadas, aisladas, sino que forman plexo. Por eso, la razón práctica no conoce cada medio intencional-mente; más que de un concepto universal se trata de una comprensión. Comprender significa aquí engolfarse en el plexo destacando o discerniendo la pluralidad de medios de acuerdo con la inter-intencionalidad que le es inherente -el martillo remite al clavo-; se comprende que el martillo como cosa aislada no cumple los requisitos del uso”.

“El juicio práctico no es la estructura lógica sujeto-predicado, sino la de la transacción; los medios son intercambiables tanto en la producción como en el comercio. He indicado que el comercio entre plexos puede estar canalizado. Incluso cuando se habla de mercado global las transacciones no agotan el plexo; tampoco son coextensivas con él las redes informáticas.

“A su vez, el silogismo práctico por antonomasia no es la estructura lógica premisas-conclusión: no es conclusivo, sino determinativo o ponderante, esto es, una concreción mirada desde otra; por eso la cuestión de la universalidad del término medio le es ajena. Cabe compararlo con una definición ceñida a la diferencia específica captada ante todo en el género -que, por tanto, no es un género lógico- y que se intenta captar en otro: una cuestión de índole, de ralea, como el padre conoce la legitimidad del hijo al reconocerse en él. Es la vigilancia de la sindéresis sobre el plexo medial en cuanto que moralmente bueno; es la promoción valorante de la determinación práctica más que una crítica basada en la sospecha. Aquí se enclava la prudencia, en especial su imperio[105]”.

Finalmente, el profesor LP afirma que la justicia es más alta que la prudencia porque versa sobre los fines, mientras que la prudencia versa sobre los medios[106]. En el caso de la sociedad humana, los fines son las personas que la conforman, en cambio la sociedad misma (donde se dan las transacciones económicas) es el medio: correlativo a la cultura.

Al no elevarse la matemática, por sí sola, hasta lo judicativo; al llegar sólo hasta los judicoides, se requiere, para sincronizar las unidades productivas, dos niveles de coordinación: operativo y de gobierno. Eso, como ya dije, fue estudiado a fondo por JAPL; llegándose así al directivo ejecutivo (operativo) y al director general (de gobierno). Las matemáticas dicen qué y cómo hay que sincronizar, pero esos directivos son los que saben cómo y quién lo hará. Por ello, el líder es un tipo de directivo más alto en la organización (predestina a los demás con su trabajo), pero requiere del científico (gerente) para decidir (predestinar el trabajo) y motivar (predestinarse en su trabajo) en lo operativo. El líder no podrá hacerlo a no ser que coincida ser un científico en ese asunto, caso que casi nunca ocurre porque para llegar a ser líder hay que practicar muchos años y así, se pierde continuidad por el lado operativo. Pero para llegar a ser líder, tuvo que ser, operativamente, el mejor en su campo. Si no ha sido así, es difícil que llegue a ser un buen líder. Podrá ser una especie de coordinador general, pero nunca un verdadero líder[107].

El sincronismo funcionará gracias a lo numérico (conceptoides y judicoides) y por eso el dinero logra sincronismos psico-sociales (ext-int-rínsecos) pero cubrir necesidades que superan lo físico y el cambio de signo biológico, escapan a lo numérico y con ello, a los incentivos arti-ficiales. Por eso, si el dinero sigue dominando al hombre amparándose en su dominio matemático (conceptoide-judicoide) que es intelectual, no hay duda: nunca se podrán superar los aspectos no artificiales. Hasta ahora la historia ha salvado estos problemas porque siempre ha habido limitaciones que han forzado “salirse” gracias al predominio de lo ético-moral en esos casos y porque había quien los tenía y fomentaba en los jóvenes, pero si todo se sincroniza con dinero (conceptoidal-judicoidal) a modo globalmente obligatorio, nadie podrá escapar al nivel secundón del dinero[108], es decir, dejaremos de aspirar a ser fines para auto-convertirnos en medios.

El ser humano puede autoajustarse, según acuerde; uniéndose a un proceso productivo o a una cadena sincronizada, gracias a sus virtudes morales y hábitos productivos; pero este nivel de comparecencia con el entorno escapa al nivel de medio. Es más, por ser un fin en sí mismo, el uso y sus otras virtudes lo hacen capaz de llegar al nivel de los primeros principios. Por eso puede crear artefactos, pero porque somete los acontecimientos o se auto somete a ellos; estando por encima de los artefactos que produce, incluido el dinero y sus conceptoides y judicoides; que, repito, no es poca cosa.

Cito al profesor Argandoña, desde su blog personal en la conclusión que escribió por un comentario del 19-12-2013: “Para el trabajador o el directivo, lo que aparece, en primer lugar, es la evidencia de que, con frecuencia, el trabajo no contribuye a hacer más humana la vida del trabajador; al principio le ofreció la satisfacción de sus necesidades materiales, a costa, quizás, de elementos intangibles, como la satisfacción, las relaciones sociales, el sentido de su tarea o su inclusión en una sociedad más amplia, pero también esos elementos han fallado con frecuencia. Y esto no es sino el reflejo de lo que pasa en la sociedad en su conjunto: la conciencia creciente de que las dimensiones económicas y materiales no son suficientes para hacer la vida y la sociedad más humanas”.

Se debe rehuir acumular medios (sobre todo dinero, dado que es el medio dominante). Tal dominio sería no-síncrono, como el caso de un cuerpo deforme (al que le faltará salud pronto). El estado es incapaz de evitarlo por ser otro medio. Socialmente, se estaría construyendo una civilización mostrenca. Un ejemplo actual es la contaminación absurda en que nos hallamos inmersos, a pesar de que sabemos cómo tratar los desechos para que eso no ocurra pero “los costos son altos” y sin embargo, mucha gente hábil y laboriosa se queda desocupada (siendo ellos los verdaderos fines sociales[109]). La causa que origina este problema se encuentra fuera del campo medial, no se puede medir con dinero porque afecta a las personas que van a venir después, que son fines en sí mismas y no se puede prever qué libertades serán.

¿Será esta la razón de que los economistas bromeemos, respecto a las consecuencias personales (que a veces, no tienen nada de graciosas) paradójicas, a que nos conduce resolver situaciones relevantes y complejas, por haberlas hipotetizado a través de números?

 

 

 


 

LEONARDO POLO

UNA BREVE SEMBLANZA DEL MAESTRO Y AMIGO

Juan Fdo. Sellés

 

 

1. Siempre disponible

 

Estimo que Leonardo Polo no ha sido para mí solamente un maestro, sino también un amigo, porque si el fin de la docencia es trabar amistad con el discípulo, en mi caso se ha alcanzado el objetivo.

La puerta del despacho de D. Leonardo siempre estuvo abierta a profesores y alumnos que quisieron preguntarle cosas, e incluso a curiosos que deseaban conocer al personaje, al “bicho”, como él decía de sí mismo. Lo mismo la de su casa, cuando la jubilación y la merma de condiciones físicas no le permitieron seguir en activo en la Universidad de Navarra. Podrían haber estado con él más tiempo quienes hubiesen querido, o hubiesen encontrado oportunidad, pero ya se sabe, el ritmo acelerado de la vida, las cargas y gestiones laborales cada vez más exigentes, etc., no pocas veces lo habrán impedido. Muchos profesores jóvenes y menos jóvenes que le deben mucho no pudieron visitarle en los últimos años de su vida. Con todo, Polo jamás quejó al respecto.

Desde luego, Leonardo Polo ha sido mi mejor maestro desde 1983. Pero, como hemos tenido la oportunidad de estar juntos tanto tiempo durante sus últimos años, se puede hablar de amistad a pesar de los 35 años de edad que nos separaban. Nunca le dejé de hablar de usted y de tratar con respeto, pero no hubo día de los que trabajábamos juntos en su casa sobre viejos papeles en que no nos riésemos, a la par que pensásemos algo serio, ninguna sesión en que no nos tomásemos el pelo a la vez que nos ayudásemos filosóficamente uno a otro. En lo arduo como en lo sencillo, sintonizamos. Tal vez nos uniese el aprecio por las cosas de fondo junto con el ‘pasar’ –como de ordinario se dice– de las formas; tal vez nos hayan acercado sucesos similares que nos han acaecido a lo largo de la vida académica; acaso el sentirnos bastante niños; quizá el humor, o cualquier otra cosa… ¿Es eso amistad?, ¿sólo deferencia de maestro a discípulo?, ¿ayuda mutua?, ¿asuntos comunes entre patentes distinciones? Sea lo que fuere, lo pasamos confidencialmente muy bien: ¡felices! Con mucha paz y sencillez, como vivía Polo y como han tenido ocasión de comprobar multitud de profesores y alumnos que le visitaron los últimos años[110]. Desde luego, que lo que precede fue un mérito de Don Leonardo, pues también en el pasado –y a pesar de las netas diferencias prácticas y teóricas–  supo congeniar y trabar amistad con colegas de planteamientos o escuelas filosóficas tan dispares como Antonio Millán Puelles, Juan Cruz, Jesús García López, etc.

Polo tuvo muchos discípulos, de primera, segunda y tercera hora; y discípulos de sus discípulos al final de sus días. Ha dedicado mucho tiempo a muchos de ellos, como los primeros años de conversaciones con Ignacio Falgueras, de correcciones de Teoría del conocimiento con María José Franquet, Fernando Múgica, y de otros textos con Ricardo Yepes; centenares de horas de grabación con Jorge Mario Posada sobre temas muy dispares; otras tantas de redacción de la Antropología trascendental con Salvador Piá, etc. Algunos hemos podido asistir de modo libre a gran número de sus cursos (de licenciatura, doctorado y otros) y esto en diversos países. Pero tal vez sea al que suscribe a quién más ratos de trabajo, descanso, distracción, de charlas personales haya dedicado Polo en los últimos años, y el que le haya escuchado muchos comentarios personales de fondo. Por eso, aunque sin mérito propio, puedo aportar algunos recuerdos que –entre la amistad y lo académico– sirvan para perfilar algunas facetas del personaje. 

 

2. Un personaje nada normal

 

Rememorando unas palabras de la patrística, “ahora deseo recordar lo que hay de más divino en este hombre, lo que por naturaleza se asemeja en él a Dios, encerrado bajo la apariencia humana, y, sin embargo, que tiende con violencia por asemejarse a Dios”[111]. Para Polo, del carácter de “además”, que caracteriza al núcleo de la persona humana, no se puede decir que, en sentido estricto, esté hecho para “crecer”, porque es ya un insospechado ‘desbordamiento’ por naturaleza, un constante añadirse que va a la caza del ser divino, sin el cual es inexplicable. Debido a esa vinculación nativa con Dios, de las personas humanas, sin que de los hombres sean Dios, se puede decir que son “dioses” –como sostenía Polo recordando el texto evangélico[112]– (aunque no pocos se empeñen en perder progresivamente el ser personal, hasta el punto de que al cabo de sus días terrenos lo logren, y por siempre). Son tan nativamente afines a Dios las personas humanas que para ellas Polo no veía suficiente hablar de ‘creación’, pues existen realidades entre Dios y lo creado irreductibles a ambos (ej. las ideas divinas).

Pues bien, en lo que sigue se intenta indicar que Leonardo Polo es seguramente un pensador cristiano especialmente divinizado, hasta el punto que su vida y obra es difícilmente comprensible sin tener en cuenta ese endiosamiento o don divino[113]. Desde luego, nunca se opuso a la doctrina cristiana, sino que conociéndola con profundidad, puso –como aconsejó Juan Pablo II a los teólogos[114]– las bases en filosofía, especialmente en antropología, para que ésta sintonizara más con ella[115]. ¿Es un pensador cristiano, como Kierkegaard o Marcel? Es un pensador ‘demasiado humano’, pero no según el significado nietzscheano de la expresión, sino tomando ese adverbio denotando profundidad en lo nuclear de lo humano; y es un ‘pensador cristiano’, porque no separa su conocer natural del sobrenatural que le otorga la fe, pues para él hubiese sido necedad tirar por la borda cualquiera de estos dos modos de conocer que se le han concedido gratuitamente. Genialidad en el conocer humano, y también en el de fe. Pero –como todo genio– ha sido bastante incomprendido por los que se consideran profesores ‘normales’, o por los filósofos que prefieren manifestar en su filosofía una actitud aséptica respecto de la fe.

En efecto, Polo ha sufrido no pocas incomprensiones teóricas y prácticas, envidias universitarias e incluso persecución académica hasta el punto de que algunos directivos lo expulsaron de su Universidad, de esa Facultad en la que él fue el primer profesor. Además, tras su vuelta a dicha sede años después, otros directivos también desearon, e incluso intentaron, expulsarlo de ella. Su respuesta, ante esas actitudes fue siempre ponerse al margen, callar, olvidar, perdonar, seguir construyendo según la luz divina recibida, y aconsejar por esos derroteros a los que le preguntaban y sufrían tales reveses. No hace falta ser muy perspicaz para advertir que esto denota humildad. Si, según la Sagrada Escritura, donde hay humildad hay sabiduría[116], tal vez se entienda desde este ángulo por qué el pensamiento de Polo es tan profundo. Humildad de niño pequeño, como han visto en él los profesores y alumnos que últimamente le han visitado en su propia casa, pero doctrina de gran filósofo, y por encima de ello, de teólogo, como lo muestra su último trabajo[117].

Desde su enorme capacidad y altura cognoscitiva, otro podría haber despreciado multitud de posiciones filosóficas endebles o erróneas de quienes han sido sus colegas, alumnos, interlocutores. Pero, lejos de adoptar esa actitud, ha atendido a esas posiciones ajenas, intentando rescatar lo mejor de ellas –‘en todos los pareceres hay parte de verdad, y esa parte hay que rescatarla’, decía–, al igual que interpretaba siempre ‘in melius’ cualquier hipótesis filosófica habida en la historia del pensamiento occidental, por ínfima o equivocada que fuese. Así le hemos visto proceder –e incluso reprocharnos una crítica apresurada–, por ejemplo, con la teoría del conocimiento de Kant, con el sistema hegeliano, con el materialismo de Marx, Nietzsche, Frege, con el existencialismo de Heidegger, etc. Al pensador que más admiró –el Filósofo por antonomasia– fue, sin duda, Aristóteles, pues declaraba que todos sus cursos son de inspiración aristotélica. Además, sin él los grandes de la cúspide medieval –la más alta de la historia del pensamiento occidental, según Polo[118]– y de otros tiempos[119] no habrían alcanzado las cotas que a que llegaron. Por el contrario, el menos elogiado por él –debido a su actitud de copia imaginativa– fue Sartre.

En cuanto a la sintonía con su método filosófico, de entre los pensadores del s. XX, el que más había detectado lo que Polo llamaba “límite mental” y más se había esforzado por abandonarlo, era –según él– Bergson, y el que menos, Zubiri. Respecto de pensadores modernos, Polo decía que el más serio fue Hegel, y el menor, seguramente Marx, porque el materialismo siempre es la posición teórica más débil. Y del siglo XX, la corriente de filosofía más seria es –según él– la fenomenología, y la más débil, el pragmatismo, de finales del XX y de comienzo del XXI, sin duda, la postmodernidad, una especie de esteticismo culturalista con el que Polo no se dignaba discutir. Prestaba más atención a los pensadores mejores, los más profundos, aunque estuviesen equivocados. Connaturalizarse con los grandes –dejando al margen los de segunda fila– tiene la ventaja –decía– de intentar ponerse a su altura y superarlos. En efecto, Polo trabó contacto con las obras de los más encumbrados pensadores de todos los tiempos[120].

 

3. Una filosofía singular

 

La redacción de su filosofía es compleja cuando él escribe para sí o para quienes le siguen de cerca[121], pero sus exposiciones son fácilmente asequibles por parte de un amplio auditorio cuando se hace asequible a él. En efecto, se ponía a la altura de sus interlocutores. De ahí que tengamos tan variopinta documentación que oscila entre tratados bien difíciles de comprender a libros de divulgación para alumnos de primeros cursos, pasando por cursos y charlas dirigidas a un determinado sector profesional como directivos, empresarios, profesores de colegios, etc. Como es sabido, la mayor parte de su obra responde a cursos por él dictados, luego grabados y transcritos, primero por María José Franquet, luego por otros, y después corregidos, anotados, divididos en capítulos y epígrafes, tarea en la que han colaborado Juan A. García, Ricardo Yepes y otros.

Al inicio, Leonardo Polo publicó algunos libros (El acceso al ser, El ser I, Evidencia y realidad en Descartes, aunque queda de aquella época algún escrito todavía inédito), tal vez porque fuese animado paternalmente a ello[122]. Pero al no encontrar eco sus primeras publicaciones –de seguro debido a su dificultad– dejó de escribir por temor a no ser entendido, o incluso malinterpretado[123]. Aunque sin duda sus colegas se dieron cuenta de que estaban ante un singular ‘maestro’ –así le llamaban–, seguramente no entendieron las claves de fondo (como alguno de ellos públicamente ha confesado, y como hemos podido comprobar ya desde que éramos sus alumnos por las preguntas o intervenciones de éstos a Polo en los diversos seminarios del Departamento de Filosofía). Con todo, Leonardo apreciaba mucho sus observaciones. Y es que su filosofía no es clasificable dentro de una determinada escuela de pensamiento. Tal vez baste decir que se halla dentro del realismo, pero no entendiéndolo como una pieza de museo petrificada, sino vivo, floreciente y sobre todo, inconforme con las altas metas alcanzadas antaño.

De silencio editorial transcurrieron dos décadas hasta que en 1994 María José Franquet, tras grabar su primer curso de Teoría del conocimiento, lo transcribió, se corrigió y se envió a la prensa. Desde entonces han sido unos 40 los libros publicados por este sistema, así como otros muchos escritos aparecidos en red (en la web del IEFLP). Con todo, el número de inéditos es grande, y el de cintas a transcribir, ingente. Sin embargo, debemos lamentar que otros muchos cursos se hayan perdido o, por lo menos, carecemos de momento de documentación. Muchos de los colegas de otras Facultades de la Universidad de Navarra guardan gratos recuerdos de los seminarios que impartió Polo en sus respetivas sedes, pero, aunque recuerdan el tema en cuestión, la mayor parte del contenido se ha borrado lastimosamente de sus memorias.

¿Qué supone en filosofía Leonardo Polo para nuestra altura histórica? Seguramente un gran favor, pues se trata de una prolongación de los hallazgos más importantes del pensamiento clásico griego y medieval, así como de una rectificación –tras aceptar el reto de las propuestas– de los puntos capitales de la filosofía moderna y contemporánea. Como es obvio, esa visión, a la par sintética y elevadora, no es usual en los últimos siglos, y menos en los tiempos que corren, en los que dominan temas y métodos bien estrechos, distintivos de las diversas escuelas, así como un último pensamiento que, más que débil, parece decadente. ¿Qué es, pues, Polo para la historia del pensamiento? Seguramente un don de Dios adecuado a nuestro tiempo, pues soluciona la problematicidad moderna y reciente a la par que abre los logros antiguos y medievales a nuevos desarrollos futuros.

 

4. Trabajo y colegas

 

De su trabajo en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, se puede decir que anduvo demasiados años en solitario, es decir, sin coincidir con el perfil e intereses de los demás. Tomemos en consideración algunos ejemplos. A pesar de su palmaria divergencia con la teoría del conocimiento impartida por Alejandro Llano, ésta le sirvió a Polo de estímulo para sacar a la luz nada menos que los cuatro volúmenes de su Teoría del conocimiento, cuya envergadura en esta área de la filosofía no sólo es indiscutible, sino que marca un antes y un después. De Rafael Alvira, Polo prestó mucha atención a lo que aquél decía sobre Platón, y especialmente sobre la voluntad, aunque D. Leonardo prolongue en el plano de la intimidad humana lo que aquél buscaba en esa potencia. De Ángel Luis González a Polo le sirvieron sus exposiciones sobre Nicolás de Cusa, Leibniz, etc., y admiró también en él su capacidad directiva y coordinadora de trabajos (“cada unos se emplea para lo que sirve” decía), así como el que –sin conocer bien el pensamiento poliano– hubiese tomado las riendas de publicar paulatinamente los escritos de Polo. También estuvo agradecido a los demás profesores de la Sección de Filosofía que –jóvenes o menos jóvenes– impartieron seminarios, defendieron tesis doctorales a las que se le invitaba a formar parte del Tribunal, o hablaban con él, conversaciones de las que Polo –buen escuchador– aprendía y las usaba para perfilar mejor sus propios hallazgos. Y asimismo a muchos alumnos, que le invitaban –en todas las latitudes– de tertulia a cualquier hora y en los lugares más exóticos.

En cuanto al trato con profesores de otras facultades, D. Javier Hervada recuerda con admiración un seminario que impartió Leonardo Polo a los profesores de la Facultad de Derecho en la década de 1960. Se le quedó grabada la perspectiva viva, existencial, que proponía del derecho, asunto que después le sería de utilidad a este profesor para su estudio del derecho natural. Por otro lado, la profesora Natalia López Moratalla advirtió la profundidad de D. Leonardo en un seminario que éste impartió a los profesores de la Facultad de Medicina en la década de de 1980, asunto que supuso para ella una mina para sus futuras indagaciones. En otro ámbito académico, Juan Antonio Pérez López, antiguo profesor del IESE, coincidió con Polo en una residencia cuando ambos impartían un curso en esa institución. Ambos congeniaban en el perfil y planteamientos acerca de la empresa. Algo similar le sucedió al Profesor Carlos Llano en la Universidad Panamericana de México. En el ámbito teológico, Polo veía sus planteamientos más afines a los del Profesor José Luís Illanes que a los de los otros profesores de la Facultad de Teología. Junto a éstos, hay muchos profesores que siempre han admirado a Leonardo Polo. No obstante, no todos han podido comprender bien su pensamiento, o tal vez disponer de tiempo para tal empresa. Por eso, el influjo de Polo en algunos quizá haya sido menor.

 

5. Aficiones y ‘defectos’

 

Durante su juventud Leonardo Polo tuvo afición a los caballos. Durante su madurez, a la piscina. Por eso en los veranos le gustaba ir a sitios calurosos como Sevilla, donde pasaba sus vacaciones, o a la Universidad de Piura (Perú), donde viajó muchos veranos para ayudar. ¿Por qué más a ésta que a otras latinoamericanas? Porque esa tenía más necesidad. Sus vacaciones mejores, sin embargo, fueron las que pasó un verano en Bonga, una pequeña finca costera cercana a Cartagena de Indias, junto al Caribe, donde, además de dar unas cuantas charlas, pudo nadar en un clima cálido. Gustavo Vélez guarda de ahí la siguiente anécdota: “después de un curso que Polo dio a los participantes que quedaron asombrados, un día, bajando él y yo desde la finca hasta el mar por un sendero de tierra, le dije: ‘D. Leonardo, con todo respeto, pienso que después de Aristóteles y Sto. Tomás, viene usted’, ante lo cual, Polo –que era muy humilde– enrojeció, y que tras callarse unos momentos contestó que a él también le parecía así. Tampoco le disgustó a Polo la finca de Torreblanca, una amplia casa de reuniones cercana a Bogotá, pero de clima tropical, donde estuvo dando un curso a los profesores del Inalde (Instituto de Empresa) de la Universidad de La Sabana, que todos recuerdan con admiración.

En su ancianidad le encantaba leer novelas de intriga, sobre todo policiacas, (leyó muchísimas y de muchas series que los amigos le proporcionaban), porque le permitían mantener vigilante su inteligencia. Leía, por lo mismo, libros de estrategia militar, de batallas, etc. Asimismo, ocupaba ratos en hacer ‘sopas de letras’ y juegos de ordenador, así como entablar partidas de ajedrez o de dominó con algunos alumnos que iban a atenderle o visitarle. ¿Una debilidad culinaria? El chocolate. Por eso las profesoras que le visitaban, sobre todo, si venían del extranjero, le solían traer unos bombones. ¿Su defecto dominante? Según él, la pereza. Con todo, antes de su jubilación, le hemos visto entrar a trabajar a la Biblioteca a las 9.00 de la mañana y dejar el despacho a altas horas de la tarde, después de que casi todos los demás profesores se habían marchado. En cualquier caso, de ser verdadero tal defecto, podemos también estarle agradecidos, pues si hubiese trabajado bastante más y con su profundidad característica, nos costaría demasiado seguirle, entenderle.

Como todo personaje curioso, acostumbraba a tener algunas pequeñas ‘manías’ –según decía él–. Así, siempre llamó ‘Obdulia’ a la neurona de la que más se servía para pensar... En sus últimos años solía repetir algunas palabras o expresiones divertidas. Por ejemplo, cuando algún tema, asunto, juego, le parecía interesante decía que eso era muy “astuto”. Cuando alguna acción propia o ajena suponía esfuerzo, solía indicar que era algo “heroico”. Cuando nos metíamos con él en broma decía: “¡Pobre D. Leonardo!” o “¡Buen chico, D. Leonardo!”. Cuando una teoría, opinión, acción etc., no le gustaba, comentaba que era “decadente”, etc. Seguramente, estas reiteraciones o ‘niñerías’ no gustarían a algunas personas en exceso serias, pero suponen un modo desenfado de ver las cosas cotidianas de la vida, perfectamente compatibles, e incluso buenas, en una persona cuya vida y trabajo profesional era pensar asuntos muy de fondo –“no podía vivir sin pensar” decía de él D. Alfonso Nieto, quien convivió muchos años con él–.

Como a los genios despistados, toda la vida le costó mantener en orden las cosas materiales, los folios, los utensilios de trabajo sobre la mesa, etc. Sin embargo, tenía un enorme orden mental, para poner en su sitio cada tema o hallazgo que descubría. No fue habilidoso con las manos para hacer, por ejemplo, arreglos materiales, pero fue buen orador, buen conferenciante, pues atraía la atención de los públicos más dispares. Eso sí, jamás persiguió ser un ensayista en el sentido de proferir con elocuencia opiniones sin buscar con ahínco el fondo veritativo de las cosas. Le gustaba vivir elegante: siempre con trajes y, sobre todo, con corbatas (que le solían regalar por la festividad de Reyes Magos), hasta que, por ancianidad y pérdida del pulso, tendía a ensuciarlas, y dejó de ponérselas.

 

6. Aspectos llamativos de su trabajo

 

Una cosa que siempre ha llamado la atención a quienes han coincidido con Leonardo Polo, es que él no rebatía a ningún colega filósofo en público, en directo y de modo contundente. Siempre prefirió aunar, sumar, vincular, o al menos callar. Y desde, luego, distinguir –como aconsejaba Tomás de Aquino– entre lo dicho por alguien, de la persona que lo dice. Cuando no estaba de acuerdo con alguna tesis expuesta solía guardar silencio, y cuando no quedaba más remedio que hablar, porque el auditorio pedía su parecer con insistencia o interés, o lo exigía la defensa de la verdad, no se limitaba a decir que no estaba de acuerdo, sino que fundamentaba paciente y pacíficamente su propuesta en la que, más que una contradicción respecto de la tesis expuesta, descubría nuevos derroteros para solucionar el tema en cuestión.

Tal vez el reproche mayor que haya proferido a un colega sea el que dijo a un profesor con ocasión de un seminario de la Sección de Filosofía, y que éste seguramente no entendió del todo. El hecho fue éste: tras la exposición del tema y autor por parte de un profesor ponente, se procedió –como de costumbre– al turno de sugerencias y observaciones de los demás asistentes. Al final, alguien le preguntó con insistencia a Polo su parecer. Tras ofrecerlo tranquilamente, se notaba que estaba en desacuerdo respecto de las tesis mantenidas por el profesor ponente, entre otras cosas, porque la visión poliana carecía de precedentes en la historia del pensamiento, es decir, no había sido sospechada por parte de los especialistas en el autor y tema discutido. A la vista de este contraste un profesor ‘conciliador’ –‘demócrata’ por así decir–, intentando echar un capote al ponente, discutió la posición de Polo de modo tangencial, más bien evasivo, seguramente por afán de quitar hierro o suavizar el diálogo. D. Leonardo guardó silencio. Como tras el seminario el ‘defensor’ proseguía en sus reproches, ya de vuelta a casa D. Leonardo le dijo una cosa que hirió profundamente a su interlocutor, a saber, que a éste le gustaba más la ‘política’ que la verdad. Por ‘política’ hay que entender, en ese contexto y obviamente, no lo que discuten los gobernantes o líderes recientes de los diversos partidos políticos, sino el intento de conciliar a toda costa, por suponer que todo es opinable, que dentro de lo opinable todas las opiniones valen lo mismo o están el mismo plano, que todo depende de perspectivas, de puntos de mira, que las cosas y los pareceres son, sin más, distintos, pero no unos superiores a otros. En el fondo, que uno no puede alcanzar a conocer verdades sin vuelta de hoja. Sea como fuere, en ese seminario, mientras el ponente rectificó para siempre su punto de mira tras escuchar la tesis de Polo, estándole desde ese momento verdaderamente agradecido, quien hizo de ‘abogado defensor’ todavía guarda un recuerdo punzante del hecho. Sin duda que la intención de éste fue buenísima, pero Polo defendió la verdad por encima del quedar bien.

Otra cosa llamativa es el desprendimiento que Polo tenía de su propia obra. Ya se ha indicado que la inmensa mayoría de sus publicaciones las han sacado a la luz algunos de sus discípulos o colegas. Polo no sabía lo que tenía ni el trabajo que había realizado. Una prueba de ello es que no pocas veces le hemos preguntado si recordaba tal o cual curso que él había impartido en tal o cual año y país, a lo cual respondía siempre que no. Tenía claro –no lo olvidó jamás– todo lo que había pensado y descubierto, pero no lo que había dicho en un determinado ambiente y circunstancias y ante un público concreto. En sintonía con este desprendimiento, es curioso que nos dejase corregir con toda paz sus propios escritos y grabaciones (quitar repeticiones, poner comas, notas al pié, divisiones en los diversos epígrafes y títulos de encabezamiento a ellos, etc.) sin pedirnos él nunca una última lectura o revisión por su parte antes de la publicación. Estaba asimismo desprendido de su biografía intelectual. Una vez, en los últimos años, se le propuso redactar con ayuda de un asistente sus memorias, a lo que respondió que de ninguna manera estaba dispuesto a ello, entre otras cosas, porque las pocas energías mentales que le quedaban quería dedicarlas a proyectos de futuro (descubrir nuevos asuntos) no gastarla en rememorar sus acontecimientos intelectuales pasados. También esto casa con su antropología, en la que al hombre se le describe, sobre todo, en orden al futuro.

En cuanto a lo ordinario de su vida laboral, no le gustaba tener varios frentes de investigación a la vez. Prefería dedicarse a un solo tema y darle vueltas hasta que, como fruta madura, surgía el descubrimiento. Desde luego que en su filosofía hay evolución, cierto cambio, matizaciones con el paso del tiempo, pero siempre dentro de los parámetros del método que descubrió al inicio de su andadura filosófica[124].

 

7. Algunos detalles de su vida ordinaria

 

En cuanto a su vida cotidiana, A Leonardo Polo le gustaba estar con los demás de tertulia y estaba muy atento a lo que los demás decían. Prueba de ello es que recordaba el nombre de las esposas e hijos de sus profesores amigos y siempre que le visitaban preguntaba por ellos. No se caracterizó nunca por ser buen deportista, pero gozó usualmente de buena salud. En los periodos en los que ésta faltaba un poco, tomaba las medicinas que los médicos le prescribían. Dormía muy bien y comía normal. Los últimos años merendaba poco y, en vez de cena, tomaba un vaso de leche con galletas de las más sencillas. Era muy rezador. Le gustaba acompañarse para la oración mental de un libro, y en cuanto a la oración vocal, solía rezar muchas partes del rosario. Se adaptaba al horario de los demás de la casa. Dejaba hacer en su casa –sin decir nada– las múltiples reformas de estructura o decoración que se realizaron, incluso en su sencilla habitación, la cual daba a un oscuro patio interior, en la que pasó muchas décadas de su vida.

Otra cosa llamativa es la cantidad de plata (más algunas piedras preciosas) que compró con el dinero que ganó en sus cursos dados en Perú y en Chile para enriquecer el oratorio de su residencia. Nunca tuvo problemas en las aduanas por estos asuntos. ¿Supone esto fe? Seguramente.

Pero lo más llamativo de su carácter tal vez sea la paz que contagiaba, de tal manera que si algún día iba a verle algún profesor que pasaba por problemas, inquietudes, preocupaciones, salía, no sólo reconfortado, sino incluso alegre, aunque no hubiesen hablado de tales asuntos. Una vez paso una profesora ecuatoriana a saludarlo. Tras la entrevista, ya en la puerta del ascensor, ésta decía: “con este señor y me quedaría toda la vida”. Esto indica que vivía en primera persona la antropología que enseñaba, con una plena vinculación y confianza en Dios. También por eso, aceptaba mucho a las demás personas sin criticar, pues confiaba enormemente en la misericordia de Dios para con todos.

Otro detalle pequeño que llama la atención es lo atento que estaba al dinero. En efecto, siempre estaba pendiente, hasta de los céntimos, de lo que se le pagaba por su trabajo profesional. Y si se le pagaba más tarde del día previsto, siempre reclamaba. No es que desease tener dinero para gastarlo, sino que consideraba justo ocuparse de esos pormenores. Por lo demás, estuvo bastante por encima de títulos, reconocimientos y medallas que se le otorgaron. La del doctorado Honoris causa de la Universidad de Piura la aprovecho para dejar claro ante las autoridades académicas y los profesores de esta sede cuál debe ser el perfil de una universidad y de un profesor universitario. La medalla de Carlos III, que últimamente le otorgó el Gobierno de Navarra, la aprovechó para agradecer a los profesores y colegas su ayuda. Que estuvo por encima de ese hecho honorífico lo muestran no sólo las fotos del día en las que se le ve despistado… sino también la entrevista de la periodista, que tras la acostumbrada pregunta de cómo se siente usted hoy, Polo contestó: ‘como un cierto filósofo’.

 

8. ¿Un ‘cierto filósofo’ o un filósofo cierto?

 

Quienes conocen más de cerca el pensamiento de Polo, han tenido oportunidad de seguirlo durante décadas, y de compararlo con el de otros pensadores centrales de la historia de la filosofía –antiguos y recientes[125]–, se dan cuenta de que no están ante un profesor más o menos destacado, ante un comentador o hermeneuta exitoso de opiniones, un analizador más o menos válido de textos, un orador más o menos reconocido, sino ante uno de los grandes del pensamiento occidental, que la historia –si le hace justicia– acabará reconociendo, aunque seguramente tarde, porque los tiempos de crisis que hoy corren no son los más propicios para centrar en serio la atención es asuntos tan profundos como los que él ha trabajado y mucho menos, para dejarse la vida por ellos.

Para que la filosofía de Polo sea reconocida, se requiere formar pacientemente en ella durante muchos años a las nuevas generaciones, así como animarlas a que no se limiten a repetir al maestro –como Polo reiteraba–, sino a aprovechar sus descubrimientos para proseguirlos. ¿Qué los que vengan detrás notan que les falta suficiente capacidad, incomparable con la de D. Leonardo? Que no les preocupe demasiado eso, pues un enano a hombros de un gigante ve más que aquél.

Que el panorama ofrece esperanzas es indudable, no sólo porque proliferan los trabajos de investigación, las tesis doctorales, o porque ya existan dos revistas filosóficas[126] periódicas sobre diversos puntos del pensamiento de Polo, sino también porque paulatinamente hay más lectores de su obra en los países más diversos del mundo, de momento al menos en América (USA, México, Guatemala, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Uruguay, Chile, Argentina, etc.), Europa (España, Francia, Italia, etc.), África (Kenia, Congo, etc.) y Asia (Japón, Filipinas, etc.). Desde luego, su lectura cuesta más en el ámbito anglosajón, pues la distinción de idioma todavía constituye para muchos una barrera, dado que de entre sus obras, sólo una (Ética) ha sido de momento traducida al inglés.

 

9. ¿Escuela poliana?

 

Lo indicado más arriba es perfectamente compatible con que carezca de sentido hablar de ‘escuela poliana’. Polo es un pensador en exceso abierto, pues siempre deja los temas aptos para nuevas indagaciones. De modo que sería un grave error sostener que es necesario usar sus palabras o modos de decir, ajustarse a una determinada formalidad, o sea, emplear su filosofía como un asunto cerrado, terminado, fijo, como sería necio prescindir de sus verdades descubiertas. Nada más lejos de la mente de Polo, tan amante de la libertad personal, de cada libertad personal. Si bien se mira, entre los que leen y entienden a Polo lo que en ellos resplandece es la diversidad, no solo obviamente por la personalidad o el carácter personal de cada quien, sino por los temas que cada cual trabaja (teología natural, teoría del conocimiento, ética, física, antropología, metafísica, etc.), el modo de trabajarlos tan dispares en unos y otros, por el modo de ponerlos en correlación con otras filosofías habidas en la historia (aristotelismo, tomismo, idealismo, fenomenología, filosofía analítica, etc.), etc.

Entonces, si no se trata de ‘escuela’, de punto de vista elegido inicialmente, de opción voluntaria por un modo concreto de hacer, etc., ¿dónde radica el ‘secreto’ de la metodología propuesta por Polo? En el conocimiento humano mismo, el mejor método de que todo y cada hombre dispone. En efecto, el conocer humano está conformado por una serie de niveles cognoscitivos jerárquicamente distintos entre sí, y tenemos la suerte de que Polo ha perfilado buena parte de ellos, algunos de modo pormenorizado. Con todo, podemos seguir indagando en cada uno de ellos para descubrir más su índole. Como tales niveles del conocer humano son como son, es decir, conocen como conocen (de modo axiomático), y no como a alguien le gustaría que conociesen o dejasen de conocer, si se descubre el modo propio de conocer de cada nivel, se advierten los temas propios –en cada nivel distintos– que cada uno de ellos permite conocer, a la par que cualquier propuesta contraria puede ser corregida, no porque sí, o porque lo diga un determinado autor, sino porque podemos advertir de modo claro su insuficiencia o error.

Como se ve, este ‘método’ no consiste más que en jugar a la verdad sin vuelta de hoja, asunto que, en definitiva, es el alma de la filosofía. ¿Qué no se quiere participar en ese juego porque se ‘duda’ del conocer humano, porque se ‘prefieren’ otros modelos más ‘subjetivos’, de intereses ‘voluntarios’, de métodos ‘pragmáticos’, de procedimientos reglados externos ‘more cartesiano’ a los que haya que sujetarse? Cada quien es libre de proceder como quiera, pero desde luego, si se fija a modelos ajenos a la índole y niveles del conocer humano, no estará necesariamente actuando según su propio modo natural de conocer, sino imponiéndole a éste unas ingerencias que no le son propias sino extrínsecas y que éste no tiene por qué cumplir. Pues bien, lo que en el fondo añade a este modo de conocer natural humano el descubrimiento poliano del método que él llama “abandono del límite mental” es ejercer en mayor medida, y porque libremente se quiere, los niveles superiores del conocer natural humano, pues las distintas dimensiones (cuatro) de ese método poliano son equivalentes al ejercicio de cada uno de los cuatro niveles superiores del conocer humano. Pero la exposición paciente de esas facetas noéticas tan sugerentes (se trata de los hábitos intelectuales adquiridos e innatos) la podemos dejar para otro momento.

En suma, ¿cómo ha actuado este personaje en su recorrido filosófico? Con sentido común y con sentido sobrenatural. A inicios de 1980 un chileno le preguntó qué se necesitaba para hacer filosofía. Polo –rememorando las palabras antiguas que significaban las siglas de la academia madrileña ‘DYA’– le contesto que “Dios y audacia”, es decir, no acostumbrarse a volar humanamente demasiado en corto y bajo por exigencias de los diversos guiones de las escuelas filosóficas, y tener una confianza plena en Dios, tema que más inspira al filósofo. El consejo es aprovechable. Seguramente es correcto interpretarlo como sigue: ser inconforme con la verdad alcanzada, porque –como decía Polo– “cualquier éxito es prematuro”, y mirar siempre al futuro.

 

 

 


 

NOTA SOBRE EL TOMISMO DE POLO

Juan A. García González

 

 

        Se ha calificado a Polo como un tomista rebelde y continuador[127]. En esta nota quiero examinar esa calificación; señalando, ante todo, que Polo ha rechazado expresamente ser un tomista rebelde, como han sido otros[128].

        Pero, por una parte, se cuenta la anécdota[129] de que Polo tiró la Summa theologiae del aquinate a la basura, cuando leyó en la cuestión 45 de su primera parte que la creación es una relación accidental de la criatura al creador[130].

        Y sin embargo, por otra, consta que el pensamiento de Tomás de Aquino es una referencia constante para Polo; por lo que las alusiones al aquinate en los escritos polianos son muy numerosas, y en algunos puntos medulares: como, por ejemplo, al tratar de la intención de alteridad de la voluntad o de la dependencia de los hábitos intelectuales respecto del intelecto agente.

        Además, y sobre todo, el propio Polo considera el abandono del límite mental como el método que se corresponde con el concreto tema de la distinción real de esencia y existencia que Tomás de Aquino encontró en las criaturas; hasta el punto de llegar a sostener que si la distinción real fue advertida por Tomás de Aquino, tuvo que abandonar el límite[131].

 

El neotomismo del siglo XX

 

        Para encuadrar el tema me remontaré al impulso de los estudios tomistas promovido por el papa León XIII con su encíclica Aeterni patris (4.VIII.1879), que dio lugar al neotomismo. Entre los muchos autores que pueden englobarse dentro de ese movimiento[132] nos referiremos tan sólo a tres, por ser los que el propio Polo menciona; y a un cuarto, porque alude a la conexión entre el pensamiento tomista y el de Alberto magno.

 

a) Norberto del Prado:

 

        El neotomismo del siglo XX comenzó a desarrollarse teóricamente, quizás, con la obra de Norberto del Prado De veritate fundamentali philosophiae christianae, publicada en Friburgo en 1911[133].

        La verdad fundamental de la filosofía cristiana viene a ser la creación de los seres, es decir, la distinción entre el ser creado y el increado, o entre las criaturas y Dios. Sustentada, concretamente, en que en aquéllas la esencia se distingue realmente de la existencia, de acuerdo con la postura tomista; o bien fundada en que Dios es un ser infinito, lo que constituye más bien la postura escotista: defendida también en el siglo XX, tal vez, por Edith Stein[134].

        Conforme con la postura tomista, Norberto del Prado, en el apartado III de la introducción de su citado libro[135] (que luego se desarrollará en todo él, y especialmente en su libro V) ubica esa verdad fundamental en la distinción real de esencia y existencia en las criaturas: solus Deus est suum esse; in omnibus autem aliis differt essentia rei et esse eius[136].

 

b) Gilson:

 

        Posteriormente, Gilson también termina por descubrir esa misma idea, la de la creación, como la fundamental del pensamiento medieval, en particular del tomista; y como la que autoriza la denominación de filosofía cristiana: pues distingue el pensamiento sobre el ser de los antiguos griegos, del que se desarrolló después en la edad media entre los creyentes[137].

        Gilson dedicó mucho tiempo a demostrar la existencia -por defender la creación- de una filosofía cristiana: tanto en polémica con Brehier en 1927-30, primero; como en la Sorbona en 1931 con Brunschwig y Blondel, después; o con las Gilford Lectures impartidas en Aberdeen en 1931, que provocarían la controversia con los profesores de Lovaina, en especial, el cardenal Mercier, monseñor Noel y los medievalistas Steenberghen y de Wulf; o en las jornadas de la sociedad tomista reunida en Juvisy en 1933, cuando Gilson se enfrenta a Masnovo, a Chenu y, sobre todo, a Mandonnet; también con Guerin, en 1935-6; y, finalmente, con los cursos dictados en diversas universidades norteamericanas (Harvard, 1937; Virginia, 1938; Yale 1941; Marquette, 1951; Toronto, 1957; etc.)[138].

 

c) Fabro:

 

        Por su parte, en Italia[139] Fabro, cuando menos el primer Fabro[140] (antes de su contacto, a la postre quizá no del todo bien integrado, con el existencialismo kierkegaardiano), se ha esforzado también por hacer ver que la filosofía tomista del ser, respecto de sus antecedentes platónico y aristotélico, era original; y una síntesis personalmente enriquecida: lo que le valió la crítica de Descoqs.

        La posición de Fabro estriba en distinguir el esse ut actus, o actus essendi, del esse in actu, o existentia. Y así evitar la sustitución del acto de ser por la mera existencia fáctica o el hecho de existir (sustitución de la que acusa a Rahner); o la vinculación del acto de ser con la razón suficiente del acontecer (que encuentra, por ejemplo, en Garrigou-Lagrange). Incluso el propio Gilson, para Fabro, habría quedado atrapado también por la concepción vulgar del par essentia-existentia, ignorando el acto intensivo y emergente de ser.

        Pero, entonces, ¡parvus error in principio, magnus erit et in fine!; y el daño que ha hecho a la interpretación del tomismo, y a la filosofía en general, este término aparentemente inocente de “existencia” es incalculable; probablemente deberán pasar todavía muchos decenios para poder ubicarse en el camino definitivo, y preparar al tomismo para la afirmación de su universalidad en el pensamiento humano[141].

 

d) Dewan:

 

        Mucho más recientemente, y en norteamérica, Dewan parece dar marcha atrás: defendiendo una interpretación del tomismo que lo emparenta con sus fuentes aristotélicas y platónicas, y mitiga la importancia de la distinción real.

        El concepto principal para la comprensión metafísica del aquinate, según Dewan, es el de forma[142]; que, aunque distinta realmente del ser, da el ser al ente real, el cual no puede existir sin ella; Dios será, entonces, la forma formarum[143].

        Se acerca con ello a la posición escotista, porque la existencia de una forma se asemeja a la individualización de una esencia; y entonces prima el valor de la esencia sobre el de la existencia: puesto que hay una esencia tal que existe por sí misma, la del ser infinito.

        La creación de los seres a partir de uno primero, pleno y simple, es doctrina que Dewan encuentra ya en el pensamiento griego. Y acusa a los neotomistas, y especialmente a Gilson[144], de haberla entendido en un sentido que no tiene verdaderamente; y que tal vez recuerde más a Alberto Magno que al aquinate, cuyas diferencias en la comprensión de la creación Dewan destaca[145].

        Aunque la obra propiamente albertista es bastante desconocida (pues, entre otras cosas, no se ha terminado de publicar hasta 1987), parece claro que de ella recoge Tomás de Aquino su doctrina de la distinción real; en particular, llamo la atención sobre el hecho de que el aquinate llevó consigo toda su vida el comentario de Alberto a Dionisio el pseudo-areopagita[146].

        Sin embargo, y con ser múltiples las coincidencias entre ambos pensadores, suelen señalarse también algunas discrepancias entre Alberto magno y Tomás de Aquino: particularmente, la posibilidad de la intelección sin la mediación de imágenes, o la equivalencia entre ser creado y ser temporal[147]. Ambas dos ideas albertistas parecen estar próximas a la interpretación poliana de la distinción real:

- pues Polo exige el abandono del límite mental (es decir, de la operación intelectual, que se inicia con antecedente sensible);

- y distingue al creador, como ser originario, de la criatura, que comienza a ser y se mantiene siendo. Aunque la existencia, para Polo, es supratemporal, son muy propias también de Polo las descripciones paratemporales de ella: como origen, comienzo incesante, secuencia antes-después, posesión del futuro, etc.

 

e) Polo:

 

        Dejando esto al margen, Polo se ha pronunciado expresamente sobre la distinción real tomista. Quizá, el lugar más extenso es el primer apartado del capítulo II de La esencia del hombre[148]; y allí reivindica, ante todo, la raíz más aristotélica que platónica de la noción tomista de actus essendi[149], así como señala el desigual uso que hace el aquinate de ése su filosofema propio; pues, según lo indica Polo, el sustancialismo y la distinción real no son compatibles[150].

        Por resumir en dos puntos la opinión poliana, diría que Polo sostiene:

- ante todo, que el abandono del límite mental es solidario con la distinción real, como un método con su tema; ciertamente, el añadido de la existencia sobre la esencia, pide alcanzar la libertad del inteligir personal sobre el limitado ejercicio de la potencia intelectual, dependiente de la abstracción y cuyo objeto propio es la esencia de los seres materiales. Esta solidaridad entre método y tema es tan cierta que Polo llega a afirmar que su filosofía del abandono del límite mental es una nueva exposición de la distinción real de "essentia" y "esse"[151].

- y, en segundo lugar, pero como lo más importante, el hallazgo de la distinción real ha de continuarse en antropología, por cuanto el acto de ser humano es distinto del acto de ser principial[152].

        Ambos puntos son correlativos: la distinción real de ser y esencia es distinta en antropología y en metafísica. Sin embargo, para sentarla en ambos campos temáticos es menester abandonar la actualidad[153]. El acto de ser no puede definirse ya como la actualidad de todos los actos, e incluso de las mismas formas[154]; porque la actualidad se reduce a la presencia mental humana, que es el límite del pensamiento. Por tanto, afirma Polo, si no se detecta y abandona la actualidad no cabe distinguir realmente la esencia del ser[155].

        De modo que, en síntesis, el abandono del límite mental es un método plural con el que se recoge la distinción real de Tomás de Aquino y se aplica a la antropología[156].

        Con todo, hay algo más que decir.

 

La ampliación poliana de la filosofía

 

        Y es que lo más propio de la filosofía poliana es precisamente el añadido de la existencia personal, de la existencia libre; o sea, su propuesta de ampliación trascendental de la filosofía, es decir: de la metafísica con una antropología trascendental. Este añadido y esta ampliación me parece que tienen sentido en propio, incluso un tanto al margen de la discusión sobre la distinción real tomista.

 

a) La cuestión del método:

 

        En primer lugar, porque apelar al método[157] que se corresponde con el tema de  la distinción real no es simplemente señalar las reglas epistemológicas que conducen a establecerla. Ya que el método objetivado, cualquier método tematizado, debe distinguirse del método ejercido; la misma tradición distinguió la lógica como ciencia y como arte. Y el método en su ejercicio es una indicación del ser que lo ejerce, es decir, de aquél a quien corresponde -por ejercerlo- ser además del tema obtenido al ejercerlo. La apelación al método es ya, pues, un indicio del carácter de además propio del ser personal; y del ser personal creado: aquél cuya existencia es además de su operación, porque se distingue realmente de ella y no se agota ni se realiza con ella.

 

b) El añadido de la existencia libre:

 

        Por tanto, en la posición poliana sobre la distinción real, que reclama el método para entenderla, está ya de entrada el añadido de la existencia personal, a la que conviene el carácter de además.

        Este añadido no está para nada, pienso yo, en el pensamiento tomista, como el propio Polo manifiesta: el tomismo es una síntesis de filosofía cristiana en que el límite mental todavía no ha sido detectado y en que, por tanto, está frenado el impulso hacia la antropología trascendental[158]. A lo sumo, Polo concede que la existencia personal, que Polo llamará coexistencia, sólo está virtualmente contenida en el tomismo[159].

        El añadido de la existencia personal no está en la filosofía tomista, ni tampoco en ninguna otra filosofía precedente, sino que es una novedad propia de Polo, como de cualquiera que le continúe. Porque es un añadido que se corresponde con la libertad de cada persona, con la libertad trascendental del ser personal: pues la existencia personal es una existencia libre, que cada quien alcanza en primera persona abandonando el límite mental.

        Una muestra de la novedad de este descubrimiento poliano es la insistencia de Polo en su mismo planteamiento[160], al que concretamente dedica más de la mitad del primer volumen de la Antropología trascendental[161].

        El límite es la presencia mental; presencia de los seres..., que reclama buscar su principio: los principios predicamentales ante todo, y luego los primeros principios; es el tema de la filosofía clásica, de la metafísica: la naturaleza de los seres. Pero después, la presencia mental es presencia... ante la persona humana, y sugiere cómo disponer de lo presente en orden al propio ser personal, al propio destino libre; es el descubrimiento de la existencia libre, es decir, de la existencia personal.

        Son dos referencias distintas a partir de lo actual, de lo presente, que amplían la perspectiva metafísica con la de una antropología trascendental. El límite mental permite, en suma, una pluralidad de referencias del pensar al ser; y así la ruptura de la mismidad parmenídea de pensamiento y ser con la que empezó la filosofía, y consiguientemente la ampliación de ésta.

        El soporte al que acude Polo para la tematización de esa novedad que es la existencia personal es la distinción real: por una parte, la existencia y los trascendentales personales, entre ellos singularmente la libertad; y por otra, la esencia dispositiva de la persona humana, que comporta la perfección intrínseca de la propia naturaleza.

        Pero es que, más en el fondo, la misma propuesta de esa novedad, de la existencia libre, es factible desde la interpretación poliana de la distinción real tomista, en tanto que esa interpretación prescinde de la presencia actual. Porque, de acuerdo con esa interpretación, el actus essendi no es actual, sino que la actividad creada de existir estriba en sobreponerse al tiempo en dependencia del creador; y eso no sólo lo consigue la persistencia extramental: la secuencia de antes a después, cuyo análisis es la esencia tetracausal, el universo; sino que lo alcanza además, y de manera más eminente, la libertad personal, que entonces es libertad trascendental: la posesión del futuro que no lo desfuturiza.

 

c) Existencia y coexistencia:

 

        Para designar la existencia libre, la existencia personal, Polo ha terminado por emplear el término coexistencia.

        Cabría decir[162] entonces que si Tomás de Aquino, al entender la creación, descubrió el actus essendi, la existencia[163], Polo amplía la filosofía creacionista descubriendo la actividad de coexistir propia de las personas creadas: la coexistencia.

        Existencia y coexistencia, como actos de ser creados, se distinguen por su índole propia: ya que la primera se reduce a persistir, a seguir de antes a después, un después al que nunca alcanza; mientras que a la segunda le corresponde el carácter de además, al que conviene la posesión del futuro.

        Una distinción en la que podemos ahondar ahora formulando las siguientes diferencias:

- la existencia consigue distinguirse de la nada (pues persistir es la vigencia real del principio de no-contradicción), mientras que la coexistencia no precisa distinguirse de la nada[164]; el carácter de además parece más bien requerir su distinción respecto de algo, su ser segundo frente al carácter primero de la sola existencia.

- la coexistencia personal sustituye el enlace causal de la persistencia, la mutua vigencia del primer principio de no-contradicción con el primer principio de identidad, por la continuación libre de la coexistencia, o por una comunicación de la libertad personal, del futuro, a los trascendentales superiores de la persona (el entender y el amar), tal que la coexistencia personal busque su réplica en el creador. La referencia causal a la identidad es opaca, mero vestigio del creador; frente a la similitud de la imagen que se aprecia en la claridad y transparencia de la libre búsqueda de réplica.

- Y finalmente, la persistencia se reduce a la admisión como real de la esencia tetracausal, del universo; mientras que la coexistencia es la inclusión atópica de la persona, elevando su esencia, en el ámbito de la máxima amplitud de la existencia: la libertad trascendental, dice Polo, es inclusión atópica en Dios por cuanto anima y aviva su búsqueda, que corre a cargo de los otros trascendentales personales[165].

        Estas diferencias muestran, en suma, que Dios no sólo es creador, del universo y de las personas, sino también destino; pero sólo de las personas: el destinatario de la coexistencia personal.

 

Balance: Polo y el neotomismo del siglo XX

 

        De acuerdo con lo dicho, y aunque Polo sostenga ciertamente una precisa interpretación de la distinción real tomista, quizá no baste introducir a Polo en una comparación con Fabro, Gilson, Dewan u otros neotomistas del siglo XX acerca de dicha interpretación. Quizá sea más oportuno comparar a Polo directamente con Norberto del Prado acerca de la verdad fundamental de la filosofía cristiana. Porque, si es fundamental para una filosofía cristiana la distinción entre Dios y las criaturas, además, y de acuerdo con la ampliación poliana, tal vez sea fundamental también para una filosofía cristiana el señalar que Dios es el destino libre de la persona humana.

        Lo cual no es una mera cuestión ética: porque no se trata sólo de determinar el fin último de las acciones humanas; sino que es una cuestión existencial. Y no distinta del propio ser creado de la persona, pues lo expresa: ya que Dios crea la libertad en orden a su plenitud: para acogerla; es decir, es el anfitrión que convida al hombre a una existencia personal.

        Así que no sólo está la distinción de la criatura con el creador, sino también la distinción entre las criaturas: porque el acto de ser humano se distingue del acto de ser extramental[166]. Si es fundamental para una filosofía cristiana distinguir al creador de las criaturas, no lo es menos distinguir la creación del universo de la singularísima creación de cada persona: el otorgamiento de la libertad personal destinada a su plenitud.

        Paralelamente, si Dios es personal, no es sólo creador como el primer principio que hace ser al universo; sino también como quien crea la libertad, es decir, que no sólo la concede, sino que la invita y acoge: pues es quien finalmente conoce en su más profunda intimidad a la persona creada, la juzga, y le corresponde aceptarla definitivamente como existente.

        Por lo demás, la ampliación poliana de la filosofía creacionista responde también a Scotto, rectificando su teología negativa: pues Dios no desborda la intelección humana por ser infinito, sino más bien por el límite mental humano. Paralelamente, el abandono de éste depende de la libertad trascendental, otorgada en orden a una plenitud que la desborda; lo que corrige también el voluntarismo escotista y la espontaneidad subjetiva que comporta, puesto que ambos sólo atienden al despliegue de la persona en el orden esencial.

 

La ampliación trascendental como propuesta: una valoración.

 

        Con todo, el abandono del límite mental es, según Polo, sólo una propuesta: al filósofo tomista que no quiera admitir la propuesta…, porque no le convence, no pasa nada[167]. Porque lo que llamo, dice, ampliación de lo trascendental -una antropología trascendental como distinta de la metafísica- no es estrictamente necesaria. Si lo fuera, habría que decir que hay un positivo "lapsus" en la filosofía clásica, cosa que no acepto[168].

        Por tanto, sigue diciendo, conformarse con Tomás de Aquino no es una actitud filosófica incorrecta[169]. A juicio de Polo, la filosofía clásica de inspiración tomista es suficiente para quien no abandone el límite mental; ya que, aunque sólo estudie por analogía el tema del hombre… así se logra una antropología correcta, sólo que corta: no falla, no se equivoca, pero su desarrollo temático es escaso[170].

        Pero que la ampliación trascendental no sea necesaria, sino tan sólo una propuesta, no quiere decir que no sea oportuna; en particular, piensa Polo, para no dejar de lado la trayectoria de la filosofía moderna. De modo que afirma: ¿es imprescindible la ampliación? No. ¿Es oportuna, conviene hacerla? Sí[171]. Lo aconseja nuestra altura histórica: desarrollar una antropología trascendental es conveniente. Y aquí conveniente quizá nombra más que necesario, porque señala algo así como un deber[172]. Y Polo aclara: la antropología trascendental es conveniente, no sólo porque el filósofo debe tratar de investigar cuanto pueda, sin quedarse corto, por desistir; sino también porque se trata de enmendar el planteamiento moderno[173].

        No obstante, resulta extraño cuestionar, ante un planteamiento filosófico, si es obligatorio admitirlo o más bien no (algo por lo demás obvio). Ciertamente, presentarlo reducido a sólo una propuesta es algo humilde; y además coherente con la reivindicación de la libertad personal: pues sería paradójico afirmar que es necesario alcanzar la libertad, ya que libertad y necesidad no se conjugan del todo bien.

        Y sí: Polo destaca, ante todo, la oportunidad histórica de su planteamiento, en atención al devenir de la filosofía moderna. A lo que cabe añadir que la conveniencia histórica es doble. No se trata sólo de rectificar la antropología moderna, simétrica con la metafísica y que no llega a ser trascendental; sino también de evitar el embarrancamiento del pensamiento clásico acontecido en el siglo XVI: al discutir la libertad humana y en la conocida como polémica de auxiliis. La incompatibilidad entre sabiduría divina y libertad humana, percibida por Lutero y que tantas consecuencias históricas (filosóficas, sociales y religiosas) ha tenido, se plasma en el problema del determinismo, asociado con la predestinación; y es una muestra de que principios y libertad son irreductibles. Frente a ello, la ampliación poliana de la filosofía sugiere que la persona humana es el adverbio en busca del Verbo[174], es decir, que lo más afín a la sabiduría divina es precisamente la libertad personal del hombre.

        Pero, insisto, ante un planteamiento filosófico la cuestión más propia no es si es necesario o sólo conveniente, históricamente oportuno; sino si es verdadero o no, si añade o pierde algo respecto de lo ya sabido. En concreto, pienso que hay que averiguar: si la presencia actual es un límite o no lo es, si se puede abandonar o bien no se puede, si el acto de ser es actual o más bien es supratemporal. En este sentido, el desarrollo temático que el abandono del límite permite, frente al escaso desarrollo del tema de la persona al que llega el tomismo, avalan la propuesta poliana: ciertamente, el filósofo debe tratar de investigar cuanto pueda, sin quedarse corto .

 

 

 

 


 

Cuadro sobre las dualidades en las ciencias humanas según Polo

Juan Fdo. Sellés

 

Presentado en las XIII Jornadas de filosofía del departamento de filosofía de la universidad de La Sabana (Chía, Colombia): congreso internacional de filosofía en homenaje a Leonardo Polo El abandono del límite mental (27.VIII.2014)

 

 

 


 

[1] Traducción de la versión inglesa de este trabajo aparecida en Journal of Polian Studies, South Bend (Indiana, USA) 1 (2014).

[2] SCHELER, M., El puesto del hombre en el cosmos, 6ed. Losada, Buenos Aires 1967, p. 24.

[3] Cfr. SCOLA, A., La experiencia humana elemental. La veta profunda del magisterio de Juan Pablo II, ed. Encuentro, 2005.

[4] Entre ellos se encontraban : al filósofo,  historiador y político italiano Benedecto Croce, al pensador y líder hindú Mahatma Gandhi, al novelista inglés Aldous Huxley, al también inglés, politólogo y Harold Laski, al diplomático e historiador español Salvador de Madariaga y a los filósofos franceses Pierre Teilhard de Chardin y Jacques Maritain.

[5] Cfr. MARITAIN, J. et alii, Autor de la nouvelle Déclaration universelle des droits de l’homme, Ed. du Sagittaire, Paris 1949 : Introduction.

[6] Cfr. PALACIOS, J.M., La condición de lo humano, ed. Encuentro, Madrid 2013, p.36.

[7] Se escriben voluminosos estudios que hablan de este interés. Cfr. FERNÁNDEZ SEGADO, Fr. (Coord.), Dignidad de la persona, derechos fundamentales, justicia constitucional, ed. Dykinson, Madrid 2008.

[8] Cfr. PALACIOS, J.M., La condición de lo humano, p. 61.

[9] Cfr. STARCK, Ch., La dignidad del hombre como garantía constitucional, en especial en el Derecho alemán, en FERNÁNDEZ SEGADO, Fr. (Coord.), Dignidad de la persona, derechos fundamentales, justicia constitucional, pp. 241-247, donde el autor recoge los fundamentos históricos-espirituales.

[10] Otro modo de plantear la misma cuestión cfr. en SPAEMANN, Lo natural y lo racional, Rialp, Madrid, 1989.

[11] Esta intuición arranca de más lejos: cfr. GARAY (de), J., El nacimiento de la libertad. Precedentes de la libertad moderna, ed. Thémata, Sevilla 2006.

[12] Cfr. MARITAIN, J., El hombre y el Estado, 2ed. Encuentro, Madrid 2002, pp. 87, 90-91 y 92-95.

[13] Cfr. ARISTÓTELES, Política I, 2, 1252 b32.

[14] Cfr. PALACIOS, J.M., La condición de lo humano, pp. 49-50.

[15] Para la tesis de la filosofía moderna como simetrización de la metafísica clásica, cfr. entre otros lugares, POLO, L., Antropología trascendental, I, p. 90; Planteamiento de la antropología transcendental, en FALGUERAS, I., GARCÍA, J., (Coords.), Antropología y transcendencia, Universidad de Málaga 2008, pp. 11-14. También en Miscelánea poliana, n. 4.

[16] Cfr. ZUBIRI, X., Respectividad de lo real, en «Realitas» III-IV (1979) 14-43, donde, antes de exponer su noción de respectividad, hace un recorrido por los diversos sentidos que la relación ha tenido a lo largo de la historia de la filosofía, distinguiendo entre relación categorial, ontológica y transcendental.

[17] LÓPEZ QUINTÁS, A., La antropología dialógica de F. Ebner, en SAHAGÚN LUCAS (DE), J., Antropologías del s. XX, e. Sígueme, Salamanca 1979, p. 152.

[18] Cfr. DOMINGO MORATALLA, A., Un humanismo del siglo XX: el personalismo, ed. Cincel, Madrid, 1985.

[19] Cfr. POLO, L. La esencia del hombre, Eunsa, Pamplona, 2011, pp. 90-98.

[20] Cfr. POLO, L., Por qué una antropología transcendental, en Presente y futuro del hombre, Rialp, Madrid 1993, pp. 142-194.

[21] Cfr. POLO, L., La coexistencia del hombre, en Actas de las XXV Reuniones Filosóficas de la Universidad de Navarra, t. I, Pamplona, 1991, pp. 33-48.

[22] Cfr. ZUBIRI, X., Estructura dinámica de la realidad, Alianza editorial, Madrid 1989,  pp. 50, 90-91 y 201.

[23] Cfr. POLO, L., La esencia del hombre en FALGUERAS, I., GARCÍA, J., (Coords.), Antropología y transcendencia Universidad de Málaga 2008, pp. 31-50. También en Miscelánea poliana, n. 4.

[24] Este ha sido uno de los lastres que ha arrastrado la tradición filosófica tras la célebre definición de Boecio, incluido Tomás de Aquino, hasta que logra superarlo. Cfr. CASTILLA DE CORTÁZAR, Bl., Noción de Persona y antropología transcendental: Si el alma separada es o no persona, si la persona es el todo o el esse del hombre: de Boecio a Polo, en «Miscelánea Poliana», 40 (2013) pp. 62-94.

[25] Cfr. POLO, L., Antropología trascendental I: La persona humana, Eunsa, Pamplona 1999; 20032, pp. 203-227.

[26] Cfr. POLO, L., Libertas transcendentalis, en «Anuario filosófico» 25 (1993/3) 703-716.

[27] VILADRICH, P.J., El valor de los amores familiares, ed. Rialp, Madrid, 2005, p. 33.

[28]Cfr. ACTAS DEL CONGRESO INTERNACIONAL: El primado de la persona en la moral contemporánea, Universidad de Navarra, Pamplona 1997.

[29] Escrito como homenaje al profesor Leonardo Polo en el aniversario de la presentación de su libro Filosofía y Economía (casi coincidente con el año anterior a su fallecimiento).

[30] Tanto el primer tipo de compensaciones como el segundo obedecen a si se abandona o no el límite mental. Método con que se identifica el mismo Leonardo Polo.

[31] Los conceptos son explicitaciones tricausales mientras que la explicitación de lo real es tetracausal.

[32] Por ahora consideramos la causa eficiente como extrínseca, aunque pueden haber casos de organismos no vivos, pero libres (empresas); que pueden abordarse desde la perspectiva intrínseca. Más adelante veremos otra perspectiva extrínseca - intrínseca, sólo motivacional, para seres libres.

[33] No es un ascenso como el de las ideas generales: “La comunicación de la propagación a los analogados es, por lo pronto, la sustancia tricausal. Como dicha comunicación no puede devolverse, se reitera. La reiteración de la sustancia es la naturaleza. El cumplimiento del orden corresponde a la naturaleza, que se describe como tricausalidad concausal con la causa final. Así ocurre la concausalidad cuádruple” CTC vol IV t2 Lección QUINTA párrafo 5. Más bien se trata de un conocer distinto, más intenso, pero no tiene por qué ser extenso. Un concepto no tiene porqué estar comunicado por algún juicio, aunque podría estarlo, dado el caso.

[34]  Polo expresa esta última línea así (al final del CTC vol IV t2 Lección QUINTA párrafo 5): “Ya he indicado que el hábito abstractivo es verbal. Los hábitos de la línea prosecutiva generalizante son todos variaciones de acto. Paralelamente, la idea general no es un nombre y, por tanto, tampoco una determinación. Aquello para lo cual ser iluminado es un don y una variación de acto, equivale, devuelto a su condición de operación, a formar una intencionalidad intensificada, una indeterminación proyectada. La expresión “se ha de pensar” … marca la diferencia con las operaciones racionales”

[35] Muchos años atrás, tal vez a mediados de la década de los 70s adquirí un libro de ciencia y filosofía que me llamó la atención. Inmediatamente lo compré y entre los artículos que leí, había nada menos que uno de LP. Pero yo no caí en la cuenta de ello hasta conocerlo en persona.

[36] En esta línea, yo ya venía estudiando a fondo los números aplicados a realidades físicas. Me había especializado en estadística aplicada a la ingeniería por esos años. Venía consolidando un cuerpo de conocimientos referidos a los números que no era matemática pura sino totalmente aplicada a realidades “terrenales”. Con el avance que se dio entre mediados y fines del S XIX, la generación de espacios métricos quedó completamente definida, sin resquicios; que permitieron el abordaje de la relatividad y la quántica. Me impresionó muchísimo que sólo en 1959 (casi 100 años después) Debreau definiera un espacio para la economía matemática. Ahora, acabo de re-definir ese espacio mediante otra métrica más adecuada para explicar todos los “fenómenos” de la economía, en mi libro “La Constante Universal de la Economía” (Barcelona, 2014). El nuevo espacio se basa fundamentalmente en el de Debreau, pero imaginado para aplicaciones más complejas. Yo ya sabía cómo se completó el espacio matemático de la física de modo inexorable y eso es lo que expongo en ese libro, con validez para todos los números.

[37] Cursé el Programa de Doctorado en Filosofía de la Acción Directiva en 1992-93. Tuve la gran suerte de tener al profesor Polo entre la plana de profesores de aquél curso.

[38] Reconozco que todavía, en parte, lo siguen siendo.

[39] Son las siglas de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Al momento que escribo estas líneas hay una decisión vaticana de no seguir considerándola Pontificia ni Católica. Pero en la época que ocurría lo que estoy contando, todo era distinto aunque se veía venir, no lo niego.

[40] La cita: “El hábito correspondiente al juicio creo que es el hábito de ciencia …” se halla en muchos de sus libros. En el t iv vol 2 de CTC afirma taxativamente que dicho hábito no es lo que se acostumbraba (por los científicos al uso) entender qué era antes de él.

[41] Sólo como referencia, escuché en la asignatura de Antropología de la Acción Directiva, lo que LP escribió luego, en su libro del mismo nombre: “ … la primera medición del radio de la tierra se hizo en la antigüedad clásica. Los griegos la calcularon clavando un palo en el suelo y viendo cómo se inclinaba la sombra del palo según la latitud. Con esas observaciones, y aplicando la geometría euclídea, calcularon el radio de la tierra con una diferencia de pocos kilómetros respecto de las mediciones actuales. Por tanto, en tiempos de Colón ya se sabía …”.

[42] En esto también me animaba haber leído en los libros de LP que la oferta precedía a la demanda (Say). Como además, soy ingeniero industrial, mis motivaciones eran las mejores desde esta perspectiva.

[43] Ética a Nicómaco: Aristóteles.

[44] Aunque en realidad la venía escuchando en otros contextos como en las charlas que recibía en Centros Universitarios, donde me decían que “había que hacer bien (santificar) el trabajo, mentalidad laical, etc.”. Y eso lo había dicho San Josemaría. Después he sabido que ya en los primeros siglos muchos cristianos lo practicaban aunque no lo dijeran. En lenguaje poliano, al ser el hombre un perfeccionador perfectible, yo terminaba fijándome más en perfeccionador (menos elevado) que en perfectible, lo que no obsta para que perfeccionar (trabajar) sea muy importante y sirva incluso para más perfectibilidad.

[45] También aprendí de mis maestros de UNAV que las virtudes son los hábitos morales. Algo que terminó siendo la clave para entender la Acción Directiva (ahora le llaman Gobierno de Personas).

[46] Otro ejemplo interesante, es el de que la eficiencia extrínseca de LP se corresponde con la eficacia de los sistemas de JAPL; y la eficiencia intrínseca de LP, se corresponde con el aprendizaje positivo de los sistemas ultraestables de JAPL.

[47] Entre ellas está la más impactante para mí, de que la economía tiene un discurso muy escueto (cfr. Etica cap- 1, libro del que hay muchas ediciones).

[48] Por ejemplo, para explicar CTC IV tomo 1 Introducción, párrafo 5, nota 44: “Al carácter no fundante del logos responde el teorema de Gödel, según el cual, si se demuestra la consistencia de la matemática, eo ipso ésta es inconsistente. Este teorema formula una notable paradoja que equivale a la imposibilidad de autorreferencia: también los objetos del logos son intencionales, o no susceptibles de certeza representacionista (de acuerdo con el citado teorema, pretender esa certeza destruye la matemática). Como se anotó, al versar sobre lo judicoide, la base no da lugar a un logos que sea ‘fundamentoide’…”.

[49] Más adelante veremos que el principio que actualmente rige para los números de la física es de tipo económico. Veremos que los números de la economía tienen todavía más que ver con ese principio debido a las unificaciones conceptuales, es decir, a los conceptoides y judicoides económicos.

[50] “El arte también tiene que ver con esto que les estoy diciendo: si el hombre es capaz de obras de arte es precisamente porque es una esencia distinta del universo; y por lo tanto puede colocar en alguna parte del universo un significado que va más allá de la posibilidad de significado del propio cosmos: eso es una actividad artística”. CTC IV tomo 2, pag. 139.

[51] CTC IV tomo 1 Introducción, párrafo 5.

[52] Ibídem.

[53] Se refiere al segundo tipo de compensaciones de que hablábamos al inicio de este paper.

[54] Cfr. CTC IV tomo 1, pag. 77.

[55] Ibid … “Para encontrar el valor epistemológico de la definición tengo que irme a la matemática; por otra parte, esto es muy tomista: la ciencia de las definiciones es la matemática; el estatuto mental, el estatuto objetivo de la definición, es matemático”, El Orden Predicamental, pag.92.

[56] Los otros Principios son: el de Origen o Identidad Originaria (Dios “ad intra”) y el de Causalidad Trascendental (Dios también, pero creando “ad extra” el fundamento o universo persistente).

[57] “Al sentar la distinción entre la pugna y la compensación de las operaciones racionales, se justifica el alto nivel de la matemática, a la vez que se la distingue del conocimiento de las causas” CTC tomo 4 vol. 2, Lección QUINTA, párrafo 2, acápite B.

[58] Ibídem.

[59] Cfr. en este artículo, casi al comienzo, el párrafo que sigue al subtítulo A MODO DE INTRODUCCIÓN: Kg, m, euros, lt; que son las llamadas unidades de medida del número, ya “re-ascendido” desde el nivel del cálculo.

[60] Hay un ejemplo famoso: “papas con papas, camotes con camotes”.

[61] Como ya se ha citado antes: “ … al versar sobre lo judicoide, la base no da lugar a un logos que sea ‘fundamentoide’”, CTC tomo 4 vol. 2, Lección QUINTA, párrafo 2, acápite B. Por ello, el hábito de ciencia es superior a las matemáticas (aunque se sirva de ellas para juzgar).

[62] Ibídem.

[63] En el tomo IV vol 2, segunda parte de CTC, página 216 L. Polo dice: “La inteligencia no ejerce las operaciones unificantes en tanto que perfeccionada por un hábito superior al abstractivo, sino en tanto que la operación de concebir es superior a las generalizantes”.

[64] Ibid, pag. 192, nota 50.

[65] Cuando le pregunté al profesor Polo ¿por qué la velocidad de la luz es invariante? Me contestó que “estamos hechos de luz” … Es curioso que la última gran corroboración empírica de la teoría de partículas sea la del llamado mecanismo de Higgs, que asegura que todo está hecho de luz.

[66] El uso es una virtud. Cfr. AT2 2ª parte F3.

[67] CTC tomo 4 vol. 2, Lección QUINTA, párrafo 2, acápite B.

[68] CTC IV tomo 2 Lección QUINTA, párrafo 5 nota 89 “En el universal, entre el uno y los muchos no ocurre tensión alguna, porque la causa eficiente es extrínseca: en cambio, la unificación de los receptores es tensada, porque la causa eficiente es intrínseca”.

[69] Cfr. “La Constante …”, ibid.

[70] Es algo que se viene llamando “ciclo del producto” o, a veces, “ciclo del negocio”. Pero en La Constante … demuestro que es más todavía que esto.

[71] Existen unas separatas mías, resumen de un conjunto de conferencias que dicté en el año 2011, con el título: Dirección para Imprevistos. Es un compendio de todos estos temas de hábitos y virtudes pero aplicados hacia sus aspectos productivos y conectando más con su versión cuantificable, sin dejar de ser temas de raíz cualitativa.

[72] En el tomo IV – segunda parte de CTC, página 114, LP dice: “los números no son meras aplicaciones a la realidad física, sino que están en la realidad”. Allí se refiere más a los números de la física pero cualquier número se corresponde al primer nivel de logos, y lo que vale es que además son reales.

[73] Entiéndase también servicio.

[74] Afirma una autoridad en economía, como es el profesor Lucas: “The most interesting recent developments in macroeconomic theory seem to me describable as the reincorporation of aggregative problems such as inflation and the business cycle within the general framework of “microeconomic” theory. If these developments succeed, the term ‘macroeconomic’ will simply disappear from use and the modifier ‘micro’ will become superfluous. We will simply speak, as did Smith, Ricardo, Marshall and Walras, of economic theory”, Models of Business Cycles -1987 (pag.108). Estas esperanzas del profesor Lucas ven por primera vez la luz con La Constante Universal de la Economía.

[75] Cfr. Modelo Analógico de Dinámica Industrial, J. Rospigliosi, PUCP 1994.

[76] Hay una entropía óptima: si fuera pequeña los organismos no podrían ser complejos y si fuera elevada serían desorganizados.

[77] Todo el problema de la valoración de intangibles, LP lo resuelve con el cambio de signo vital. No es que “tener” unos conocimientos sea “evaluable” sino que al conocer algo, se transmite a la cadena de valor de cierta “forma” y no de otra. Es imponer una causa formal, pero artísticamente, dada la libertad de seres humanos que actúan, de común acuerdo, “a favor” de ella.

[78] Para los que gustan de reducir toda la economía a juegos de suma cero, les hago saber que LP mencionaba que la economía humana, como sociedad, no puede ser un juego suma cero porque entonces no habría habido incremento de bienes desde Adán y Eva.

[79] “Del movimiento circular conviene decir que es la mediación entre la causa final y los universales, es decir, la única manera de ordenar las sustancias elementales: su ordenabilidad”. El Conocimiento del Universo Físico, Apendice: El movimiento Circular. Para los que niegan la validez clásica del término, les basta saber que un cuadrado euclídeo se transforma matricialmente, sin problemas, en un círculo.

[80] Así, la distribución de Boltzman llevó a Planck a la Teoría de los Quanta.

[81] Ello no obsta para que hayamos enviado comunicaciones a diversas instituciones a fin de que estén enterados, y nos hayamos presentado a numerosos concursos para divulgarlas honrosamente.

[82] Con el famoso método simplex por dar un ejemplo, se requería, a veces, millones de iteraciones para dar con una solución factible.

[83] Cfr. El Orden Predicamental, pag 131.

[84] Cfr. El Logos Predicamental VII.3.a.

[85] Con mi esposa y todo el equipo de Stella Matutina, venimos culminando el estudio de los conceptoides y judicoides de la ecología. La tarea viene demandando más esfuerzos de los que tenemos a disposición para tan copioso reto.

[86] Cfr. CTC tomo IV vol2, pags. 360-361.

[87] A. Llano, apuntes de clase FAD – Curso 1993, Sociología de la Cultura.

[88] Sirva a modo de esbozo, el siguiente caso peruano:, se ha iniciado un proceso de motivación a las madres que se dedican a sus tareas del hogar. El programa JUNTOS, que se inició en el gobierno de Toledo (2003), desembolsa una cantidad de dinero al mes para que dichas madres hagan estudiar a sus hijos (todavía se contabiliza como ayuda social, pero bien mirado, es más que eso).

[89] El profesor JAPL afirmaba en sus clases que lo acusaban de haber reducido todas las virtudes a una sola: la prudencia. Creo que esto ejemplifica lo que quiero decir.

[90] “ … si el orden predicamental no es el trascendental, será el orden físico; y el orden físico se puede decir que es la sustancia y sus accidentes, que son las categorías …” L. Polo: El Orden Predicamental.

[91] “A la razón práctica no le corresponde la apertura heurística de la pluralidad de los números, sino sólo usar del cálculo.”. Análogamente para la voluntas ut habitus. CTC tIV, vol 2, pag. 191, nota 48.

[92] Son modos de “medir” la bondad de una decisión. No son numéricas ni tienen por qué expresarse en palabras, que ya serían una “aproximación” al concepto (logos), pero no el concepto mismo; lo que sería imposible según la AT del profesor Polo. De todos modos, JAPL escribió su segundo libro tratando de acometer ese logro de una manera impresionantemente acertada (aunque difícil de transmitir). Por eso los fines objetivos (objetivos) y subjetivos (misiones) no se pueden definir con palabras sino con las actividades directivas: hay que abandonar la matemática y las palabras.

[93] I. Falgueras, citado por J. Padial en La Antropología del tener según Leonardo Polo.

[94] La Antropología del tener según Leonardo Polo, Nº 100 Anuario Filosófico – 2000.

[95] L. Polo: Sobre la Existencia Cristiana, 1996.

[96] Esta unificación realidad-idea es facilitada por el judicoide económico sincronismo que he descrito. Valen también los términos lingüísticos que orlan el judicoide y que son previos a él. Como conceptos, tienen un lugar destacable en el lenguaje de la economía que crecerá gracias al empleo del judicoide.

[97] I. Falgueras, Crisis y Renovación de la Metafísica, 1997.

[98] I. Falgueras, Hombre y Destino, 1999.

[99] Ibid.

[100] Cfr. Filosofía y Economía, L. Polo – EUNSA, 2012.

[101] Es destacable que Feynman que ha estudiado la física desde una perspectiva contextual histórica, se vea forzado a finalizar con dos capítulos sobre la visión: los ojos y los colores (que tienen mucho que ver con el sincronismo natural y el sobrante formal), su descripción física del universo. Comentarios más autorizados que los míos, respecto al sincronismo visual, pueden verse en el video: 2do. Seminario de Teoría del Conocimiento UNAV, 2013.

[102] La Constante ...

[103] Polo afirma en AT que la noticia de la justicia corresponde a hábito de los primeros principios y la idea respectiva es el axioma; además, su claridad es la perennidad.

[104] Afirma Sellés en la introducción a Filosofía y Economía: “Si la justicia no equivale a la igualdad, para Polo, la justicia conmutativa (el intercambio) no puede asegurar la justicia social. Sí, en cambio, la distributiva, si ésta se entiende como el arriesgarse en ofrecer lo que vale la pena ser ofrecido. Por eso, la clave de la economía está más en la ley de la oferta que en la de la demanda. Consecuentemente, ‘empresario es el que antepone la oferta a la demanda’, el que asume el riesgo de ofrecer lo que incrementa el bien común, no el que se limita a favorecer el consumo pragmático con miras al enriquecimiento fácil …”.

[105] La etimología de la palabra sindéresis alude a esto: sintereo, vigilo con atención acompañando. Una luz superior ilumina la praxis medial erigiéndose en criterio de admisión. Nota de LP en AT2, pag 161.

[106] Para LP la justicia es noticia del hábito de primeros principios a los que se llega con la generosidad.

[107] Muchos creen que para llegar a ser gerente o consejero basta con ser “de confianza” para los dueños, pero aunque eso sea condición cierta, así no se logrará nunca la confianza de los subordinados quienes dejarán de aportar cuando perciban que sus ideas no van a ser aprovechadas por el jefe “de turno” que puede ser muy amistoso pero no luchará por implementar las evidentes mejoras operativas.

[108] El nivel más elevado a que puede llegar el dinero, por ser numérico, es el de sincronización que no es poco. Tampoco es que sea solo para definir secuencias porque ya se sabe que la sincronización mide también muchas más cosas, pero no puede medir otras variables más interesantes para los seres humanos como son los aprendizajes -operativos y de gobierno, es decir, hábitos y virtudes- ni tampoco puede evaluar los niveles trascendentales del ser humano como sus grados de libertad, de coexistencia, amor y sabiduría.

[109] Francisco I afirma que se trata de una falta de misericordia (coincide que es una virtud).

[110]      Entre ellos, Ángel Luís González, Ignacio Falgueras, Juan A. García, Juan Arana, Salvador Piá, Juan José Padial, José Ignacio Murillo, Idoya Zorroza, Claudia Vanney, Genara Castillo, Rafael Vives, Manolo Alcazar, Patricia Sambataro, Ana Isabel Moscoso, Gerardo González, Ignacio Marcet, Juan Antonio Corcuera, Miguel Martí, Juan Pablo Martínez, Gonzalo Alonso, Germán Scalzo, Rubén Díez, etc.

[111]      Gregorio Taumaturgo, Elogio del maestro cristiano (Discurso de agradecimiento a Orígenes), Madrid, Ed. Ciudad Nueva, 1990, 102.

[112]      Jn., cap. X, vs. 34. Cfr. asimismo: Sal., LXXXI, vs 6.

[113]      Leonardo Polo nos contó varias anécdotas personales suyas. Una, que su descubrimiento de su método de hacer filosofía, le vino (“se le ocurrió”) como consecuencia inmediata de aceptar su vocación al Opus Dei. Otra, que cuando conoció por primera vez a San Josemaría Escrivá, éste le dijo: “¡Cómo te conozco!, ¡Cómo te conozco!”. Obviamente no lo había visto antes, pero, ese hecho –como Polo decía– no tiene ningún secreto para un santo. Ahora bien, el que un hombre de Dios clarividente profiera de alguien tal expresión indica, entre otras cosas, que en tal persona existe mucha realidad, mucho sentido personal por conocer, de modo semejante a como Dios conoce poco al que poco es y mucho al que mucho es, y promete que en el Cielo los rescatados conocerán como son conocidos, mientras que a los condenados les declarará: “no os conozco”, Mt., cap. XXV, vs. 12.

[114]      “Hoy esta filosofía tendrá que ser antropocéntrica, es decir, deberá buscar en las estructuras esenciales de la existencia humana las dimensiones trascendentes que constituyen la capacidad radical del hombre de ser interpelado por el mensaje cristiano para comprenderlo como salvífico, es decir, como respuesta de plenitud gratuita a las cuestiones fundamentales de la vida humana. Este fue el proceso de reflexión teológica seguido por el Concilio en la Constitución Gaudium et Spes; la correlación entre los problemas hondos y decisivos del hombre, y la luz nueva que irradia sobre ellos la persona y el mensaje de Jesucristo”. Juan Pablo II, Discurso a los teólogos españoles, Salamanca, 1-IX-1982.

[115]      En una ocasión Polo decía que en su pensamiento él había intentado poner fundamentos filosóficos para entender mejor la doctrina cristiana predicada por San Josemaría. Obviamente, ello no equivale a decir, que tal espíritu cristiano se condense en el pensamiento poliano o en cualquier otra filosofía, pues no hace suya ninguna, sino que ofrece libertad en las cuestiones que la Iglesia Católica deja a la libre consideración humana, pero denota el empeño de Polo por ser fiel a un espíritu, a la doctrina católica, acercando todo lo posible y poniendo al servicio –como los padres griegos de la Iglesia– toda la capacidad de su razón a la fe.

[116]      Prov., cap. XI, vs. 2.

[117]      Cfr. Polo, L., Epistemología, creación y divinidad, Pamplona, Eunsa, 2014.

[118]      A saber, los pertenecientes al s. XIII, desde 1225 a 1275: Alejandro de Hales, San Alberto Magno, Tomás de Aquino, San Buenaventura, y en parte Escoto y Eckhart.

[119]      Así Leibniz, Hegel, Brentano, etc.

[120]      A saber, los presocráticos, Platón, Aristóteles, San Agustín, Plotino, San Anselmo, San Alberto Magno, Sto. Tomás de Aquino, San Buenaventura, Escoto, Eckhard, Ockham, Descartes, Spinoza, Leibniz, Locke, Hume, Galileo, Newton, Kant, Fichte, Schelling, Hegel, Kierkegaard, Marx, Comte, Schopenhauer, Nietzsche, Dilthey, Bergson, Husserl, Heidegger, Wittgenstein, Freud, Scheler, Jaspers, Hartmann, Marcel, etc.

[121] Cuando le ayudábamos en tal tipo de escritos, si le advertíamos que podría asencillar el contenido de algún trabajo o pasaje del mismo, o incluso dar alguna clave explicativa en nota al pie, algunas veces accedía a la demanda, pero otras en las que el trabajo no podía perder rigor solía responder humorísticamente: “¡No escribo para pollinos!”, lo cual en sus labios no significaba un insulto, sino algo así como un ‘no rebajemos la dignidad del lector, el cual tiene suficientes entendederas para hacerse cargo de lo escrito, aunque esto se le presente en breve, insinuadamente, pues ‘a buen entendedor, po…”’ comentaba.

[122]      Polo contaba que un día estaban un grupo de estudiantes universitarios y otros viendo una película de cine comercial con el Fundador del Opus Dei en la sede central de esta Prelatura en Roma. Coincidió que San Josemaría ocupaba la fila de delante de Polo. En un momento determinado de la proyección –decía Polo– el Padre se volvió y me dijo: “Lo que estás pensando: ¡escríbelo!”.

[123]      En efecto, algunos han equiparado la filosofía de Polo a las actitudes cartesiana y kantiana, que más que la verdad, buscan la certeza subjetiva, cuando es manifiesto que Polo las corrige (pormenorizadamente y no una sola vez). Otros, la asimilan al idealismo hegeliano, por el afán de sistema –según dicen–, cuando la obra poliana es tan amante de los sistémico como opuesta a lo sistemático, sencillamente porque el sistema cierra el saber e impide su prosecución al establecer la última palabra que cierra el sistema, y para Polo es precisamente esa última voz la que condensa el error, porque el saber siempre es incrementable, proseguible. Otros, porque no ven que sea ‘textualmente’ tomista, aunque Polo retoma los grandes descubrimientos del de Aquino y los prosigue, y no poco, si bien con lenguaje más actual. Algunos, porque ven demasiada cercanía entre su modo de redacción y la de Heidegger, aunque Polo soluciona las aporías que ofrece ese modo de decir así como esa y otras existenciales antropologías problemáticas. Otros más recientes lo incluyen dentro del ‘personalismo’, cuando Polo escribe explícitamente en su obra cumbre: “señalaré que hoy en algunos ambientes se cultiva el perso­nalismo. El tema de la persona no carece de defensores. Conviene decir que no trato de rechazar ni de rectificar esos planteamientos, sino tan sólo de marcar una distancia con ellos. Por ejemplo, cuando se dice que el ‘yo’ sin el ‘tú’ es imposible, se acude a observaciones que la experiencia cotidiana puede justificar, pero que están marcadas por un tinte emotivo muy fuerte. En cambio, el método que propongo es intelectual, y los as­pectos emocionales se dejan a un lado, o se tienen en cuenta para justi­ficarlos desde un punto de vista teórico. No es que los planteamientos personalistas sean desacertados, sino, más bien, que su desarrollo es filosóficamente débil”. Antropología trascendental, I, 28.

[124]      A este método Polo lo llamaba “abandono del límite mental”, lo cual significa que se puede conocer de otro modo superior al modo ordinario de conocer que ejerce todo hombre (también, por tanto, los filósofos), es decir, ese conocer que –derivado de la abstracción– forma ‘objetos pesados’ (no se trata de cosas reales, sino de ideas) que son presentados por los actos de conocer que los presentan. Ese conocer que forma tales ‘objetos pensados’, los cuales son puramente intencionales o remitentes respecto de lo real, es muy válido y correcto, e imprescindible para la vida ordinaria, pero lo que viene a enseñar Polo es que no es ni el único modo intelectual de conocer ni, desde luego el superior, y que cabe la posibilidad de superarlo de diversos modos. Si ese modo cognoscitivo fuera el único, no podríamos conocer tal como son las cosas que nos sensibles (los propios actos de conocer, los de querer, las facultades inmateriales, la intimidad humana, Dios, etc.), porque de esas realidades, obviamente, no se puede abstraer. No es el momento de explicar las diversas facetas de ese método noético poliano. Baste con indicar que de un modo u otro ha sido notado por los grandes pensadores de la filosofía, aunque no ejercido metódicamente por ellos, y que Polo le ha dotado de progresivo rendimiento a lo largo de su producción.

[125] Ya se ha indicado que con los pensadores antiguos Polo guarda relación, sobre todo, con Aristóteles; también con San Agustín y Sto. Tomás. Con los recientes, con el Scheler del periodo católico, con Nédoncelle, con Guardini, Ratzinger, etc.

[126]      Una de ellas, Studia Poliana, se publica en papel; otra, Miscelanea Poliana, en red; una tercera, Estudios Filosóficos Polianos, también en red.

[127] Así se titula la entrevista de Gustavo Cataldo a Polo publicada en El Mercurio (Santiago de Chile) el 14.XII.1997, pp. 10-1.

[128] Antropología trascendental I: la persona humana. Eunsa, Pamplona 1999; p. 13.

[129] Cfr. FRANQUET, Mª J.: “Trayectoria intelectual de Leonardo Polo”. Anuario filosófico, Pamplona, 29-2 (1996) 303.

[130] Creatio ponit aliquid in creato secundum relationem tantum. Summa theologiae I, 45, 3 c.

[131] CRUZ, J.: “Filosofar hoy. Entrevista con Leonardo Polo”. Anuario filosófico, Pamplona, 25-1 (1992) 48.

[132] Cfr. FABRO, C.: Introducción al tomismo. Rialp, Madrid 1967; c. 8: pp. 166-92. También COPLESTON, F.C.: El pensamiento de santo Tomás. FCE, México 1982; c. VI, pp. 272 ss.

[133] Ex typis consociationis sancti Pauli.

[134] Cfr. Ser finito y ser eterno. FCE, México 1996.

[135] Página XXVI.

[136] Página 496.

[137] En la correspondencia entre Gilson y Maritain de los años 1931-32 se aprecia ya el preanuncio y la discusión de esta posición suya; que terminó de precisar en 1940, año en que redactó God and Philosophy, texto que usó en sus conferencias en Yale. Véase al respecto MELENDO, I.: "Etienne Gilson  (1884-1978) y la filosofía cristiana. Original de Thierry Dominique  Humbrecht". Metafísica y persona. Puebla (México) 4 (2010) 207-21.

[138] DÍAZ ARAUJO, E.: “Etienne Gilson: sencillo homenaje”. Anales de la fundación Francisco Elías de Tejada. Madrid 2 (1996) 74.

[139] En España han seguido a Fabro, entre otros, Cardona y Melendo; éste último, en particular, ha destacado especialmente la eminencia del acto de ser persona. Quizá, la noción poliana de coexistencia se diría, más bien, como el acto personal de ser.

[140] La nozione metafísica di partecipazione. SEI, Turín 19633.

[141] FONTANA, E.: In memoriam Cornelio Fabro. Ediciones Verbo Encarnado, San Rafael (Argentina) 1995, pp. 22-3.

[142] “Form and being: studies in thomistic metaphysics”. Studies in Philosophy and the history of philosophy. Indiana, USA 45 (2006) 264 pp.

[143] Cfr. INCIARTE, F.: Forma formarum. Alber, Friburgo 1970. Para Polo, ésta es una noción de índole platónica, e insuficiente, cfr. Antropología trascendental I, o. c., p. 122.

[144] Cfr. Lecciones de metafísica. Universidad Sergio Arboleda, Bogotá 2009; c. III.

[145] Id., p. 54.

[146] Cfr. ALARCÓN, E.: "Una cuestión de método. Consideraciones previas a la interpretación de santo Tomás de Aquino". Themata, Sevilla 10 (1992) 398.

[147] Cfr. SARANYANA, J. I.: Historia de la filosofía medieval. Eunsa, Pamplona 1985; § 69 d), pp. 201-2. En su posterior La filosofía medieval. Eunsa, Pamplona 2003, 20072;  § 72 d), pp. 259-61; y en su también posterior Breve historia de la filosofía medieval. Eunsa, Pamplona 2001; § 23 c), pp. 75-7; hay un cambio según el cual, la primera de las discrepancias señaladas entre ambos autores pasa a ser la última de las coincidencias enumeradas.

[148] Eunsa, Pamplona 2011; pp. 79-90.

[149] Cfr. p. 88.

[150] Id.

[151] Presente y futuro del hombre. Rialp, Madrid 20122; p. 171.

[152] Antropología trascendental I, o. c., p. 121.

[153] Antropología trascendental I, o. c., p. 122.

[154] TOMÁS DE AQUINO: Summa theologiae I, 4, 1 ad 3.

[155] Antropología trascendental I, o. c., p. 121 nota 122.

[156] Presente y futuro del hombre, o. c., p. 178.

[157] La apelación al método es lo inicial en Polo, cfr. El acceso al ser. Universidad de Navarra, Pamplona 1964; passim.

[158] Antropología trascendental I, o. c., p. 14.

[159] Id.

[160] Expuesto en la primera parte de Antropología trascendental I, o. c. A dicho planteamiento también se dedican el c. 7 de Presente y futuro del hombre, o. c.; y el apartado 1 del c. I de Persona y libertad. Eunsa, Pamplona 2007; pp. 25-34.

[161] Cfr. o. c., pp. 21-148; cuando el libro entero sólo tiene 245 pp.

[162] Cfr. GARCÍA GONZÁLEZ, J. A.: El testigo de don Leonardo Polo. VV. AA.: "Leonardo Polo (1926-2013) in memoriam". Universidad de Navarra, Pamplona 2013; pp. 33-4.

[163] Dejando al margen esos matices, que cabe considerar como terminológicos, señalados por Fabro; aunque, desde luego, la actividad de ser no se reduce, ni la creada ni la increada, a la mera existencia fáctica.

[164] Para Polo lo que puede tener que ver con la nada es el querer, que por eso es aniquilable si la correspondencia falta: Antropología trascendental, v. II: la esencia de la persona humana. Eunsa, Pamplona 2003; p. 235.

[165] Antropología trascendental I, o. c., pp. 244-5.

[166] Cfr. Antropología trascendental I, o. c., p. 130.

[167] Antropología trascendental I, o. c., p. 21-2.

[168] Presente y futuro del hombre, o. c., p. 147.

[169] Antropología trascendental I, o. c., p. 144.

[170] Antropología trascendental I, o. c., p. 31.

[171] Presente y futuro del hombre, o. c., p. 147.

[172] Presente y futuro del hombre, o. c., p. 148.

[173] Antropología trascendental I, o. c., p. 29.

[174] Antropología trascendental I, o. c., p. 226 nota 40.